La ventana indiscreta

Director: Alfred Hitchcock

Año: 1954

Reparto: James Stewart, Grace Kelly, Thelma Ritter, Raymond Burr, Judith Evelyn, Wendell Corey.

Sinopsis: Jeff se encuentra encerrado en su casa tras una lesión en la pierna. Su trabajo como fotógrafo le lleva a echar las horas mirando a sus vecinos por la ventana. Un mirón que de repente se encontrará con la actitud sospechosa de uno de esos vecinos.

Clásicos Revancha
  1. El acorazado Potemkin, Serguei Eisenstein (1925)
  2. Ciudadano Kane, Orson Wells (1941)
  3. Testigo de cargo, Billy Wilder (1957)
  4. Sucedió una noche, Frank Capra (1934)
  5. Casablanca, Michael Curtiz (1942)

Alfred Hitchcock fue y sigue siendo uno de los mayores genios que nos ha dado el cine, y en ‘La ventana indiscreta’ lo muestra con creces. Una película difícil de llevar a buen puerto que él soluciona de manera magnífica, con sutileza y facilidad, como quien hace un huevo frito. Porque si en vistazo a vuelapluma se aprecia una película sencilla, con apenas un escenario y una mirada, la realidad nos muestra que ‘La ventana indiscreta’ es más compleja de lo que parece y eso Hitchcock lo supo llevar con maestría. Una delicia de película, una como tantas obras del director británico.

El planteamiento de ‘La ventana indiscreta’ es bien sencillo: seguimos a Jeff, un excelente fotógrafo que no puede realizar una vida normal al encontrarse convaleciente por recuperarse de una pierna rota. Encerrado en su piso, nos limitamos a ver cómo pasa el día a día mirando por la ventana, observando a sus vecinos, creciendo en una aparente paranoia por los actos de uno de ellos. En ‘La ventana indiscreta’ Hitchcock consigue mezclar en la misma película y con maravillosa elegancia la comedia y el clásico suspense con el que nos tiene acostumbrados.

El suspense nos lo da con cuentagotas, pero es el suficiente para mantener la acción y la trama en un constante sinvivir. La comedia va y viene, sin desaparecer jamás, especialmente en las interacciones que vive Jeff con las dos mujeres que le acompañan en su confinada aventura. No saldremos del piso, apenas en una innecesaria ocasión que debería servir para coger aire y quizá quitarnos la claustrofóbica sensación que nos deja no salir de un espacio tan pequeño. La película no necesita ese movimiento por lo afilado de una dirección de Hitchcock que nos va convenciendo según crece la película.

Empieza modosa, pero va a más y termina por avasallarnos con ese ascenso del suspense y la intriga que nos genera el asesinato o no que sucede –o no- ante nuestros ojos. Un excelente James Stewart, postrado en la silla sin mucho más juego que su cabeza, su mirada, su boca, consigue mostrarnos la ansiedad que le genera estar ahí sentado y las dudas que le genera su vida, de manera sutil, en esa no relación con Liza, el personaje que interpreta una magnífica Grace Kelly. Qué presencia de ambos, qué poderío ante pantalla, qué buena química. En ‘La ventana indiscreta’ tanto James Stewart como Grace Kelly demuestran por qué son mitos del Hollywood clásico.

La ventana indiscreta película

Insisto, sin posibilidad de jugar con su entorno y con las emociones justas. La sencillez de ‘La ventana indiscreta’ la engrandece Hitchcock sin necesidad de movernos demasiado. Situarnos en la posición del mirón y no sentirnos incómodos resulta sorprendente hasta que recuerdas quién está a los mandos. Después te replanteas y reflexionas sobre lo que acabas de ver, sobre ese voyeur que pierde su tiempo vigilando enfermizamente a sus vecinos, mientras nosotros solo queremos saber si hay un asesino –o no-. Entramos en la vida de todos los vecinos del edificio de enfrente y queremos que nos vayan soltando píldoras. Acierta Hitchcock al darlas y tratarnos como unos mirones más, sabedor de que a lo largo del film nuestra cabeza iría y vendría de un sitio a otro. Juega con nosotros como acostumbra y sí, vuelve a acertar.

Pensamos sobre el derecho a la intimidad y privacidad no ya a gran escala sino en nuestro entorno. Sobre si nos vigilan, si algún vecino incauto nos mira. Alfred Hitchcock consigue con ‘La ventana indiscreta’ que nos entre a nosotros la paranoia por lo que tenemos alrededor. También da punzadas sobre las relaciones o el miedo a la soledad. Qué decir de cómo juega con la música diegética para situarnos las emociones en un sentido u otro, en manos de un vecino pianista y compositor que, como nosotros, va y viene durante la película. Mágica, de principio a fin.

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La escena de ‘La Ventana Indiscreta’

La película es un regalo en lo que a escenas se refiere. Comenzamos por la apertura, con ese plano secuencia en el que vemos todo lo que necesitamos saber de la misma. Vemos un edificio, vemos sus ventanas, sus inquilinos, acabamos viendo a James Stewart. Todo desde la vista de esas ventanas, situándonos ya en el eje de la película. O la muerte del perro de una de las vecinas del piso de enfrente, donde Hitchcock juega con el drama de manera majestuosa.

Nos vamos a quedar quizá con la escena más obvia, pero la ocasión lo merece. Pura tensión, puro juego con el espectador y el suspense por parte del director británico. ‘La ventana indiscreta’ va terminando y Hitchcock nos entrega un momento inolvidable desde ese mismo instante en el que las compañeras de aventuras de Jeff deciden coger el toro por los cuernos. Liza, el personaje de Grace Kelly, va más allá y acaba en el piso del supuesto asesino. Se masca la tragedia, algo va a pasar. Hitchcock maneja el momento con maestría, para después situar la tensión en otro lugar, uno inesperado, el piso donde tan seguros nos sentimos. Una mirada del villano, el miedo en los ojos de James Stewart y la tensa espera. Esa tensa espera.

¿Por qué seleccionamos ‘La ventana indiscreta’?

Es Alfred Hitchcock. ¿Necesitamos más motivos? Vale. Es Alfred Hitchcock a lo grande. En una de las etapas de más creatividad de su carrera el británico hace magia con muy poco. Las inolvidables escenas, la mano del director y la facilidad con la que hace tanto con tan poco convierten esta película en algo especial. Queríamos hacer algo del británico, esta no era la primera opción pero nos hemos terminado por decantar por ella por la facilidad con la que, sutilmente, nos introduce el suspense y el miedo en el cuerpo desde una mera posición de mirones.