El 28 de julio se cumplieron 22 años del estreno en Estados Unidos de Waterworld, película de Kevin Costner vendida para la historia como uno de los mayores fracasos de la historia del cine. Llegó a ser el proyecto más caro hasta la fecha, récord que le duró poco tiempo, el que tardó James Cameron en volver a sumergirnos en un banco de agua. Esa vez sí, la película tuvo éxito.

¿Qué podía fallar en semejante proyecto? Una película postapocalíptica que era una versión de Mad Max pero con agua hasta el cuello. Un tipo anfibio, casi todo humano pero con toque de pez, y una frase para la historia del cine: “No tiene nombre, para que la muerte no pueda encontrarle“. Y, por si fuera poco, con Dennis Hopper en el reparto. Recuerdo la cola para ir al cine, una película con semejante cola no puede ser un sonado fracaso… pero Waterworld lo fue.

Ya iba la crítica con el cuchillo entre los dientes, por el despilfarro monetario que estaba suponiendo. Y a la mínima la atizaron y la dejaron K.O. Sí, la película puede no ser un peliculón, pero no deja de ser un pasarratos palomitero que teniendo los ingredientes para ser un éxito, se ahogó por el camino. Y con ella, la carrera de Kevin Costner…

¿O no? Porque el bueno de Kevin hizo su apuesta al doble o nada apenas dos años después, cuando estrenó, en plenas fechas navideñas otra película postapocalíptica. Mezcla de la Guerra de Secesión con el futuro, y en medio de ello él, un cartero… sí, Costner volvía al western, ese que tanto éxito le había dado y en el que flirteaba con Waterworld. Sí, es un western marino.

The Postman, titulada aquí, Mensajero del futuro, y dirigida por el propio Costner, después de que con su colega Kevin Reynolds acabaran a malas tras Waterworld. Más de tres horas de western ¿crepuscular? post-apocalíptico para hacer el deleite de esos críticos que volvían a esperarle con los cuchillos entre los dientes. La apuesta de Costner fracasó por segunda vez… y el actor con más caché y consagrado de inicios de los 90 cavó ahí definitivamente su tumba.

Kevin Costner

Vida de éxitos

Kevin Costner (1955) saltó a la fama en los años 80 como galán de comedietas -Fandango, como punta de lanza, una joyita que recomiendo ver- hasta que Silverado, en 1985 y Los Intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987) le catapultarían al estrellato definitivo. Su pasión por el béisbol nos dejaría, a lo largo de su carrera, más de una película relacionada con la temática, si bien Campo de Sueños (1989) es la más reconocida.

En 1990 el bueno de Costner se pasó sorprendentemente a la dirección… y con un western: Bailando con Lobos. El género por antonomasia de Estados Unidos únicamente se había llevado una vez el Oscar a la mejor película… y había sido 60 años atrás, cuando Kevin Costner recogió los galardones de Mejor Película y Mejor Director. Estaba, sin duda alguna, en la cresta de la ola. Con 35 años tenía el Oscar como director por su ópera prima, mientras su carrera como actor comenzaba a despegar sin límites.

En el 91 estrenaba JFK, de Oliver Stone, donde quedaba claro que estábamos ante un actor que le daba a todo tipo de papeles, mientras rompía taquillas con su amigo Kevin Reynolds con Robin Hood: Príncipe de los Ladrones. Después, el exitazo que todos conocemos: El Guardaespaldas, con Whitney Houston, y Clint Eastwood le reclutaría para Un Mundo Perfecto, una de esas road movies para la historia, una persecución, una viaje a ninguna parte con un niño a cuestas. Ternura por todos los costados y de esas películas que me gusta reivindicar como de lo mejor que ha hecho el director… y el actor.

Todo iba bien hasta que en 1994 ni Wyatt Earp, su nueva aproximación como actor a las películas de vaqueros, ni hacer de veterano del Vietnam en The War, le dieron gloria, ni a nivel de crítica ni de taquilla. Tampoco las acribillaron, pero quedó claro que la varita por la que había sido tocado había perdido su efecto… y en esas llegó, en 1995 el sonado salto con doble tirabuzón a la piscina de Waterworld. Y nada volvió a ser igual.

Kevin Costner

Sombras

El fracaso de los dos mencionados proyectos hizo que Kevin Costner dejara de ser el actor que todos querían tener en su proyecto, y fuera perdiendo peso a la hora de aparecer en las revistas de turno. Nada de los que tocaba llegaba a tener éxito. Ni apostar por aparecer con Kurt Russell en una película, ni darle al béisbol… únicamente el drama político 13 Días, sobre la crisis de los misiles de Cuba, tuvo el apoyo de la crítica, no así el del público.

Su tercera película como director: Open Range, una curiosa manera de acabar con una trilogía dispar del western -no es que guarden relación entre sí, pero todo lo que ha dirigido tiene el toque de ese género- tampoco contribuyó. Y así estuvo Kevin Costner entre proyecto y proyecto con poco nombre y repercusión, sin salir de dramones que pasaban desapercibidos en las salas de cine.

Hasta que volvió al western a lo grande. En 2012, habiendo hecho las paces con Kevin Reynolds , colaboraban juntos en una miniserie titulada Hatfield´s & McCoys. A Costner le acompañaban otros actores venidos a menos como Bill Paxton y Tom Berenger, con lo cual era un reencuentro de viejas estrellas ochenteras/noventeras. El resultado fue unánimemente aplaudido por la crítica y acabó con Kevin Costner alzándose con el Globo de Oro y el Emmy al mejor actor de miniserie.

¿Y entonces? A partir de ahí Kevin Costner parece haber resucitado para las productoras. Como lo demuestra aparecer en la saga de DC como padrastro de Superman, en películas de acción como Jack Ryan: Operación Sombra, o en títulos interesantes como la nominada al Oscar Figuras Ocultas o Molly’s Game. Además, recientemente ha estrenado en Estados Unidos una serie dramática: Yellowstone, que ha logrado ser renovada por otra temporada.