¿Cómo hacer una buena película partiendo de una mala? Preguntadle a James Franco. El actor y director se metió en la farragosa faena de hacer The Disaster Artist, un film que parte de aquel producto inclasificable que fue, es, The Room, para además profundizar en la figura de su director, creador y protagonista: Tommy Wiseau. “Un biopic, ya, ¿y qué?”, dirá más de uno. Esto no es un biopic al uso. Esto alcanza el nivel de análisis de uno de los hechos más extraños de la industria del cine, como fue aquella The Room, hoy convertida en film de culto por lo mala y absurda que es. Y lo mismo en el caso del enigmático Wiseau del que solo sabemos que su talento para dirigir, producir o actuar es inexistente. ¿Lo sorprendente? James Franco sale bastante bien parado del asunto.

No porque Franco no sea capaz de hacer un buen producto, sino porque el contenido, a priori y como decimos, no parece sencillo. The Disaster Artist es un film entretenido, que mete al espectador pronto en el loco viaje que Franco y su séquito -no fallan sus habituales- nos invitan a emprender. Pero es algo más que un simple entretenimiento. Añadiremos que es un producto con un buen acabado, bien dirigida, y que consigue hacernos reír de manera constante. Una buena película en definitiva.

The Disaster Artist se divide en dos partes. Primero Franco nos presenta tanto a Wiseau como a Greg Sestero, el otro protagonista de esta loca historia. Y de hecho vamos conociendo a Wiseau tanto por lo que nos enseña la película, como por las reacciones del personaje de Sestero y secundarios. Algo completamente necesario cuando hablamos de alguien así. Extraño. El problema es que esta parte inicial termina por alargarse más de lo que deseamos y de lo que realmente sería necesario. Además, nosotros hemos ido al cine a ver e intentar entender todo el proceso de producción y rodaje de The Room.

Crítica The Disaster Artist

Y es en esa segunda parte donde The Disaster Artist crece. Crece en humor, y crece también el personaje de Wiseau y por tanto la actuación de James Franco. El surrealismo que veíamos en The Room lo vemos frame a frame, escena a escena, se repite en The Disaster Artist. A pesar de que por una simple cuestión de metraje solo veamos una parte de lo que allí ocurrió, nos sentimos dentro, devorados en esa vorágine de ignorancia, bendita y feliz ignorancia, que rodeó a la opera prima de Tommy Wiseau. Mientras las escenas siguen sucediéndose ante nuestros atónitos ojos, nosotros no dejamos de preguntarnos: ¿cómo? ¿Por qué?

Si algo destaca sobremanera en este film es el trabajo de James Franco. Fuera de las cámaras sabiendo llevar a buen puerto una obra que no debe ser sencilla, poniendo sensatez a ese mundo de locura. Tiene errores, como dar un aire demasiado hollywodiense al producto, especialmente en el arranque, que afea el resultado final. Donde más destaca es convirtiéndose en Tommy Wiseau. Espectacular. Merecido Globo de Oro. Que alguien busque las diferencias que yo no las veo. Gestos, caracterización, posturas, clava al personaje. En estado de gracia tras lo que le vimos hacer en The Deuce. Las acusaciones de abusos sexuales realizadas por varias mujeres le han alejado de estar nominado al Oscar.

El resto del equipo cumple, sin brillar. Dave Franco demuestra que no está para las ligas mayores, pero no desagrada en su actuación. Seth Rogen nos saca varias carcajadas con facilidad. Y qué decir de los cameos: Sharon Stone, Zac Efron, Bryan Cranston, Megan Mullally, Bob Odenkirk, Melanie Griffith… Geniales todos ellos.

The Disaster Artist da al espectador precisamente lo que este espera: un rato agradable, divertido, risas, e intentar comprender qué había detrás de Tommy Wiseau y The Room. No nos aclara demasiado, pero entrevemos que ni fue un rodaje fácil, ni debe ser sencillo ser Wiseau. Y así, tras 105 minutos de película, uno se da cuenta de que James Franco acertó llevando a cabo un proyecto como este.