Volvemos a 1995 con Nicolas Cage y al Oscar por ‘Leaving Las Vegas’. El prometedor aunque peculiar actor daba los pasos correctos. Ahora le llegaba la hora de confirmarlo. ¿Cómo? Buenos trabajos, sí, pero también buenas elecciones. Sin embargo en los últimos 10 años varias de sus películas incluso han sido estrenadas directamente en streaming. Hoy en valor, hace apenas un par de años esto era el “directamente a vídeo” de un tiempo atrás. Sin caché. ¿Qué ha pasado entre medias y qué ha hecho Nicolas Cage esta última década? Voy a contártelo, pero ya te adelanto el final: los fans le adoran tanto o más que en 1995. Mal, lo que se dice mal del todo, no le ha ido.

En los años 80 Nicolas Cage quería demostrar su valía. Como ya te contábamos aquí, fue creciendo como actor poco a poco. El boom llegó en los 90. Encontramos dos claves. La primera es por supuesto esa estatuilla de Mejor Actor por su trabajo en ‘Leaving Las Vegas’. Llegado a ese momento, Nic sentía que había demostrado a su industria y al mundo su valía como actor. Era indiscutible: era un actorazo. Fans y críticos se rendían a sus pies. Objetivo, sueño alcanzado. El segundo motivo es más banal, más materialista. Nicolas Cage se dio cuenta de que es un tipo extravagante y sus gustos y aficiones no salían baratas. Coches, casas por todo el mundo, castillos, animales exóticos, un largo etcétera que solo pueden salir del bolsillo de un pudiente.

Solo tenía una solución posible: olvidarse de seguir demostrando que es un actorazo con películas de presupuestos medianos o pequeños, con directores de caché, y meterse de lleno en un género que en los noventa nos hizo muy felices: el cine de acción. No me entiendas mal, no es que de repente dejase de actuar bien, o que sus películas antes o después no molasen. Ni siquiera que no volviera a trabajar con buenos directores. Simple y llanamente el objetivo número uno fue el dinero. El segundo pasarlo genial con sus películas. Y con él, nosotros: ‘La Roca’, ‘Con Air’, ‘Cara a Cara’, ’60 segundos’, ‘8 mm’. Solo con estas cinco tiene material de sobra para que podamos decir de él que muy pocos lograron molar lo mismo a finales de los 90 y principios de los 2000.

Nicolas Cage: castillos, dinosaurios y mausoleos

El siguiente salto nos lleva a la segunda mitad de la década de los 2000. Algo sucede con la cartera de Nicolas Cage. El actor descubre que está arruinado. En bancarrota. Había ganado más de 150 millones de dólares con su trabajo en el cine y de repente el gobierno de su país le dice que debe dinero a las arcas. ¿Cómo puede ser? El tipo se compró desde un castillo en el Reino Unido hasta el fósil de un dinosaurio en Mongolia que después tuvo que devolver. ¿El motivo? Fue sacado ilegalmente del país y la venta de ese tipo de piezas no está permitida en el Estado asiático. 27.000 dólares a la basura, como él mismo señala: “Comprar un cráneo de un dinosaurio fue algo desafortunado”. Le ganó la subasta a un tal Leonardo DiCaprio.

Sin embargo hay más, mucho más. ¿Un castillo en Inglaterra? Ponme otro en Alemania. Una casa en la que vivió una asesina en serie en Nueva Orleans. Una isla en las Bahamas por 10 millones de dólares. Dos cobras albinas, 270.000 dólares. Un pulpo gigante, 150.000 dólares. Cualquier animal que potencialmente pudiese acabar con su vida. Un mausoleo gigante con forma de pirámide en el que ser enterrado cuando fallezca, en el cementerio de Nueva Orleans. El cómic en el que aparece por primera vez Superman. Y todos los coches caros que puedas imaginar. Cuando a finales de los 2000 se supo que debía seis millones en impuestos, no sorprendió a nadie.

