Una década. Ese es el tiempo que ha pasado desde que Mel Gibson dirigiera Apocalypto, su hasta ahora última película tras las cámaras. Pero tras retirarse inicialmente del cine, aunque posteriormente volviera a la interpretación, y polémicas aparte, el bueno de Mel está de vuelta, y este próximo día 7 desembarcará en nuestras pantallas su último film: Hasta el Último HombreHacksaw Ridge-.

Se trata de un film ambientado en la II Guerra Mundial, concretamente en la batalla de Okinawa, y narra la vida de un enfermero. Desmond Doss, quien se convirtió en el primer objetor de conciencia en lograr la Medalla de Honor del Congreso de los Estados Unidos. Fiel a su fe, Doss se negó a ir a la batalla empuñando un arma, pero a pesar de ello y de haber sido tachado de cobarde, logró salvar las vidas de muchos de sus compatriotas.

Se trata de un argumento tan hollywoodiense que extraña mucho que no se haya hecho nada al respecto hasta ahora. Pero ha tenido que ser Gibson quien recogiera esta historia cuyos derechos los tenía la Iglesia, para que se haya podido, por fin, realizar. Por lo pronto las primeras críticas en su país han sido positivas, destacando las cruentas secuencias de la batalla de Okinawa.

Pero a nadie debe sorprender el realismo exagerado que puede tener dicha batalla si tras las cámaras se sienta el bueno de Mel. Porque no hace falta echar tanto la vista atrás para ver como en sus dos últimos films: La pasión de Cristo o Apocalypto la sangre y las pieles saltaban inundando toda la pantalla. Si una historia sobre Jesucristo más que un drama la convirtió en un museo de la tortura, qué poder esperar de una película que ya invita de antemano a los desmembramientos.

Pero no quería abrir este artículo para hablar de una de las películas que más he esperado esta temporada. Si no para recordar la carrera de Mel, en unas pocas pinceladas, antes de ese retiro y de todas las polémicas que casi le acaban devorando.

Mel Gibson, que nació en Nueva York pero todo el mundo piensa que es australiano, se marchó a vivir bien joven a Australia debido a que su familia temía porque sus hermanos mayores fueran a la guerra de Vietnam. Una vez allí, dedicó su carrera a la actuación con muy buenos resultados.

El cine australiano no es ducho a sacar muchas obras reconocidas internacinalmente. Pero un jovencísimo Mel Gibson pegó el pelotazo con Mad Max, una obra de escaso presupuesto que acabaría siendo una trilogía -con él-. Esas películas -las dos primeras- y el drama bélico Gallipoli le abrieron de par en par las puertas de Hollywood.

Como actor siguió creciendo, más cerca del cine espectáculo que de uno que pudiera denominarse de autor y por lo tanto lejos del reconocimiento de los premios, aunque llegó a ser de los mejor pagados gracias a pelotazos como la saga de Arma Letal junto a Danny Glover.

Todo iba a pedir de boca cuando decidió dar el paso a convertirse en director. Primero con El Hombre Sin Rostro, un drama que no tuvo mucha repercusión, pero que sirvió para que en 1993 Gibson conociera los entresijos de la dirección. Sería útil en su carrera, sin duda alguna. Puesto que apenas dos años después y con su segunda película, se llevó todo por delante.

Braveheart fue su consagración. Como actor, para muchos, por el papel que interpretó; como director, para otros, que le valió sus dos únicos Oscars, como Director y como productor por el premio a la mejor película del año. Y ya ahí se empezaba a ver el Gibson amante de la mala sangre que recorrería el resto de su carrera.

Mel Gibson

Pero no fue la dirección la que dejó a Gibson. Sus dos siguientes films como director, la mencionada tortura a Jesucristo y ese extraño pero sensacional film sobre los mayas, son dos buenos ejemplos de dirección pero, sobretodo, de tenerlos cuadrados. A nadie en su sano juicio le hubiera parecido una buena idea rodarlos en sus lenguas de origen: arameo y latín la primera; y lenguas mayas la segunda. A Mel sí le pareció una idea brillante y así las rodó.

Hay que aplaudirle esas ideas que le llevaron a en algunos momentos la genialidad. Sin embargo el camino de Mel Gibson hacía años que seguía el del señor. Padre de hasta ocho hijos y declarado cristiano hasta la médula, fueron sus salidas de tiesto en contra de la eutanasia o criticando todo lo que se saliera del camino marcado por Dios, lo que provocaron que Mel acabara enfadado con el mundo en una clara expiación por encontrarse a sí mismo.

Desde 2006, cuando terminó por estrenarse Apocalypto hasta 2010 no hizo nada, ni como productor, ni como director, ni como actor. Después volvió a la actuación. Sacar dinero con films que no han tenido reconocimiento como El Castor, la infravalorada Vacaciones en el Infierno o aparecer como dinosaurio en semiretiro como malo maloso en la peor entrega de la saga de Los Mercenarios.

Sea como fuere, Mel ha vuelto a la dirección. Parece haber hecho las paces con Hollywood -y viceversa- y por lo pronto Hasta el Último Hombre no será el punto final en su carrera, en mente ya están varios proyectos como el de, abróchense los cinturones, una especie de secuela de La Pasión de Cristo donde se tratará el renacimiento del mesías.

Mientras se esperan nuevas noticias por lo pronto debe aprovechar la ola buena. Aunque es pronto para hablar de Oscars, su película ya está logrando nominaciones como film y dirección en algunos de los premios previos a la cita. El Loco Mel ha vuelto, y para quedarse.