Netflix sigue apostando fuerte por el mundo de los largometrajes, y en ese sentido una de sus últimas apuestas de alto presupuesto ha sido Triple Frontera, con un reparto de altos vuelos encabezado por Ben Affleck y Oscar Isaac, este último repetidor con la productora. Un thriller sobre ex militares, narcotráfico y dinero, mucho dinero.

La propuesta nos encandila con un arranque muy esperanzador siguiendo los cánones de este tipo de producciones. Un líder intentando reunir a la pandilla de nuevo para un último arreón económico. Como es lógico no todo será coser y cantar y ahí radica el argumento de una película que no apuesta por algo novedoso.

Lo único destacable de la propuesta que se distinga de otras de su especie es el partir en dos la película, con una parte centrada en la operación y una segunda parte que nos lance a la supervivencia, algo raro en el género y que encuentra similitudes -por aquello de la jungla- con ‘Objetivo: Birmania’, el clásico bélico de Raoul Walsh estrenado durante la II Guerra Mundial.

Igual que en aquella operación liderada por Errol Flynn, la operación en sí no es más que un ejercicio sencillo para un grupo perfectamente preparado. Es después donde tenemos la auténtica trama de la película y donde la psicología de los personajes se nos muestra, si bien con trazos bien gruesos y no excesivamente trabajados en todos ellos.

A diferencia de la película que he puesto en comparativa, ese clásico en el cuál la tensión y el interés iban in crescendo a medida que se adentraban en la jungla, en Triple Frontera casi todo acaba convirtiéndose previsible y JC Chandor -su director- actúa con cierta torpeza en los momentos clave, dejando un sabor agridulce de todo su conjunto.

Porque como thriller de atracos Triple Frontera muestra los dientes y sale bien parada con una operación bien ligada y con un montaje vertiginoso. Toda esa labor, sin embargo, acaba quedando olvidada cuando la lucha por la supervivencia nos deja más un drama al estilo ‘Viven’ que llega a aburrir por momentos, por no entrar en detalle de alguna secuencia de acción en su tramo final que queda lejos de la vibrante operación perpetada por nuestros cinco mosqueteros.

Sigue quedando pendiente, pues, que Netflix atine definitivamente en sus producciones cinematográficas. No lo hacen mal, pero quizá el hecho de preparar las producciones con cierta velocidad provoca que se tengan en cuenta pocos detalles para acabar asaltando al público como éste pide. Queda un entretenimiento sencillo en las formas y que a más de uno puede gustar, pero que como gran parte del catálogo de Netflix se queda en coitus interruptus.