Existen ciertas ocasiones en los que un producto televisivo es un quiero y no puedo constante. Una eterna promesa de buenas intenciones que nunca termina de cumplir con lo que desea. The Man in The High Castle de Amazon Prime Video es un buen ejemplo de ello. Una serie con una interesantísima premisa, basada además en ese buen clásico que escribió el gran Philip K. Dick. Una serie que quiere jugar en las ligas mayores pero que no pasa de ser un producto resultón, entretenidillo, lastrado por unos defectos que se mantienen constantes desde su inicio.

El lanzamiento de la serie, allá por enero de 2015, fue un acontecimiento para muchos. El libro es una delicia y lo que propone aún más. Hablamos de ver en pantalla una realidad paralela en la que el fascismo ganó la Segunda Guerra Mundial, y el mundo se ha divido en tres partes en función de quién la dirige: la Alemania Nazi, el Imperio Japonés y una zona neutral donde podemos decir que todo vale. Y mientras muchos pelean por sobrevivir, o enfrascados en una lucha a modo de resistencia, aparecen unos films en los que se aprecia que hay una realidad alternativa en la que los aliados vencieron a las potencias del Eje en 1945.

Las primeras imágenes de Nueva York con la iconografía nazi impresionan. Lo harán durante toda la serie. Aunque en pleno siglo XXI bien podríamos decir que tenemos los ojos hechos para todo, ver la cruz gamada en edificios de la Gran Manzana choca. No genera rechazo, no nos causa desazón, no nos molesta. Choca. Impresiona. Sensación que se mantendrá durante las cuatro temporadas con las que cuenta la serie. Claro que de esto uno no puede vivir eternamente.

¿Conseguirán los protagonistas, buenos y malos, entender que significan esos films y como pueden ayudarles en su futuro? Esta pregunta es la que mueve la serie. Es fácil entender cuáles son los bandos, pero por momentos uno puede caer del lado del Reich o del Imperio Japonés. No, no me he vuelto loco. El motivo no es otro más que el flojo desarrollo de los personajes, así como sus trazos iniciales. Demasiados tumbos, idas y venidas, en un mundo no tan cambiante que permita entender o aceptar estos cambios con facilidad.

El error en la protagonista de The Man In The High Castle

The Man In The High Castle

En un universo tan potente en lo visual y emocional, unos personajes fuertes, potentes, bien construidos y con un mensaje claro se antoja necesario. Al menos en este caso. Pues bien, nada de eso tenemos. Se supone que debemos unirnos a unos viajes personales que aunque por momentos lógicos, en otros nos preguntamos qué está sucediendo a nuestro alrededor. Tenemos que intentar comprender porqué un personaje realiza algo. Y cuesta, en ocasiones cuesta. Esto es un mal síntoma.

La principal protagonista, Julianna Crain, ni siquiera tiene carisma. No se lo da su actriz, Alexa Davalos. No nos unimos a su trama en ningún momento. A veces hasta sobra. Solo en algunos momentos de la segunda temporada nos resulta interesante. Y al final, ser el personaje que mueve todo hace que nos sirva de guía, pero nada más. Frank Frink, su pareja al inicio de la serie, tiene un dibujo peculiar. Lo vemos de aquí para allá, especialmente a partir de una segunda temporada en la que parecen querer darle una marcha más a la serie. Joe, a secas, va mustio por la vida, traumatizado, y cuando parecemos conocer sus traumas, no nos los creemos. El principal villano, el oficial nazi John Smith, es el personaje que más interés nos genera. Sus crecientes dudas y su evolución son creíbles y están construidas con sensatez. El buen trabajo del actor, Rufus Sewell, ayuda.

¿Y la historia? Más de lo mismo. Acelerones inesperados, giros que intentan sorprendernos pero nos producen bostezo. Alguna subtrama que no va a ningún lado. ¿Porqué seguimos con ella? Buena pregunta. El caso es que, rascando, hay algo que llama la atención. Seguramente sea el hecho de ver triunfar a la Alemania Nazi, así como estar más cerca de sus políticas raciales y cómo estas hubieran podido afectar en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Ver a Hitler, Himmler o Mengele en la pantalla es interesante y peculiar. Ni siquiera su final nos resulta lo emocionante que esperábamos. Tanto camino recorrido para quedarnos al final con una serie entretenida y ya.

The Man in the High Castle debía ser el primer buque insignia de Amazon Prime Video. Vista la serie, no hay miedo alguno a señalar que no ha alcanzado dicho estatus. No era difícil. Era, además, una gran apuesta de la entonces nueva plataforma de streaming. La realidad, como serie y de cara a los espectadores, apenas le otorga una relevancia menor. Sinceramente, ese es su nivel, por esas carencias y defectos que penalizan a las virtudes. Que las tiene, aunque en esta crítica pueda parecer que no es así. Es entretenida, y hay nazis. Una pena que The Man in the High Castle, con tan interesante premisa, se haya quedado en esto.