En 1930 uno de los más grandes directores de cine, John Ford, alejándose del Western que tanta gloria le daría, dirigió una de las primeras películas sobre submarinos de la historia del cine: Tragedia Submarina. No estaba ambientada en época de guerra, y en ella un submarino norteamericano se hundía cerca de la costa China, intentando sus tripulantes supervivientes, conseguir mantenerse con vida y salir del atolladero.

Misma temática que en 1950 llevaría Roy Ward Baker con Salida al Amanecer. Para entonces el cine de submarinos ya estaba a la orden del día gracias a la Segunda Guerra Mundial, pero en esta nueva obra un submarino británico en época de paz volvía a hundirse, con algunos de sus marineros en el fondo del mar, vivos, intentando sobrevivir y ser rescatados. Al final de ambas películas algunos de los miembros de la tripulación conseguirían salir vivos, dejando claro que la hora de agonía, claustrofobia y tensión que proponía cada film llegaba a tener cierto final feliz que contentase al espectador.

En el caso del film británico, no obstante, cabe señalar que el hundimiento de un submarino británico en el Támesis durante el rodaje del proyecto, podría haber influido en mandar un mensaje más optimista en un proyecto que casi no vio la luz. Kursk parte de la premisa de esas dos historias, un submarino nuclear en época de paz, que en unas maniobras acaba siendo destruido. La diferencia es que, en esta ocasión, el film no se basa en un hecho histórico de relifón, todo lo contrario. El film está dedicado a aquel submarino ruso que en el año 2000 se hundió acabando con la vida de todos los tripulantes y, por lo tanto, aquí no hay margen de maniobra para inventarse un final alternativo.

Kursk

Ese es el principal problema con el que se encuentra Kursk, sabes de antemano que toda la lucha por la supervivencia que estás viendo en la gran pantalla no valdrá para nada, no servirá para nada y, por lo tanto, no llegas a empatizar lo suficiente con esos personajes, algo desdibujados por centrar las casi dos horas de película en tres lugares diferentes. Kursk no está dedicado únicamente a los que allí murieron, sino que intenta ser un documento histórico de la negligencia e ineptitud de quienes mandaron en la Operación de Rescate, tardía, mal organizada y sin suficientes medios.

El cine de submarinos tiene en esa -vuelvo a repetir- tensión y claustrofobia, una de sus principales armas. Y si sabes de antemano que morirán todos, el spoiler más grande que te puedas echar en la cara, no te queda más remedio que asumirlo e intentar ver las virtudes del proyecto. Conocedor de que no podía plantearse hacer un film totalmente submarino sobre la supervivencia extrema, al saber de sobra que el destino final juega en su contra, Thomas Vinterberg se lanza a mandar el proyecto por otros derroteros.

Las bondades de Kursk

Juega con el formato de imagen, pasando de 4:3 a formato panorámico para dividir perfectamente el prólogo y el epílogo, con la Iglesia Ortodoxa como principal reclamo sobre la vida y la muerte, de ese formato más cinematográfico y espectacular para narrarnos el hundimiento e intento de rescate de la tripulación. El film mantiene su interés en los constantes rifirrafes entre el Gobierno ruso y las familias de los marinos rusos, y entre el Ejército ruso y la ayuda internacional que a pesar de existir fue rechazada -o más bien no tenida en cuenta- hasta que ya era demasiado tarde.

Culpa directamente la película a los propios rusos de la muerte de los pocos supervivientes que podrían haber conseguido ser rescatados en otra situación. Kursk es un interesante documento que mezcla realidad y ficción pero que acaba desdibujando a todos sus personajes exceptuando a la familia del principal protagonista, el oficial al mando del submarino. Lo que sucedería abajo es toda una incógnita, puesto que las versiones oficiales hablan de que pudieron sobrevivir incluso seis días, si bien otras versiones hablan de que apenas fueron unas horas.

Lo que está claro es que Kursk, metiendo su parte de ficción a la trama cinematográfica, si consigue salir a flote con vida gracias a su buen hacer a la hora de contarnos una histórica tragedia lo bastante reciente e interesante como para que nos mantenga pegados en la butaca. El niño protagonista, imagen clara del presente de rusia, pero que no deja de ser el futuro esperanzador del país. Su padre ha muerto en el Mar de Barens, pero estará en su recuerdo eternamente. De eso trata la película, de no olvidarnos de aquellos marinos rusos que murieron en época de paz por absolutamente nada de gloria.