Los siete samuráis

Director: Akira Kurosawa

Año: 1954

Reparto: Toshiro Mifune, Takashi Shimura, Yoshio Inaba, Kamatari Fujiwara, Isao Kimura, Daisuke Kato, Keiko Tsushima, Seiji Miyaguchi, Minoru Chiaki, Yoshio Tsuchiya, Kokuten Kodo.  

Sinopsis: en el Japón feudal, una aldea de campesinos ve como un grupo de bandidos les ataca y saquea de manera repetida. La única solución posible será contratar a un grupo de samuráis que les defienda de dichos ataques. Sin un pago que anime a semejante obra, un grupo de samuráis terminan por aceptar el reto de manera paulatina.

Clásicos Revancha
  1. El acorazado Potemkin, Serguei Eisenstein (1925)
  2. Ciudadano Kane, Orson Wells (1941)
  3. Testigo de cargo, Billy Wilder (1957)
  4. El gran dictador, Charles Chaplin (1940)
  5. Sucedió una noche, Frank Capra (1934)
  6. Casablanca, Michael Curtiz (1942)
  7. La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock (1954)
  8. Días de vino y rosas, Blake Edwards (1962)
  9. Espartaco, Stanley Kubrick (1960)
  10. El tercer hombre, Carol Reed (1949)

El cine épico, de aventuras y acción, tiene muchas maneras de ser mostrado en pantalla. No es un género que inventase Akira Kurosawa, pero con ‘Los siete samuráis‘ lo perfeccionó. Una obra maestra que toca diversos palos y en todos casos lo hace con acierto. Un capricho, en cierta manera, de un director que tenía entre ceja y ceja rodar una película de samuráis. Lo hizo, además, en una época en la que costó que dicho proyecto fuese aprobado, ya que el código implantado por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial prohibía cualquier cosa que tuviera que ver con el Bushido, el código por el que se regían dichos samuráis.

Kurosawa regala una lección de dirección en todos los campos. Tanto la preparación de la película como su extenso guion solo pueden ser obra de un genio. La dirección en el set de rodaje es magnífica, con ese uso de varias cámaras en una misma escena que tan poca gracia a su productora Toho, entre otras decisiones que ayudaron a elevar ‘Los siete samuráis’ a la categoría de clásico.  Y cómo no, su trabajo en montaje que ayudó a profundizar en la sensación de agilidad y ritmo frenético que consigue el film según avanza su metraje. Y son 207 minutos, que se dice pronto. 

El arranque de la película, calmado, es fantástico. Cómo nos va mostrando los problemas del pueblo, la necesidad de encontrar un grupo de samuráis que les defienda, todo ello sin necesidad de correr ni dar pasos adelante saltando rápidamente, es una gozada. No nos conformamos con “este pueblo tiene problemas”, sino que entendemos porqué, los vemos y sentimos, y entendemos la necesidad de esos samuráis. Y qué decir de la presentación de cada uno de los miembros del grupo de héroes, con sus personalidades y virtudes mostradas a la perfección. 

Se da la curiosidad de que la película debía ser sobre seis y no siete samuráis, pero acertadamente decidieron incluir un séptimo. El personaje de Kikuchiyo ayuda a aligerar la tensión dramática, con sus locuras constantes. La seriedad del asunto no se pierde y a la vez conseguimos empatizar y divertirnos en espera de esa acción centrada más en la última hora de la película. Antes Kurosawa nos va dejando perlas, sabiendo que no puede tenernos a base de pan y agua durante casi todo el film, metiendo breves escaramuzas, el planning de la defensa, etc. 

Los siete samurais

Un grupo de mercenarios contratados por un lugar en problemas es una historia mil veces vista en cine y televisión. A ver, ‘El Equipo A’ es ‘Los siete samuráis’ una y otra vez. La cuestión es cómo desarrollarlo. Ese es el gran acierto de Kurosawa. Amén de aspectos técnicos en los que demostró ser un genio, como vengo diciendo y vas a seguir leyendo a lo ancho y largo de este #ClásicosRevancha. Serán mis ojos del siglo XXI, pero ver esa profundidad de campo, esos movimientos de cámara constantes, esos planos en un eterno movimiento… me sorprenden cada vez que veo la película. Es una sorpresa constante, una sorpresa agradable que no podemos dejar de mirar.

‘Los siete samuráis’ consigue no apabullarte por su duración. Es tan perfecta su construcción que se convierte en un viaje apasionante, de esos que te mantiene pegado al asiento esperando la siguiente escena. En esto ayudan los caracteres diferenciados de los siete samuráis, poliédricos. También lo fantástico de su ambientación, que nos muestra a la perfección cómo debía ser la vida en la Japón feudal, especialmente la de esos campesinos con los que pronto empatizamos.  Precisamente eso que comento de los samuráis convierte al film en una obra magna, al entender que cada uno de ellos tiene una motivación diferente y ver cómo todo ello evoluciona hasta su final.

Los siete samurais Akira Kurosawa

Y así, poco a poco en un camino apasionante, llegamos al tramo final. Ese en el que la acción llega a su momento cumbre, la épica excede la pantalla con la aparición de un enemigo al que apenas hemos visto hasta el momento. Nos los han mostrado como a unos seres perdidos en la lujuria, a diferencia de nuestros héroes más arquetípicos. Es en la acción final cuando la aventura toca su momento cumbre. La manera en la que Akira Kurosawa lleva esta parte de ‘Los siete samuráis’ consigue que nos levantemos del asiento alucinando con lo que ven nuestros ojos. Un trabajo de artesano.

La escena de ‘Los siete samuráis’

En una película de 207 minutos de este nivel hay muchas escenas para seleccionar. Sin embargo voy a portarme bien y a dejarlo en una. ¿Cuál? Eso ya no es sencillo de dilucidar. A pesar de esto, y tras mucho pensar, mi cerebro va de manera constante a un momento brillante: el ataque de los bandidos a la aldea, montados a caballo y por las diferentes zonas que tenían previstas los siete samuráis. Si bien toda la película es una obra de arte, aquí Akira Kurosawa demuestra ser una mente privilegiada. El trabajo de planificación de dichas escenas de acción, su posterior montaje y la agilidad con la que vemos dichos ataques y movimientos en pantalla son casi futuristas para la época. 

Akira Kurosawa parecía superar a sus maestros e influencias solo con el trabajo en estas escenas. Ser él la influencia, como hemos visto a posteriori en numerosas películas -‘El Señor de los Anillos’, ‘Mad Max: Fury Road’, ‘Star Wars’, ‘Bichos’ y un largo etc- que han cogido o copiado fragmentos de ‘Los siete samuráis’. No podemos culparles por copiar a un genio.

¿Por qué seleccionamos ‘Los siete samuráis’?

¿Cuántos motivos quieres que te de? Puedo empezar por el sencillo y obvio: ‘Los siete samuráis’ es una de las más grandes películas que nos ha dado el cine. Sigo diciendo que Akira Kurosawa merece cualquier homenaje, recuerdo, repaso y análisis que nos apetezca hacer. Continuo con el hecho de que en Twitter se nos había pedido hacer algo de Kurosawa y como nos gusta decir: si pides, te damos. Pero hay más, mucho más. Ser una influencia capital del cine hecho a posteriori juega un papel importante, amén de su trabajo tras las cámaras donde Kurosawa demuestra el genio que es. Su montaje, esos planos en constante movimiento, su historia, todo se une para que una película de tres horas y media resulte ágil, fluida y nada, nada larga.