Perfectos Desconocidos nos deja varias sensaciones. Como la de estar viendo quizá la obra menos personal de su director, al tratarse de un remake. Quizás sea esa sensación de coitus interruptus con el final. Quizás sea el sabor amargo de pensar que lo que se ha visto durante escasa hora y media no nos lleva a ninguna parte más allá que al burdo entretenimiento barato.

Todos esos sentimientos le vienen a uno media hora después de tener la tentación de calificar aún mejor el nuevo invento de Alex de la Iglesia. Pero apenas medio minuto después de acabar el film la sensación es otra, la de haber disfrutado como un enano con una película bien hecha de principio a fin. Un auténtico ejercicio de cine de suspense sin una trama que invitara a ello. Un amago de -por momentos- cine de terror sin nada de terror. Un film claustrofóbico donde los personajes parecen prisioneros, marionetas, dentro de esas cuatro paredes, y donde el espectador espera en varios momentos que a todos se les vaya la cabeza como buena marca de la casa.

Pero De La Iglesia nos ofrece su película menos De La Iglesia. Los personajes siguen siendo unos auténticos  bastardos. No hay sangre ni gamberradas típicas del director pero sí existe ese malrollismo y mala baba firma de autor. A pesar de ello, a pesar de que Perfectos Desconocidos no tiene ni medio sketch que pasará a la historia de las grandes secuencias de su director, es su film más logrado en el apartado argumental, no solo por una regularidad inusual en la filmografía del bilbaíno, sino por llevar la tensión in crescendo a unas cotas altísimas antes de hacerlo saltar todo por los aires -repito, de forma menos gamberra que lo habitual-.

Aupado en una banda sonora un tanto repetitiva, excesivamente marcada, pero que viene como anillo al dedo para generar el toque necesario de tensión y mal rollo, el director de La ComunidadBalada Triste de Trompeta o El Día de la Bestia nos ofrece su película con menos balas de fogueo y artificios. No son necesarios, todo se sujeta en un guión muy bien llevado -recordemos, de todos modos, que es un remake- pero, ante todo, la gran mano del De La Iglesia director se hace notar.

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Porque si algo le sobra al vasco es talento tras las cámaras. El mismo talento que le hace falta para hacer guiones un poco más redondos. Y aquí De La Iglesia da en la tecla con un entretenimiento rápido. Un ‘polvete’ antes de navidad de pasar un rato agradable y a otra cosa. Pero una entrada muy bien pagada, que no es poco.

La dirección de actores, perfecta. No es casualidad que, como sucede con el cine de Quentin Tarantino, De La Iglesia sepa sacar los mejores papeles de muchos actores. Lo hizo con Santiago Segura, con Carlos Areces o con Mario Casas; y en Perfectos Desconocidos lo hace con Pepón Nieto, porque nadie está de sobra de los siete magníficos que componen el reparto, acompañados constantemente de unos movimientos sutiles de cámara y unos encuadres dignos del cine de suspense puro y duro.

La sensación de agobio que acaba generando en los personajes a punto de perder los papeles, y las buenas interpretaciones de Eduard Fernández, Ernesto Alterio, pero, sobretodo Pepón Nieto hacen de la película una obra más que notable. La mejor película que el director vizcaíno ha ofrecido desde La Comunidad, y la más regular de todas, lo cual no es poco.

Eso sí, la sensación final, el regusto que queda cuando te pones a recordarla un rato después, es que no deja de ser un banal entretenimiento. Perfectos Desconocidos es un ejercicio que parecía destinado a ser una obra menor -que lo es-, pero que, paradojas de la vida, se convierte en una de las mejores películas de su autor. Y eso, no sé si viene a decir mucho de la carrera de un director del que se podía esperar mucho más.