Duplas actor-director han dado grandes momentos al cine. Colaboraciones casi fijas que llegan a aparecer en nuestros cerebros como sociedad inseparables. John Ford y John Wayne, por ejemplo. John Huston y Humphrey Bogart. Ingmar Bergmann y Max Von Sydow. O Martin Scorsese y Robert de Niro. Ambos neoyorquinos, casi vecinos, de ascendencia italiana, supervivientes de un barrio duro. Y todo llegó casi de casualidad, en la segunda película de Scorsese. Se unieron en Mean Streets y no se separaron hasta Casino. Veintidós años de relación cinematográfica, décadas de amistad. Han vuelto a unirse en The Irishman, pero esa historia ya la contaremos. Aquí vamos a hablar de la relación entre dos grandes: de Martin Scorsese y Robert de Niro.

Habrás leído o escuchado cientos, miles de veces que Martin Scorsese es uno de los mejores montadores de la historia. Que como director rueda pensando ya en la sala de montaje. Que la música juega un papel clave en sus historias. Y que es un excelente director de actores. Esto no lo digo yo o un experto, lo dicen los propios protagonistas, actrices y actores a los que ha sacado brillo en sus películas. Actuaciones brillantes, una tras otra, película a película, y que en las últimas dos décadas hemos podido apreciar en la dupla que ha formado con Leonardo DiCaprio.

Antes lo hizo con Robert de Niro. En Mean Streets ‘Marty’ le dio bastante libertad a de Niro para que este improvisase como quisiera. El resultado fue un Johnny Boy memorable, un personaje secundario que roba el protagonismo al Charlie de Harvey Keitel. Era Keitel hasta ese momento el aparentemente actor fetiche de Scorsese, pero Mean Streets supuso el comienzo del amor cinematográfico entre de Niro y Scorsese. El cinéfilo empedernido que había, hay, en Scorsese no pudo dejar pasar la oportunidad de seguir trabajando con un talento como el de Robert de Niro.

Mean Streets

Pronto Martin Scorsese y Robert de Niro se hicieron inseparables. Como dos hermanos muy bien avenidos. Venían de entornos muy similares. Ambos crecieron en el Little Italy neoyorquino, a apenas unos bloques de distancia el uno del otro. Un lugar duro en los años 50 y 60. Más si cabe para Scorsese, un tipo bajito pero que no pasa desapercibido. Se hizo el gracioso del grupo allá por donde iba, consiguiendo así evitar problemas mayores. Aunque no llegaron a conocerse en esta época, de Niro asegura que sí se conocían de vista, incluso que se llegaron a cruzar en alguna que otra ocasión. Tenían amigos comunes según el actor y, bueno, las pintas y físico de Martin Scorsese hacían fácil reconocerle.

Tras Mean Streets llegó Taxi Driver. La improvisación ante el espejo. New York, New York. El Oscar a Robert de Niro por su papel como Jake LaMotta en Toro Salvaje. Un Oscar que debió ir también para Scorsese, pero ya sabemos que la Academia premiaba otras cosas y siempre fue injusta con él. Y eso solo en los setenta. Años, finales de la década, en los que el actor llegó a salvar la vida de su amigo. Al menos así lo ve Scorsese. Sumido en el pozo de la droga, lidiando con una depresión pasando de un tiro a otro, Martin Scorsese estaba tocando fondo. Llegó a ser hospitalizado. Él mismo asegura que vio la muerte cerca.

Martin Scorsese y Robert de Niro

Quizá por eso ‘Marty’ estaba convencido de que Toro Salvaje sería su última película. Tal grado de peligrosidad alcanzó su adicción a las drogas que pensaba que no duraría mucho más. Fue gracias a de Niro que le llegaría la historia de Jake LaMotta. Aunque al principio se mostraba reluctante ante la posibilidad de llevar a cabo el film, acabó haciendo caso a su amigo. Scorsese nunca fue fan del deporte, la historia había sido mil veces hecha con diferentes nombres… Pero se decidió a hacer su última gran obra. Toro Salvaje cuenta una historia de redención, como sirvió también de redención para un Scorsese que antes de eso estaba lejos de este mundo. Aceptó tras una sobredosis que casi lo mata.

Si los Oscars fuesen justos, Toro Salvaje hubiera ganado el Oscar a Mejor Película, Scorsese el de Mejor Director y de Niro el de Mejor Actor. Solo se cumplió el último. Pero ya sabemos como son los Oscars. Tras El Rey de la Comedia se dieron un pequeño descanso. Después Martin Scorsese y Robert de Niro empalmaron Goodfellas, El Cabo del Miedo y Casino. Y no volvieron a unirse nunca más. Dice Robert de Niro que uno de los motivos ha sido la incompatibilidad de agendas. Según el actor, La Última Tentación de Cristo, Infiltrados y Gangs of New York debieron ser suyas, pero otros proyectos lo impidieron.

Sea como fuere, lo extraño ha sido no volver a disfrutar de esa unión que tan buenos momentos nos ha dado. A cambio hemos tenido a Scorsese con DiCaprio, que no ha estado nada mal. Y oye, ‘Bobby’, gracias por ser cabezón y casi obligar a ‘Marty’ a hacer Toro Salvaje. Por la película, sí, pero también por sacarle del pozo. Ahora disfrutemos de The Irishman. Y que Martin Scorsese y Robert de Niro sigan juntándose, por favor. Y con Joe Pesci, si puede ser, por favor.