Hace un lustro el ahora oscarizado Guillermo del Toro realizó el que quizás haya sido su proyecto más llamado a reventar taquillas y a no tener la crítica de su parte de cuantos ha realizado: Pacific Rim. Un homenaje a ese mundo de los monstruos al que ha pertenecido siempre, pero sobretodo homenajea a la cultura japonesa y a los Kaijus.

Porque aunque sobre el papel es una película de robots gigantes, una fantasmada hecha para comer palomitas y pasar el rato, la saga de Pacific Rim tiene a esos monstruos ya legendarios japoneses como protagonistas. Porque no sería de extrañar llegar a ver  al mismísimo Godzilla -el rey de los monstruos Kaiju- en cualquiera de las partes que pudiera tener la saga producida por el mexicano. Porque no nos engañemos, si la gallina pone huevos, las aventuras pueden continuar.

Se ha esperado un tiempo y no está tras las cámaras el director de La Forma del Agua. No importa, la esencia de la película consiste en entretener y las bases están bien cimentadas. Con un par de actores que se dedican a aportar el tono humorístico y con un John Boyega que luce sarcasmo a la par que se mete de lleno en otro de esos papeles -como en Star Wars– hechos para salvar a la humanidad.

Y en medio de toda la ensalada nos topamos con Scott Eastwood que, bueno, pone la cara guapa y el contrapunto al otro héroe. Ya está, en Pacific Rim argumentos los justos, en medio minuto te resumen la primera película y en quince minutos ya sabemos por donde van a ir los tiros. Sin sorpresas, sin sobresaltos… una película de los Power Rangers contra Godzilla, con grandes ciudades como escenario.

De eso se trata, como las películas de Ishiro Honda y el cine japonés de los años 50-60, solo que actualizadas. Ya no hay maquetas, ya no hay hombres dentro de las bestias. La esencia y lo gracioso de aquellas míticas películas se ha esfumado. Gajes de los efectos especiales, cada vez más realistas pero que hacen que todo sea un videojuego.

Porque aquí las escenas importantes son ordenador al 100%, el resto es paja, mero relleno para hacer que las batallas capten la atención y tengan algún sentido. En plena época de las bestias y los hombres malos con superpoderes queriendo mandar la tierra al garete y los superhéroes o robots de turno salvando a la humanidad, Pacific Rim ha aparecido en el momento idóneo para sacar tajada en la taquilla. Y tiene todos esos ingredientes para triunfar.

¿Que no aporta nada nuevo? Lo sabemos, lo sabe cada actor de la película, lo sabe Guillermo Del Toro y lo saben hasta los que hacen los efectos especiales. Pero no pasa nada, no todo en este mundo será ver cine de autor. Pacific Rim 2 es uno de esos placeres que se disfrutan. Se pasa el rato, uno se entretiene… y, por encima de todo, es corta y se pasa rápido. Una ligera dosis de cine de acción y ciencia ficción catastrofista que nos recuerda, en la lejanía, aquel cine de culto que inundó las salas americanas y japonesas en los años 50. Dios bendiga a la Sci-Fi cincuentera y a sus sucesores