Nicolas Cage shamanic nouveau

Llegarían más peticiones de la Hacienda americana. Nicolas Cage estaba en problemas y él solo sabía solucionarlo de una manera: trabajando, actuando en cuantas más películas mejor. Tenía un problema. Las grandes superproducciones de Hollywood parecía que le iban dando la espalda año a año. Ese ‘shamanic nouveau’ no parecía convencer a los estudios, que querían actores estandarizados. Nada de extravagancias ni histrionismos exagerados ante la cámara. Realismo, no chamanes locos. ‘Ghost Rider’ no fue el éxito de taquilla y crítica que el estudio esperaba. ‘Kick-Ass’ se quedó en 91 millones en taquilla, por ejemplo. ‘Furia ciega’ (‘Drive angry) perdió dinero, tanto como la mitad de su presupuesto si nos basamos en los datos de wikipedia.

Dolor, mucho dolor. Sin grandes producciones respaldando su trabajo, sin estudios que quisieran apostar por él, sin éxito en taquilla, ¿qué le quedaba a Nicolas Cage? Aceptar toda –o casi- película que le llegase. Así tenemos que desde el estreno de ‘Kick-Ass’’ en 2010 Nicolas Cage ha aparecido en ¡46 películas! Llegando a su cénit en 2018 con 7 y 2019 con 6 estrenos. Con esta carga de trabajo y rodajes resulta obvio que el nivel de dichos films debe caer de los estándares a los que nos tenía acostumbrados en los 90. Si haces películas con esa alegría, algo se está dejando de lado en cualquier momento de la producción. Aunque, spoiler alert, nos da igual.

¿Quién dijo miedo? Una década dorada

Porque a Nicolas Cage se le celebra. Pobre o rico, el tipo ha demostrado que ante todo le encanta el cine. Y que no necesita hacer excelente producciones para ser feliz. Quiere explorar, quiere sentirse vivo actuando. Además, algo de estatus debe mantener cuando tipos como Oliver Stone, Paul Schrader o Joel Schumacher han contado con él en esta última década. Ha hecho películas de todo tipo, ciencia ficción, aventuras, fantasía, thriller, animación, comedia. Las ha hecho mejores o peores. Más de uno dirá malas, teniendo alguna de esas películas enfilada entre ceja y ceja. Qué más da.

Resulta que durante la supuesta peor década de Nicolas Cage -según haters, cinéfilos de carnet con puntos y demás caterva de seres endemoniados- ha hecho ‘Kick-Ass’, ‘Spider-Man: Into the Spider-Verse’, ‘Joe’, ha participado en ‘Snowden’ y, especialmente, nos ha regalado ‘Mandy’. Hay actores con mucho mejor cartel y fama con una peor década que esto. La de ‘Spider-Man’ es una de las mejores películas del hombre araña, si me preguntas a mí. ‘Kick-Ass’ divertidísima. ‘Snowden’, necesaria. ¿Y ‘Mandy’? ‘Mandy’ es el despelote que necesitamos, ese en el que queremos ver al Nicolas Cage de la última década. El tipo se lo pasa de lujo y nosotros con él.

Y con este tipo de obras –y otras como ‘Color Out of Space’- Nicolas Cage ha conseguido darle la vuelta a la tortilla. Especialmente desde ‘Mandy’ y como ya ocurriera con Keanu Reeves, Nic Cage es el ídolo de todos. Internet y en especial las redes sociales –hola, Twitter- le adoran. No nos extraña. En estos tiempos en los que la labor de los críticos es más difusa, en los que podemos encontrar más fácilmente a alguien de nuestra cuerda cinematográfica en lo que a opiniones y gustos se refiere, que Nicolas Cage haya llegado al estatus de ídolo es normal. Incluso asumible por esos cinéfilos de carnet, esos que romperían asientos de verse en una butaca de cine viendo ‘Kill Chain’. La democratización de las redes sociales era esto.

A Nicolas Cage hay que celebrarlo. Hay que aplaudirle, verle, disfrutarle. Es un tipo genial. Mola, mola mucho. Él, consciente de su papel, parece empeñado en darnos motivos para seguir disfrutando de sus desparrames cinematográficos. Y que sea por muchos años, Nic.