‘Nomadland’ no es una película hecha para el gusto de todos los paladares. Y sin embargo ha conseguido triunfar en los Premios Oscar y en toda la temporada de galardones. En la gran gala de la Academia ‘Nomadland‘ alcanzó los Premios a Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz. Tres estatuillas que nos hablan de un film cuanto menos redondo. ¿Merecidas? La temporada de premios habla por si sola y aunque otras también han hecho méritos, desde luego podemos asegurar que el film de Chloé Zhao tiene virtudes suficientes para llevárselo, más si cabe en un atípico año como este. Aún así, repito, no es una película hecha para todos.

En ‘Nomadland’ nos encontramos una película tranquila, pausada, calmada en exceso. No hay giros de guion, no hay excesiva ficción de hecho. Hay realidad. Hay día a día. Nos situamos en los ojos de Frances McDormand como Fern, una mujer que lo perdió todo y terminó por vivir en la carretera. Como una nómada, una más de entre los miles que pueblan las carreteras estadounidenses. La crisis de los 2000 evaporó de un plumazo el sueño americano de muchos de estos hombres y mujeres que aprendieron a sobrevivir casi con lo puesto. Yendo de un sitio para otro, trabajando en cualquier lugar, sin estabilidad, sin casa. Pero con un hogar.

Ese matiz es importante para entender las decisiones que toma la protagonista de ‘Nomadland’. Esas personas que viven en furgonetas y autocaravanas son felices arrastrando su vida de un lugar a otro. Han aprendido a convivir de esta manera, a ayudarse los unos a los otros y a sentirse libres en la inmensidad del territorio estadounidense. Otrora unos ciudadanos y ciudadanas más, normales como los veríamos en los ojos de cualquiera, hoy pasan por ser apestados para muchos, pero ellos se sienten mejor que nunca. Tienen sus dramas personales, sus problemas, sus dudas y sus miedos, pero como cualquier otro ciudadano del mundo.

Chloé Zhao decide con acierto dar la calma necesaria a la película e historia, para ofrecernos una ‘Nomadland’ reflexiva e interesante. Vamos pensando y analizando lo que vemos en la pantalla, que por momentos parece más un documental que una película. Solo nos damos cuenta de que es una historia real ficcionada por la presencia de McDormand, quien llegó a convivir durante meses en la carretera para entender las motivaciones y las personalidades de estos nómadas americanos. Pero no, no es un documental. Esto es un drama con todas las letras y en mayúsculas. Nos sumergimos en la vida de todos los protagonistas y nos damos cuenta de lo fácil que es perder todo, de lo sencillo y terrorífico que resultaría para muchos de nosotros encontrarnos en una situación similar.

La película oscila entre la melancolía, la resignación y la felicidad. Los actores de ‘Nomadland’ son nómadas reales, haciendo de si mismos en un film que por fin les pone en el foco. Ese mismo foco que un día se les quitó, de golpe y porrazo. Esto nos ayuda a creer en la historia y sumergirnos en ella. Sin embargo, dentro de su carácter reflexivo y pausado ‘Nomadland’ termina por perdernos en momentos determinados, con un film que resulta menos fluido de lo que debería. Ver a Frances McDormand mirando el paisaje está bien, hacerlo cada poco resulta excesivo.

No es ‘Nomadland’ una película que vayamos a recordar próximamente. Es un buen drama, uno bonito, con los aspectos más típicos del género puestos sobre el papel y un final adecuado para su protagonista. No te va a sorprender, no te va a volar la cabeza, no te va a dejar huella, y sin embargo sí consigue hacerte reflexionar durante su visionado. Quizá en un formato documental la historia ganaría fuerza. El caso es que hablamos del film ganador en la categoría de Mejor Película de los Oscars, algo que sí sería sorprendente en un año normal. De haber sido el caso se hubiera conformado con la nominación, pero en plena pandemia todo era posible.