Terminó Dark con su tercera temporada y una de las mejores señales que nos pudo dejar es la de no sentir que necesitamos más. Un aspecto que en una serie compleja y por momentos tan densa como esta es sin duda una buena noticia. Los seriéfilos vivimos con la eterna dicotomía de querer que las series que nos gustan terminen bien y a su vez no lo hagan nunca, pero en el proceso de madurez como espectadores está el de aceptar los finales. Especialmente cuando son consecuentes y correctos con el camino construido anteriormente. Algo que sucede con Dark sin ningún género de dudas.

Puede gustar más o menos, pero resulta casi innegable que la serie y sus creadores han sido fieles a si mismos. La sensación que nos queda tras ver la tercera temporada de Dark y sentarnos a reflexionar sobre todo lo visto y vivido es la de ser plenamente conscientes de que todo estaba pensado así. Todo debía ocurrir así y, digo más, todo iba a ocurrir así. No hay azar y todo lo que hemos disfrutado durante este muy buen viaje que es Dark formaba parte del plan maestro de Baran bo Odar y Jantje Friese, sus creadores. No ha habido bandazos ni cambios de dirección que enturbiasen el resultado final.

La tercera temporada de Dark es la última vuelta de tuerca en lo que a su forma de ver los universos paralelos y líneas temporales se refiere. En esta ocasión encontramos dos universos paralelos irremediablemente unidos en guerra: uno desea destruir dicha unión mientras que el otro desea mantenerla. El resto de protagonistas son solo peones de una historia que va mucho más allá de ellos mismos. Esa pelea moverá los últimos ocho episodios y Dark consigue así engancharnos de cabo a rabo. Por última vez.

Veremos versiones paralelas de los personajes, hasta ahora desconocidas -o casi-, lanzándonos a la última y definitiva locura al tener a los protagonistas moviéndose no solo por el tiempo sino por los mencionados universos paralelos. Si bien una de las señas de identidad de la serie durante sus tres temporadas ha sido perdernos en sus idas y venidas en el tiempo, ahora quizá nos encontramos más cómodos que nunca. Aunque todo debe resolverse y eso sí puede resultar algo lioso, estamos familiarizados con la estructura de Dark y su forma de contarnos y narrarnos su historia, así que logramos no sentirnos perdidos.

No te pierdas lo que te contábamos sobre la segunda temporada de Dark.

El inicio de la tercera temporada de Dark nos devuelve precisamente a su primera, cuando los dramas personales parecían vencer en la narrativa sobre cualquier otro aspecto. Por si fuera poco dichas cuestiones son casi idénticas a las de los primeros episodios de la serie. Varían detalles que nos recuerdan que estamos en otro lugar, en otro universo. Quien es infiel vuelve a serlo, por ejemplo, pero varía la persona con la que es infiel. La frase con la que titulábamos la crítica de la primera temporada parecía casi premonitoria: “El qué, el cuándo y el por qué”. En esas líneas se ha movido Dark desde su día uno y no se ha salido del discurso, por muchas vueltas que hayamos dado por el camino.

Además en esta temporada final Dark comienza con calma, casi queriendo alejarse del ritmo acelerado del tramo final de la segunda temporada. Marca una división, intentando asentar la narrativa y el ritmo para así situarnos con tranquilidad en el nuevo paradigma. Según avance la temporada y se acerque el series finale el ritmo volverá a desbocarse. No podía ser de otra manera. Quedarán cuestiones sin resolver y nos da igual, porque esto es Dark y no esperamos respuestas de todo. Quizá eso haga que te guste menos su final, o puede ser por otros motivos, pero el caso es que como decía han logrado ser consecuentes con la serie. En lo personal me han convencido y dejado satisfecho. No pasará a la historia, pero lo importante era el viaje.

Después de numerosas vueltas sobre el tiempo y la posibilidad de cambiarlo, así como nuestro destino, la serie debía intentar darnos una respuesta. Se han atrevido, si bien no podemos negar que no lo hubieran dejado caer previamente. Dark nos deja una constante reflexión en su tercera temporada: pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, el tiempo es circular y el destino inevitable. ¿Podremos vencerle alguna vez? Ese es uno de los grandes dilemas de la última temporada de Dark, como la eterna dualidad que nosotros apreciamos en las cosas. El bien y el mal. La moral. El libre albedrío. Hay más. Nos dice, también, que la victoria final necesita de enormes sacrificios que se deben comprender y estar dispuestos a asumir. Esta serie sin duda alguna ha sido una gran victoria para Netflix y para lo espectadores.

Dark y su primera temporada: así comenzó todo.