Han pasado 24 años desde que Pixar reinventara el cine de animación. Más de dos décadas de aquellos juguetes parlanchines. Y tocaba, porque de tanto en cuanto toca, volver a revivir las aventuras de Woody, Buzz y toda la cuadrilla. ¿Era necesaria Toy Story 4? Repasemos la historia brevemente.

En 1995 nace con una propuesta innovadora y una película sobre amistad y compañerismo que llega a pequeños y adultos. En 1999, apenas cuatro años después, llega la esperada secuela, lo justo para volver a crear un film de este estilo, que lleva más o menos cuatro años. Es decir, una secuela poco trabajada para sacar dinero. Menor en calidad, pero que entretenía bastante y mejoraba a otras propuestas de animación de la época. En 2010 llegaría la tercera parte, la que cerraba una trilogía, con estilo.

Esa tercera parte es, en boca de muchos -entre los que me incluyo- el summum en la historia de estos juguetitos, su obra más redonda y que aunaba todas las virtudes de la saga con un desenlace que dejaba ese sabor a buen cine… y a despedida, a fin de ciclo. Por eso, uno no entendía por qué Disney hacía frotar la lámpara de nuevo, y hacía salir del baúl de los juguetes olvidados a estos tiranosaurios del entretenimiento.

Pero bendito sea Pixar y Disney por resucitarlos. Porque ante la falta alarmante de nuevas ideas, salvada por pequeñas historias que sí llegan al corazón del público (Up, Del Revés, Coco) es de agradecer que estos personajes tengan el suficiente nivel para que película a película cumplan con creces y no nos hagan sentir estafados. Toy Story 4 no es una película cualquiera de dibujos. Y no lo es, porque miman los pequeños detalles.

Toy Story 4

Podemos dudar de si el mensaje será entendido por los más pequeños. Pero de lo que no cabe la menor duda es de que los adultos deben captar a la perfección lo que propone este retorno, una historia modernizada, llevada a los nuevos tiempos, y donde los juguetes siguen vivos. Pero, sobretodo, una película dedicada al entendimiento entre las personas, contra el Bullying y otras lacras de este mundo.

Esa perfección que busca esa muñeca que únicamente quiere ser querida, o ese tenedor-juguete que quiere acabar con su vida por ser diferente, pero al que Woody y los suyos no dudarán en ayudar porque, por encima de todo, es importante en la vida de la pequeña de la casa. Dos de los claros ejemplos de una obra que se nos pasa volando en ese parque de atracciones y que esconde no pocas sorpresas.

Y, nuevamente, Toy Story 4 tiene un final bastante a la altura para dejar claro que esta saga puede parar en cualquier estación o continuar con su eterno viaje mientras haya niños dispuestos a jugar con el señor patata, el dinosaurio de turno o a indios y vaqueros. El lema, casi un cuarto de siglo después, sigue siendo el mismo: hay un amigo en mí. Y, sorprendentemente sigue teniendo vigencia porque quienes hemos disfrutado en diferentes edades con estos pequeños seres ¿inanimados? Y quienes se han ido sumando a la crew con el paso de los años, seguimos creyendo y confiando ciegamente en su palabra. ¡Larga vida a los juguetes!