Vivimos tiempos extraños. Polarizados hasta el extremo en cualquier ámbito de la vida pública, política y social. Quizá por esto mismo tenía muchas ganas de hincar el diente a Roman J. Israel, Esq., película dirigida por Dan Gilroy (‘Nightcrawler‘) y protagonizada por el siempre excelente Denzel Washington. Un drama político y jurídico en el que se nos presenta a un idealista extremo con un desapego enorme con la sociedad en la que vive, una a la que siente tan extraña que ya ni siquiera encaja con el día a día de lo que le rodea.

Quizá porque ha vivido separado y alejado de toda normalidad, metido en su mundo, este Roman J. Israel, Esq. -título no oficial de respeto, algo así como escudero, caballero, una simple denotación de cierto estatus social autonominado- se nos antoja un personaje interesante de salida. Uno que recibe un golpe personal y laboral muy pronto y que veremos como se pierde por el camino en el que nos quiere llevar Dan Gilroy. Y si el personaje nos resulta interesante y nos anima a buscarle aristas y unirnos a él en su viaje, son precisamente sus repentinos vaivenes los que nos cuesta seguir y, en cierto modo, nos alejan de ese hombre que tan bien protagoniza Denzel Washington.

Puede que la palabra correcta no sea seguir sino creer. Es tan repentino y tan chocante lo que este hombre puede llegar a cambiar en un momento que nos separa de él mismo. Así como, al final, entendiendo y queriendo su redención, cueste asimismo creerla al cien por cien. Hay algo que no nos va cuadrando según va pasando el metraje de esta interesante pero algo blanca y floja Roman J. Israel, Esq.

Aún así no podemos ignorar las buenas virtudes – que no son pocas- de esta segunda película de Dan Gilroy. Especialmente determinados momentos en los que encontramos conversaciones, enfrentamientos diálecticos y morales que elevan el tono del film. Especialmente interesante uno en el que se nos muestra a Roman J. Israel, Esq. en una asociación que lucha por la mejora de los derechos civiles y en la que vemos enfrentados las diferentes peleas internas, así como el enfrentamiento entre pasado y futuro. Es precisamente digno de mencionar cómo Dan Gilroy nos enseña lo fuera de su tiempo que está su protagonista. Por momentos parece que vemos dos películas diferentes, una situada en 2017, otra en 1971. Precioso en lo audiovisual.

De apostar más decididamente por mostrarnos en pantalla esa lucha por los derechos civiles quizá la película habría ganado otro poso. Pero no se llama Roman J. Israel, Esq. en vano. Si bien dichos derechos civiles están presentes a lo largo y ancho del film, juegan un papel secundario en una historia donde lo que más nos debe importar es el viaje de su protagonista. Claro que aquí, como decía, es donde se le notan más las costuras a la película.

Con un reparto interesante, complementado por dos buenos y solventes actores como Carmen Ejogo y Colin Farrell, Dan Gilroy termina por ofrecernos una película entretenida, sin unas virtudes o defectos que le permitan salir de la irrelevancia. Claro que sí nos deja disfrutar una vez más del bueno de Denzel Washington, buena es Roman J. Israel, Esq. Y oye, no voy a negar que uno le coge cariño a ese protagonista fuera de su tiempo, casi anacrónico.