La segunda década de los 2000 nos ha dado el regreso de un cine de acción de calidad. Años en los que las distribuidoras no le temen a un género que en los 80 y 90 copaba las salas de cine y la taquilla. El estreno de ‘John Wick 3 – Parabellum’ fue no solo recibido con alegría, sino esperado con ansia. Suponía un gran estreno para muchos, uno de esos que se esperan como agua de mayo, como se espera un estreno de Marvel, de Tarantino o de Spielberg. Sí, ese nivel. Y a decir verdad, la película nos da lo que queremos y esperábamos. La saga continúa.

Cualquiera entiende que una saga puede tender a perder calidad. Le pasa a muchas trilogías o sagas cinematográficas. Quizá por eso aunque esperábamos lo máximo de ‘John Wick 3 – Parabellum’, estábamos preparados para una película más mundana. Las dos primeras dejaban el listón altísimo, difícil de igualar. Lo construido por Chad Stahelski es pura maestría dentro del género. La primera llegó a nuestro país de soslayo, con timidez, como no queriendo molestar. Tiró la puerta de una patada. La reventó.

Lo primero a destacar de ‘John Wick 3 – Parabellum’ es que, una vez más, las escenas de acción están rodadas a la perfección. Stahelski muestra un cuidado extremo al realizar sus coreografías. Algunas van a dejarnos la boca abierta, como en esa Casablanca donde no dejan títere con cabeza, mientras disfrutamos con unos perros que aportan un plus magnífico a la escena. Y sí, como ocurre en las anteriores películas de la saga, encontramos momentos en los que la acción roza lo paródico, notándose en exceso la coreografía, dejando claro el director que esto es un juego. Los espectadores, los fans, la queremos así, con estos guiños marca de la casa.

Dios bendiga a John Wick y Keanu Reeves

John Wick 3 Halle Berry

Precisamente esa es una de las grandes virtudes de ‘John Wick 3 – Parabellum’, saber lo que nosotros como fans queremos y cómo ellos aciertan al dárnoslo. No hay medias tintas en esta entrega, desde el minuto uno tenemos a John soltando mamporros por doquier, librando enemigos a diestro y siniestro. El motivo es sencillo: desde el minuto uno se nos deja claro que su tiempo es limitado y que su cabeza tiene un precio. Esa acción desatada que tanto nos gusta aquí se ve beneficiado por una sencillísima trama. Las motivaciones son simples, carecen de profundidad, pero nos da igual. Quizá eso funcione peor que en las anteriores pero, eh, ¿qué más da? Todo empezó por una mascota. Daisy siempre en nuestros corazones.

La técnica vuelve a rayar a un nivel espectacular. Los tonos de la primera entrega han quedado atrás de manera definitiva y aquí siguen explotándose las luces y expresiones visuales de la segunda película de la saga. Un acierto. Vemos absortos alguna de sus escenas. El juego con los espejos y los cristales es una muestra de cómo Chad Stahelski sabe lo que se hace en la saga John Wick. ¿Y el sonido? De diez.

Paso rápido de la técnica porque quiero llegar al gran protagonista de la cinta y de la saga. John Wick no se entiende sin Keanu Reeves. Nuestro héroe. EL héroe de acción que necesitábamos en este momento de nuestra vida cinéfila. Keanu vuelve a estar sublime, derrochando carisma en cada escena, en cada diálogo, y mira que el hombre parece hablar menos y menos cada vez. No es lo que le pedimos, así que perfecto. Keanu Reeves hace una extraña pero divertida e interesante pareja con Halle Berry durante un tramo de ‘John Wick 3 – Parabellum’. Se junta lo justo con Laurence Fishburne y se desata del todo en el clímax de la acción. Sencillamente perfecto.

Con la saga John Wick y esta tercera película seguimos celebrando el gran cine de acción. Se echa de menos aquellos años 80 y 90 donde recibíamos joyas cada poco. Esta saga, entre otros films, nos ayuda a recordar que el género sigue vivo. Y nosotros a disfrutar de Keanu Reeves, de John Wick y de Chad Stahelski, porque tienen cuerda para rato. Como el final de la película nos muestra, esto no está terminado aún. Aún queda Baba Yaga por disfrutar.