Los Oscars que daban Premios a las películas estrenadas en 1968 debían celebrarse el 8 de abril de 1968. Sin embargo no fue así. El asesinato de Martin Luther King cuatro días antes pilló a la Academia con el pie cambiado y, aunque tarde, consiguió estar a la altura de las circunstancias. Un mínimo, al menos, máxime teniendo muy presente que eran los sesenta, Hollywood era una industria conservadora -lo sigue siendo- y aquello era Estados Unidos. Habían matado a un hombre que intentaba hacer del planeta y de su país un lugar más humano y menos malo, sin embargo a la mitad del país no pareció importarle demasiado. Aquella gala de los Oscars estuvo marcada tanto por ese hecho como por ser el punto de partida de lo que después vendría a llamarse el ‘Nuevo Hollywood‘.

Aquellos Oscars y el Presidente de la Academia Gregory Peck bien pueden defenderse señalando que Lyndon B. Johnson, presidente de los Estados Unidos en aquel momento, tardó ¡cinco días! en declarar un día de luto nacional por el asesinato de Martin Luther King. Los premios de la Academia estuvieron más rápidos. Bien es cierto que no fue fruto de una decisión interna, sino de la presión que habían ejercido públicamente cinco protagonistas, cuatro de ellos negros. Sidney Poitier, Sammy Davis Jr., Diahann Carroll, Louis Armstrong y el único blanco de ellos, Rod Steiger, dejaron bien claro y muy rápido que no acudirían al acto. ¿El motivo? El funeral de Martin Luther King debía celebrarse el 9 de abril y acudir a unos premios festivos el día inmediatamente anterior era una falta de respeto.

Sammy Davis Jr. llegó a aparecer en esos días en el Tonight Show señalando que “ciertamente creo que ningún negro debiera acudir. Veo moralmente incongruente cantar ‘Talk to the Animals’ ahí mientras el hombre que podías crear un mundo mejor para mis hijos está muerto“. Claro y contundente. Sí, él además iba a ser uno de los protagonistas de la gala al tener que cantar sobre el escenario una de las canciones nominadas en su categoría correspondiente. Finalmente se postergó dos días la gala de los Premios Oscars de 1968, lo suficiente para aplacar los ánimos de los cinco protestantes. La sensación en todo momento y visto con el paso de los años es de emergencia, de casi obligación ante lo que podía ser visto por parte de la sociedad estadounidense como un movimiento de presión.

Martin Luther King, Bob Hope y los Oscars de 1968

Sidney Poitier

Bob Hope presentó aquella gala de los Oscars y tuvo el detalle de recordar la ocasión en la que se encontró con Martin Luther King en un vuelo. Según Hope este le dijo que le gustaba su trabajo en los premios y que no se perdía el evento ningún año, sentándose con su familia para verlo. El guion fue cambiado en consonancia, con un equipo de guionistas trabajando a contrarreloj para solventar la papeleta. Además, el Governor’s Ball que se celebra cada año tras los Premios fue cancelado inmediatamente.

Se da la casualidad de que Sidney Poitier no estaba nominado en ninguna categoría en un año en el que dos de las películas nominadas a Mejor Film tocaban temas raciales y él aparecía en ambas: ‘En el calor de la noche‘, a la postre ganadora del premio; y ‘Adivina Quién Viene Esta Noche‘. De veinte papeles en las cuatro categorías de actores solo una nominación fue a parar a una actriz negra, Beah Richards por ‘Adivina Quien Viene Esta Noche’. Y es que tras Poitier en 1963, el Oscar a Mejor Actor no iría a parar a manos de otro hombre de raza negra hasta 2001, cuando lo conseguiría Denzel Washington por ‘Training Day’. Esta presente década los Oscars han vuelto a un sospechoso color blanco, lo cual puede no estar mal en sus ganadores pero que quizá parte de esa sospecha tenga su fundamento en cuanto a nominados. De ahí el Oscars So White que vivimos hace apenas unos años.

Volviendo a esos Oscars de 1968, Gregory Peck y la Academia que da los Premios Oscars parecían más preocupados en mantener el decoro de la gala que en cuestiones raciales. Quisieron prevenir una moda hippie y sacaron su lado más conservador al pedir a los presentes que acudieran con cierto decoro a la hora de vestir. En 1966 Julie Christie escandalizó a los presentes al acudir con… ¡una minifalda! En 1968 los rumores dicen que Vanessa Redgrave perdió opciones en su nominación al dar una opinión negativa sobre la Guerra de Vietnam, al tener un modo de vida peculiar -atrevido para la época- y, sin duda, al hacer gala de una moral un tanto libre en lo que a relaciones se refiere… para los conservadores Estados Unidos de la época, claro. Incluso se encontró una pancarta en las afueras del lugar donde se celebró la gala en la que jugaban con su apellido, REDgrave, para tildarla de comunista.

El ‘Nuevo Hollywood’ y los Oscars

Bonnie y Clyde Warren Beatty

Además del trágico suceso con el asesinato de Martin Luther King, los Oscars de 1968 están marcados en rojo como los primeros del ‘Nuevo Hollywood‘. La industria estadounidense era un espacio arcaico que seguía funcionando con maneras de muy antes. No de antes, no, de muy antes. Los estudios eran dominados por señores mayores que habían perdido el tacto con las novedades y el futuro del cine, solo preocupados de llenarse los bolsillos. Vale, esto también ocurre hoy, pero en aquel momento había filmografías muy interesantes allende los mares: Reino Unido, el continente europeo, Asia… Y el cine estadounidense parecía de otra época. Las ideas brillaban por su ausencia de novedad y lo caduco de sus propuestas.

Un grupo de jóvenes querían cambiar este hecho. Hartos de ver como los directores eran poco más que marionetas de los estudios y productores en la mayoría de los casos, querían tener poder en lo que sus películas se referían. Querían contar nuevas historias y elevar el tono de su cine. Además el público había dado la espalda al cine que se hacía en su país. Veían cosas como la trilogía del dólar de Leone y no entendían que eso no pudiera hacerse en Hollywood. Lo que sucedería en los 70 con los Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y compañía tuvo su punto de partida en la segunda mitad de los sesenta con gente como Warren Beaty, Peter Fonda o Dennis Hopper.

El primer de ellos, Beatty, se empeñó en hacer un nuevo cine y por eso produjo ‘Bonnie y Clyde‘, un guion que le había cautivado por mostrar a los villanos como seres tremendamente interesantes y atractivos. Nominada a los Oscars de 1968 como también lo haría ‘El Graduado‘, que se llevó la estatuilla de Director a casa para un Mike Nichols que construyó una historia de extraterrestres en el Hollywood de la época. Este era el primer paso, el primer peldaño de una escalera que aún tendría mucho que subir. La pelea entre la vieja industria y las nuevas mentes pensantes comenzaba un pulso interesantísimo, pero esa es otra historia.

O no. Déjame que te diga que ‘El Graduado’ y ‘Bonnie y Clyde’ no solo recibieron múltiples nominaciones en los Oscars, sino que además fueron la primera y la tercera películas en lo que a taquilla se refiere aquel 1967. La cuarta otra que tal baila: ‘Doce del patíbulo‘. Esta guerra pintaba mal para el Hollywood clásico.