Fue una de las estrellas del Hollywood de finales de los ochenta y los noventa. Quizá no a nivel de taquilla, pero sí como reina de los incomprendidos, cuando eso significaba algo y no teníamos redes sociales para poder encontrar un igual. Su enigmática mirada, su carácter en apariencia rebelde, y ese sempiterno gesto de inocencia enamoraron a una Generación X de la que se convirtió en una especie de musa. Y modelo. Winona Ryder tenía su lugar en el cine, era admirada y entonces todo se vino abajo como un castillo de naipes. ‘Aquello’ ocurrió. Y aquello fue el maldito y ya mítico robo en una tienda en Beverly Hills.

Winoa Ryder

El imparable ascenso de Winona Ryder en los noventa

Apenas era una adolescente cuando apareció en su primera película, Lucas (1986). Su actuación cautivo a Tim Burton y este no dudó en contactar con ella para darle uno de los papeles principales de Beetlejuice. Una gran película, un gran éxito y con eso la carrera de Winona Ryder estaba lanzada. La crítica y el público estaban de su lado. Algo había ya en ese personaje que nos mostraba a una actriz diferente. Su siguiente paso fue meterse en una producción indie: Heathers, hoy film de culto. La crítica volvió a ponerse de su lado. La opinión parecía unánime: Winona Ryder era una actriz interesante. Una carrera a seguir.

El fracaso de Great Balls of Fire apenas le tocó. Volvió a acertar con su siguiente película. Otro pelotazo, otro gran éxito. Eduardo Manostijeras, nada más y nada menos. Winona parecía haber nacido para dar forma a los personajes que salían de la mente de Tim Burton. Apenas 4 años de carrera habían bastado para dar forma a una de las actrices que parecía iban a marcar los noventa. Y así fue, en parte. Además, en Eduardo Manostijeras nació la relación entre Winona Ryder y Johnny Depp. Dos aparentes almas diferentes, perdidas en el turbio, superficial y vanidoso mundo de Hollywood. La pareja perfecta.

Hizo Mermaids el mismo año que Eduardo Manostijeras. Trabajó con Martin Scorsese en La Edad de la Inocencia, había grabado con Francis Ford Coppola Drácula, de Bram Stoker. Qué decir de su trabajo en Mujercitas. Si por su carácter y esa imagen modesta y diferente se había ganado a la Generación X, hizo una película para ellos, Reality Bites. Un fracaso. Pero su final de década de los noventa demostró que no iba a dejar que eso le afectase. Dos películas, primero Alien: Resurrection, e Inocencia Interrumpida después.

Se acercaba el cambió de década y Winona Ryder a los 30. Todo parecía en su sitio. Había sido nominada dos veces a los Oscars, por Mujercitas y La Edad de la Inocencia. Había trabajado con algunos de los grandes -Coppola, Scorsese, Burton, Daniel Day-Lewis, Anthony Hopkins, Meryl Streep, Susan Sarandon…-. Había sido protagonista de una de las grandes relaciones de la década, fue protagonista del tatuaje de la década (Winona Forever). Y sin embargo, llegó aquel maldito día.

Winona Ryder

El robo que todo cambió

Diciembre de 2001. Winona Ryder es sorprendida robando ropa en una tienda de Beverly Hills. Necesidad ninguna, pero la actriz no pasaba su mejor momento, en pleno proceso de superar algunos problemas personales y sumida en una especie de crisis de los treinta. Aquello cambió parte de la imagen que se tenía de la actriz, con esa pinta de bonachona en los noventa. Y Hollywood es impacable. Siguió contando con una importante legión de fans, pero el gran publicó amenazaba con darle la espalda. Al menos en Estados Unidos, que ya sabemos cómo es.

Encontrada culpable -las cámaras no engañaban-, pagó una multa e hizo 480 horas de servicio comunitario. Entonces decidió dar varios pasos atrás y esperar a que la tormenta parase. Se fue a su San Francisco natal, a su casa, cerca de sus padres. Y dejó pasar y pasar el tiempo. El público y los medios se acordaban de ella, sí, pero solo de vez en cuando. Cuatro años sin salir en una película. Desde 2006 fue reencontrándose con el mundo del cine. Con papeles pequeños, con films menores, pero volviendo a sentirse actriz.

En 2010 llegó Cisne Negro. Y de repente nos dimos cuenta de todo lo que la habíamos echado de menos. Nosotros y el cine. Seguía manteniendo esa mirada entre dulce y enigmática, pero ahora contaba con una rabia interior que poco a poco a ido desatando en pantalla. Sigue pensándose muy bien los papeles que da vida. Y con eso en mente no dudó en aceptar el trabajo que le ofrecían en Stranger Things.

La serie perfecta para que Winona Ryder vuelva a ser la musa que una vez fue. Una serie nostálgica, ochentera, llena de terror. Un lugar donde ella ha demostrado que sigue habiendo una actriz con ganas de trabajar y demostrar que, sí, sigue a buen nivel. La chica rara, la chica alternativa, está de vuelta. Ahora es una mujer madura, pero sigue cautivándonos como lo hacía 30 años atrás.