Una historia de venganza sin Liam Neeson. No es la primera vez ni será la última que esto ocurre en el cine, pero no deja de sorprendernos. Bromas aparte, la de ‘Mandy’ es una apuesta especial, diferente, por ofrecernos una venganza en modo desatado. Con un Nicolas Cage en estado de gracia, esta ‘Mandy’ de Panos Cosmatos es una buena película. Divertida, entretenida e interesante. Sin embargo, parece obvio que está dirigida a un tipo de público y, por tanto, puede no resultar apta para todos. Acercarse a ella implica aceptar unas normas y un estilo que a unos encanta y otros no toleran. Si estas entre los primeros no dudes: esta es una película perfecta para ti.

Cosmatos divide ‘Mandy’ muy claramente. Nos da todo muy mascado, tanto visualmente como narrativamente en lo que a historia se refiere -un acierto-. Comenzamos con unos 20 minutos iniciales muy pausados, que nos presentan a una pareja -Cage y Andrea Riseborough– en los que vemos que algo esconden, pero que viven un amor real. Su pasado, quizá. Un acontecimiento tan sencillo como el caminar de una furgoneta da paso a unos 40 minutos en los que el director nos presenta a la otra cara de la película, los villanos, con el desarrollo de la afrenta que deberá encarar el personaje de Nicolas Cage para cumplir su venganza. Aquí un crescendo que funciona a la perfección, preparándonos además para lo que viene.

La última hora es un despelote continuo. En ‘Mandy’ Nicolas Cage se pone el mono de matar y cumple lo que esperamos. Llega el momento de venganza y Cosmatos se recrea con total libertad y armonía. En este momento estamos absortos. La historia es sencilla, mil veces contada en el género y otros, y ni siquiera está desarrollada con especial tino o cariño. Un poco de brocha gorda, un villano mil veces visto y listo. No necesitamos más. Esto sucede porque el director consigue engancharnos no solo con Cage y con la esperada venganza que necesitamos ver, sino por el juego cromático y lisérgico que nos propone.

Una película que está escrita como si fuese una canción de rock progresivo -hola King Crimson-, que se siente heavy metal, y que tiene alma de psicodelia sesentera. Puro rock and roll, puro ataque a los sentidos. Lo que de primeras puede sorprender a nuestros ojos, pronto se convierte en un acierto. Y el cerebro juega: ¿por qué no veo más películas así? Una gozada. Su sencillez narrativa además juega en su favor. No nos propone enrevesadas cuestiones, ni siquiera giros de guion sorprendentes. No hay ni uno. Aquí tenemos un punto A -la pareja enamorada- y un punto B -la venganza de Cage-, y entre medias pasamos por una afrenta y los villanos. ¿Los temas? El amor , la pérdida y la venganza. Nada más.

Ah, los villanos. El villano, más bien, un imitador barato de Charles Manson, familia incluida, drogotas hippies que siguen a su dios reencarnado en un cantautor malo, en un artista folk que da tirria con solo verlo. Generan asco, así como esos motorizados compinches generan pavor, por no saber uno de donde proceden. Todo esto busca estimular nuestros sentidos más primitivos a la par que ponernos en disposición de ese entretenimiento puro y duro, despelotado, que es el segundo tramo de la película.

Imposible no parar en la excelente actuación de Nicolas Cage en ‘Mandy’. Vilipendiado por la crítica y parte del público por su trabajo a lo largo de los últimos 10-15 años, aquí les da un sopapo en la cara a todos ellos. Por su genial trabajo, al servicio de Cosmatos, la película y el personaje, y por darnos lo que los amantes de su carrera necesitábamos: una peliculaza por su parte con la que repartir otro sopapo a su haters. Si no te gusta Nic en este film solo encuentro el motivo de un resquemor personal que viene de atrás. Si te ha robado la pareja no le eches la culpa a él. En ‘Mandy’ Cage disfruta de principio a fin, se le nota, y nos hace disfrutar a nosotros.

Nicolas Cage se hace dueño de ‘Mandy’. Un film que no te dejará indiferente. Y es que esta película no está hecha para todos los públicos. No es culpa suya.