El extraño agente secreto Johnny English está de vuelta en los cines, con sus gags y muy poca gracia. Aquí la crítica.

 

Rowan Atkinson. Memoricen su nombre. Mr. Bean para todo el mundo, incluso los hay que desconocen completamente su nombre y siempre les quedará ligado a su memorable papel. Antes de aquella gloria estuvo en una serie británica de armas tomar titulada La Víbora Negra. Probablemente su mejor proyecto, sin desmerecer al torpe señor alubia que le hizo mundialmente famoso. Desde hace unos años es Johnny English.

No vamos ahora a descubrir las virtudes de ese humor basado en los gestos, en la torpeza y en llegar a ser tierno. Mr. Bean ha formado parte de mucha gente, aún anualmente se siguen repitiendo los sketches navideños. Pero, por desgracia para Atkinson, hoy tocaba hablar de su nuevo estreno, la tercera parte de Johnny English, esa saga -porque así han querido- que intenta mezclar el humor de Mr. Bean y los utensilios y demás de James Bond, salvando las distancias.

Hace no mucho que pude ver la segunda parte Johnny English y, para sorpresa mía, me reí más de lo que pensaba. Eso sí, una película vulgar, con simplezas, sabiéndose en todo momento en qué liga juega. Perfecto, cumple su función y se pasa el rato… pero mejor en el sofá que en el cine. Aprovechando la Fiesta del Cine y que por 2,90 se puede disfrutar de algún film, y, en detrimento de alguna película que no se ha podido ver, me he aventurado a visualizar este retorno del retorno de Bean… Mr. Bean.

El resultado de esta tercera parte de Johnny English es más flojo de lo esperado. De cada 10 intentos de chiste solo un par hacen gracia. No ayuda que el tráiler muestre las pocas virtudes de un film que dependería, precisamente, de pillarte por sorpresa. Una sorpresa que lógicamente no podemos encontrar en el argumento, sencillo a más no poder, y que debemos buscar en intentar sacar una carcajada cada, al menos, diez minutos -que ya es poco-.

Sin embargo el bueno de Mr. Bean se nos ha hecho mayor. Las bromas cacareadas y repetitivas pasan factura y la frescura se pierde. Johnny English no es inmune a ese paso del tiempo y el espectador lo nota, aunque en la sala llegue a haber algún que otro momento para la carcajada. Un par de secuencias muy bien lanzadas: la de la máquina 3D y la fuga en el coche de la autoescuela -hasta ahí puedo leer- hacen subir un poco el nivel de una película que vaga por el sonambulismo puro y duro.

Se deja ver, sin llegar al bostezo -excepto si te pilla con sueño-, pero no es una película dedicada a ir al cine a menos que sea para verla en familia. Los más pequeños reirán las bromas de Johnny English, mientras los padres les contarán que ese hombre hacía cosas mucho más graciosas un tiempo ha… cuando bajo el nombre de Mr. Bean -o el de Blackadder, en La Víbora Negra- nos hacía pasar largos ratos en el entonces no tan cómodo sofá.