En el espacio nadie podrá oír tus gritos. Esa afirmación, que suena a ciencia pura y dura y que, dicho sea de paso, debería conocerla todo el mundo, me recuerda al eslogan de cierta película de terror y sci-fi de finales de los 70. Cuando Star Wars nos había enseñado luces láser de colores y sonido por todo lado -sí, y explosiones-, tiempo después de que el espacio comenzara a dar grandes resultados y no solo Serie B, gracias al maestro Stanley Kubrick, irrumpió en el mundo del cine un  director con ganas de comerse el mundo: Ridley Scott

A sus 40 años -nació en 1937- vio estrenado Los Duelistas, su primer largometraje, un proyecto quizá poco conocido para el gran público, un drama de época sobre las guerras napoleónicas que sería el que le pondría en el mapa. Sin embargo fueron los dos siguientes films los que le catapultarían al estrellato. Primero llegó el turno de Alien, esa película capaz de mezclar la ciencia ficción con el suspense y el terror y que a la postre ha dejado otros proyectos similares como The Thing o Depredador.

Ese bichejo que ya ha tenido su saga de cuatro films + dos abordos junto a Depredador + sus dos precuelas -ocho veces, me sale, en la gran pantalla- vio la luz de la mano de Ridley Scott, que contó con apenas siete actores en una nave que nos alejaba del glamour de los viajes espaciales. En un futuro donde viajar por el espacio para esa gente es como ir con el camión de Madrid a Alemania y volver. Y ahí, en esa operación, un bicho que al principio desconocemos su existencia. Después estalla todas las tripas de uno de la tripulación por los aires y vemos salir un bichejo pequeñito. Ese bichejo no lo volveremos a ver en mucho rato pero sí a la tripulación palmando de uno en uno y viendo partes como la cola del bicho para hacernos una idea de que ha crecido bastante.

Pelicula Blade Runner

Ese Alien, ese octavo pasajero que tanto miedo nos dio, fue su auténtica carta de presentación y amor al cine, pura obra de culto como lo sería Blade Runner –ahora ya con secuela-, su siguiente proyecto con Harrison Ford dando vueltas por el futuro en busca de los ahora famosos replicantes. Una obra que ha tenido mil versiones y montajes, en una de esas cosas que le pasan hasta a los mejores directores, que no es otra que ver cortada -o mutilada- su gran obra, provocando que quienes vean una versión o vean otra pueden salir con una sensación bien distinta de la sala.

Sería mentir decir que la carrera de Ridley Scott se quedó en aquellas dos grandes obras de culto de la Ciencia Ficción. Porque posteriormente lograría hasta tres nominaciones a los Oscars, así como conseguir que una de ellas se alzase con el Oscar a la Mejor Película del Año. Y todo ello por proyectos bien distintos: desde una aventura de dos amigas por el Oeste americano (Thema y Louise), resucitar el Péplum para la grandeza de todo el mundo (la oscarizada Gladiator) y dirigir con brío un proyecto bélico como era Black Hawk Derribado, si bien las malas -o buenas- lenguas dicen que el británico no se encargó al 100% de la obra y fue el productor Jerry Bruckheimer quien puso mucho de su parte. Curioso que todo aquel embolado acabara con nominación de Scott a los Oscars.

Ridley Scott

La década prodigiosa

El problema es que en esa década prodigiosa que va de 1991 a 2001 donde consigue el británico sus tres nominaciones, y su enfado con la Academia por NO ganar el Oscar de Mejor Director pero sí el de Mejor Película por Gladiator, hizo sus pequeños o no tan pequeños patinazos. Desde poner a Gerard Depardieu haciendo de Cristobal colón en 1492: La Conquista del Paraíso, a coger a la ya por entonces casi stripper Demi Moore como la Teniente O’Neill, probablemente la película más pobre de cuantas haya hecho.

Y esa ha sido la constante de Ridley Scott, un director capaz de parir grandes obras de la ciencia ficción y patinar ipso facto. Como cuando en plena cumbre optó por tunear y maquillar a Tom Cruise para esa fallida obra titulada Legend, cuyo título no hace justicia al pobre proyecto. Scott deambularía por los ochenta antes de su década prodigiosa llena de altibajos. Pero sus proyectos han seguido la misma o peor suerte.

Desde 2001 que no recibe mención alguna como Director en los Oscars y, mirando detenidamente su Cv desde entonces, solo dos películas logran el honor de poder ser consideradas por el gran público como notables. Por un lado esa gran película de mafiosos que fue American Gangsters, con dos sensacionales Denzel Washington y Russel Crowe a la que, vaya usted a saber porqué, la crítica y la Academia daría bastante la espalda, y más recientemente Marte.

The Martian

Sí, han leído bien, y no parece casual que su retorno a la ciencia ficción que tanta gloria le diera antaño sirviera para resucitarlo. Nominación a Mejor Film, y a las puertas de la mención como director a pesar de que pocos días antes de las nominaciones lideraba la lista de favoritos al premio gordo. Cuestión de justicia, se decía, que no ha llegado y parece ser que no llegará. Porque a sus ochenta y un años, Ridley Scott sigue siendo un artesano y un amante del séptimo arte, pero no ha conseguido nunca una regularidad que le coloque en la cresta de la ola, más bien como un directo de gran prestigio pero en segunda línea.

Porque esa Ciencia Ficción que tanta gloria le dio parece destinado a extraer todo el jugo con Prometheus y Alien: Covenant, dos proyectos cada cual algo más flojo que no son malos pero distan mucho del nivel que un saga como Alien debiera tener. Pero no es solo eso, Ridley Scott ha vuelto a picotear el cine épico que tanta gloria le diera. ¿Por qué no probar con ese género que nos trajo Gladiator? El resultado: El Reino de los Cielos, una película acribillada en su montaje y repleta de desconexiones que nuevamente nos obliga a ver la -algo mejor- versión del director. Robin Hood y Exodus son otros fallidos intentos de lograr la gloria con la epicidad.

Y en esas anda Ridley Scott, un artesano, repito, del cine, un director que el día de mañana muchos recordarán porque reinventó el cine de ciencia ficción y de paso el de terror con dos obras sensacionales en sus inicios de carrera. Capaz de picotear todo tipo de género y en casi todos tener alguna obra digna de mención. Pero al mismo tiempo ese mismo director que nos trajo Legend, Tormenta Blanca, La Teniente O’Neill o Un Buen año. Y todo eso, liderando un cartel de cualquier película, no deja de ser una losa. Aún así, larga vida a Sir Ridley Scott. Porque sí, en 2003 la Reina Isabel II le nombró caballero. Algo debe tener su carrera para lograr tal distinción.