The Martian vuelve a sacar lo mejor de Ridley Scott. Un director un tanto irregular, pero que cuando da con la tecla nos ofrece joyas como esta película protagonizada por Matt Damon. Ridley Scott conoce bien el cine de supervivencia, qué decir de su manejo en la ciencia ficción donde es un tótem. En el film que nos ocupa vuelve a coronarse y a demostrar por qué es uno de los grandes. Su espectacularidad visual y una historia que nos atrapa en el asiento son sus mejores bazas.

Esa capacidad de mantenerte en alerta es quizá una de sus mejores características. Desde el minuto uno no levantas vista de la pantalla, queriendo absorber todo en cuanto a actuaciones, trama y, sí, el Marte que nos plantea el legendario director estadounidense. The Martian conjuga la tensión de ver a Matt Damon sobrevivir en su día a día con la espera y la tensión de ver qué calamidad le sucede a continuación. Tan sencillo como eso, pero Ridley Scott consigue que su Marte y su The Martian funcionen como un reloj suizo gracias a un suspense genialmente trabajado.

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Visualmente The Martian es un diez absoluto, pueden no gustarte otros aspectos de la película, sin embargo visualmente resulta espectacular. Querrás viajar a ese Marte que nos ofrecen The Martian y Ridley Scott, sin escafandra ni nada. Ridley Scott muestra como ya hizo en Alien o Blade Runner que nadie como él para construir un lejano universo y bello en una sola película. Mantiene intacta su buena mano para llevarnos de viaje espacial y presentarnos un nuevo planeta, un nuevo universo.

Cierto es que científicamente podrá tener numerosas lagunas. Es un campo en el que no soy ducho y por tanto no quiero meterme en un fango que no debo. Sin embargo a nosotros todo lo que sucede en pantalla nos funciona, porque estamos atados no tanto al aspecto espacial o explorador, sino a la supervivencia del personaje de Matt Damon. The Martian no va de que Damon vuelva a casa, sino de que sobreviva hasta que puedan –o no- llevarle de vuelta a Estados Unidos. La tensión de saber si lo logrará o no es lo que Scott maneja magníficamente.

Además The Martian y Ridley Scott no buscan caer en el sentimentalismo facilón como quizá podría haber caído, buscando la simpatía general. Apenas sabemos cosas de ese superviviente extraviado en Marte, y en lo único que pensamos es en su lucha contra los infortunios que el planeta rojo le pone delante. The Martian es una película sobre la esperanza y la lucha, sobre no cesar en el empeño, sobre insistir, sobre creer. Nos lo muestra sin grandilocuencia en su mensaje, sin emplear grandes cuestiones filosóficas. Va a lo sencillo y gana.

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Cuenta con un Matt Damon en estado de gracia. Un actor como la copa de un pino que, como os decíamos aquí, parece estar infravalorado por la industria y el público. El caso es que siempre rinde pero aquí, en The Martian, Matt Damon bien hubiera merecido el Oscar. De este barco no me bajaré jamás aún a pesar de saber que esto solo en él. Una de las grandes virtudes de la película es la actuación de su protagonista. En comparación hasta una siempre acertada Jessica Chastain pasa desapercibida en la que era su segunda película espacial en poco tiempo tras Interstellar.

The Martian nos ofrece además un poco de acción y aventura, amén de comedia en su justa medida para ayudar a crecer a la película. En The Martian, además, ves Marte. Te sientes ahí, presente, crees en ese planeta rojo que vemos en pantalla. Agobiante por momento, esperanzador en otros. Y sin darte cuenta suena la bocina de final de película y te preguntas porqué Ridley Scott no hace más joyas como The Martian. Todos seríamos muy felices.