Mamma Mia! Una y Otra Vez no pasará a la historia de los musicales. Tampoco pretende en ningún momento ser trascendental en la historia del género. Sus premisas son mucho más modestas: pasar el rato, disfrutar en compañía de viejos amigos. Lo hacen ellos, y nos lo hacen pasar bien a nosotros gracias a esa reunión. Porque no se puede calificar de otra manera este bis en que se convierte la película.

Hasta ese tramo final tan festivalero de Mamma Mia! Una y Otra Vez se llega por un camino serpenteante, víctima de un ¿guión? poco o nada elaborado. Una burda y simple excusa para reunirlos a todos, nos cuentan parte de lo que ya sabíamos -el pasado- pero poniendo imágenes y actores de carne y hueso… y nos cuenta el presente marcado de similitudes. Quizá, el montaje, sea lo más elaborado de un proyecto carente de muchos recursos.

Dentro de ese montaje destacar un par de momentos, el de esa canción tristona donde los dos jóvenes protagonistas interpretados por Amanda Seyfried y Dominic Cooper, separados por la distancia, parecen estar en la misma habitación gracias a un elaborado montaje que supera a la propia canción. Disfrutamos de ese ‘Waterloo‘ con toques francófonos en medio de un café de París. Auténtico himno y de esas canciones más recordadas en el extenso repertorio del grupo sueco -cameo incluido-.

¿Después? Una historia, como decía, sencillita, sin ninguna pretensión más allá de la de hacer pasar el tiempo. Se tambalea Mamma Mia! Una y Otra Vez porque no tiene donde agarrarse si no es en unos temas que, en algunos casos, resultan forzados para buscar la similitud entre canción e historia. Pero entonces aparecen ellos… y todo cambia.

Musical Mamma Mía

Por ellos me refiero a dotar de protagonismo a los tres pedazo de actores de la anterior: Pierce Brosnan, Colin Firth y Stellan Skarsgard. Si a este trío unimos la gran incorporación que supone ver a Andy Garcia por estos lares, tenemos un cuarteto con ganas de juerga que se denota en cada risotada y absurdez que sueltan en pantalla. Mamma Mia! Una y Otra Vez no va de ellos, y apenas tienen protagonismo, pero a la que se dejan notar, todo cambia.

Porque sí, porque de pronto esa fiesta de inauguración de un hotel se convierte en un festival del frikismo, un alocado show donde todos están con ganas de fiesta y de pasarlo bien… donde solo hay hueco para la nostalgia de ABBA, y donde hasta Cher nos hace un acto de presencia.

Ese festival tiene su punto culmen con la esperada aparición de Meryl Streep. A ver si os pensábais que aparece en el cartel pero no en la película. Mamma Mia! Una y Otra Vez se cierra con un temazo final marca de la casa que nos enseña, nuevamente, que la única pretensión de la película era reunirse a echar unas copas y unas risas. Y lo consiguen, vaya que sí.

Es ahí donde radica la sorpresa y el buen hacer de Mamma Mia! Una y Otra Vez. Un guateque, una party no apta para adolescentes tras una algo pesada travesía a la isla y a un pasado que, exceptuando a Lilly Collins, poca chispa tiene.