Empezaré esta crítica de Molly’s Game con una confesión: me gusta el trabajo que suele realizar Aaron Sorkin, director debutante de esta película. Desde The Newsroom a Algunos hombres buenos, Studio 60, Sports Night, Moneyball, La Red Social o La guerra de Charlie Wilson. Me gusta esa marca de la casa por la que vemos unos guiones que nos muestran personajes y diálogos apasionantes, con respuestas magníficas. Y sí, todo el mundo puede parecer muy listo en sus películas o series. A veces parece que hasta el camarero del peor bar del mundo puede hacer un monólogo político en cualquier momento. A algunos les parecerá cargante pero yo, que le voy a hacer, me gusta Aaron Sorkin.

Molly’s Game me parece una muestra más de su buen hacer, ya que no solo dirige sino que además añade su mano en el guion. Algo que vemos muy pronto y rápido en la manera en la que su protagonista, Molly Bloom, y el abogado de esta, Charles Jaffey, se sitúan frente a frente en su primera escena juntos. A cada cual más listo que el otro, quizá, pero nos regalan una escena apasionante con poco más que un diálogo ágil e intenso. Algo que se sucederá a lo largo de la película y que nos mantiene expectantes de cabo a rabo.

Además, Sorkin nos muestra con sutileza los vicios de la alta sociedad, a la par que nos enfrenta a diferentes aspectos del ser humano. La ambición, la venganza, la ira, las adicciones. El cinismo. Todo condensado y mostrado desde los ojos de esa ‘Reina del póker’ que fue Molly Bloom, a posteriori condenada y hoy redimida de sus actos. Un golpe en la cara, sin duda, porque si bien lo que nos muestra es vía actores famosos -ay, Tobey Maguire, perdón, quería decir Michael Cera-, mafiosos rusos, irlandeses borrachos e hijos de papá, las emociones humanas que nos muestra y sus problemas no están lejos de lo que tú o yo podríamos sufrir.

Este debut en la dirección de Aaron Sorkin es ágil a partir del diálogo, de la palabra. Aviso para navegantes: no vas a tener un segundo de respiro en lo que a escuchar voces se refiere. Sin descanso, gracias especialmente a una incomensurable Jessica Chastain. Te animo, querida o querido lector, a que dejes en los comentarios un mal trabajo de la Chastain. No una mala película suya, sino un mal trabajo de la actriz. Creo que difícil por no decir imposible. Y junto a ella otro actorazo como Idris Elba. Ambos muestran una química perfecta, de las que terminas la película y solo puedes pensar en verles más veces juntos. Joder, si hasta te apetece hacer un poco de ‘shippeo‘.

Molly’s Game deja varias escenas para el recuerdo, incluso una que parece metida con calzador para sacar la lagrimilla fácil y resulta todo un acierto. Claro que ahí cuentas con un Kevin Costner fantástico en el poco metraje que tiene. Qué tío, Kevin Costner. El póker no me genera ni el más mínimo interés y en cambio Sorkin, Chastain, Elba y compañía han conseguido mantenerme pegado a la pantalla de principio a fin. Y he de añadir que esta no es la primera vez que veía la película, lo cual creo tiene aún más mérito. Pero precisamente ahí tenemos porqué Molly’s Game va a quedar como una buena película, no solo entretenida, sino intensa e inteligente.

Con Molly’s Game Aaron Sorkin fijaba una buena primera piedra como director. Consigue poner en funcionamiento en pantalla los ingredientes de una muy buena película. Apasionante de principio a fin, es difícil que te deje indiferente. Excepto si no puedes con el tipo de guiones que construye el director. Pero en ese caso siempre podrás quedarte con el irlandés borracho. Pon un irlandés borracho en tu vida. Nunca falla.