Cuando Heath Ledger falleció, muchos tuvieron la sensación de que lo hizo en su mejor momento. Había sido nominado al Oscar por Brokeback Mountain y fue quizá el mejor Joker de la historia en El Caballero Oscuro de Christopher Nolan. Se encontraba grabando con su amigo Terry Gilliam. Lo cierto es que, en lo que a actuaciones y cine se refiere, solo podemos señalar que Heath Ledger fue uno de los mejores de su generación. Tras su muerte, joven, exitoso y considerado un grandísimo actor, podemos decir que se convirtió en el James Dean de nuestro tiempo.

Las similitudes entre Heath Ledger y James Dean son varias. Comenzando por su estatus de grandes actores. Centrándonos en el actor australiano, Heath Ledger se lo ganó paso a paso. Arrancó con comedietas para adolescentes que, eso sí, eran mejores que la media. Como 10 Razones Para Odiarte. En Destino de Caballero se ganó la imagen de sex symbol para una generación, melena rubia al viento. Ya en El Patriota, de Mel Gibson, empezamos a apreciar con más nitidez el gran actor que se escondía detrás de ese aura de chico guapo y un tanto rebelde.

Monster’s Ball es también una de sus primeras grandes películas en lo que a actuación se refiere. Sin embargo, el gran reconocimiento no llegaría hasta 2005. Los Amos de Dogtown, Los Hermanos Grimm y la película que le lanzaría al estrellato definitivamente: Brokeback Mountain. Ahí, representando el papel de un hombre rudo, directo, de aparentes pocas palabras, se ganó a la crítica y al público para siempre. Se estableció como uno de los mejores actores del momento.

Brokeback Mountain

Pero ese nivel debía refrendarlo. La industria le empezaba a valorar como él creía que merecía. Sin necesidades de seguir haciendo comedias románticas o papeles de chico guapo. Quería arriesgar. Quería libertad. En 2008 llegó la confirmación. La segunda parte de la trilogía de Christopher Nolan sobre Batman necesitaba un Joker. Uno oscuro, al nivel del tono que Nolan le estaba dando a su trilogía. Y ahí encontró a Heath Ledger. Se preparó el papel a fondo. Arriesgó al pedirle a la productora un contrato por el que le pagarían gustase su trabajo o no. Aceptaron. Era alguien importante.

Semanas de preparación, y un Joker del que parecía no desconectar cuando terminaba el trabajo. Tras su muerte hubo rumores sobre si ser el Joker, ‘su Joker’, le traumatizó o tuvo algo que ver con el fallecimiento. Sus compañeros de rodaje lo desmintieron -no así la productora, siempre necesitada de una promo cueste lo que cueste-. Lo que hizo Heath Ledger en El Caballero Oscuro fue algo mágico. Increíble. El público terminó de enamorarse de un actor que tenía un mundo de posibilidades por delante. A la industria no le quedaba otra que caer rendido a sus brazos.

Precisamente esas grandes películas, esos grandes papeles que realizó con apenas 28 años de edad, es otro de los aspectos que une a Heath Ledger con ese mito inmortal que es James Dean. Al Este del Edén, Gigante, Rebelde Sin Causa. El Patriota, Brokeback Mountain, El Caballero Oscuro.

Además, ambos fueron unos incomprendidos en su momento. De James Dean ha llovido tinta sobre su manera de ver y vivir la vida, de experimentarla al máximo, en una época que solo entendía de convencionalismos. De Heath Ledger se podría decir lo mismo. Era alguien con aristas, con dudas, con idas y vueltas. Quería el éxito, pero no de cualquier manera y, cuando lo obtuvo, le aborrecía. Quería ser actor, pero no pagar el precio de la industria. Le gustaba perderse en festivales hippies, desaparecer de Hollywood y sus mecanismos, ser un ente libre, trabajar en lo que le gustase. Esto último solo lo consiguió, cruelmente, poco antes de morir.

El Caballero Oscuro

Ambos vivieron una vida de altibajos. Qué decir de un Heath Ledger que parecía convivir con mil demonios en su interior. Cuando comenzó a tener éxito como actor, desapareció. Cuando empezó a trabajar en obras que le interesaban, empezó a padecer diferentes problemas físicos que le obligaron a consumir demasiados medicamentos. Solo parecía ser feliz al lado de Michelle Williams, y su hija Matilda. Cuando esa relación se rompió, algo terminó por irse en el interior de Heath Ledger.

El fallecimiento de James Dean fue trágico, en un accidente de tráfico por sus ansias de correr, en todo, en la vida. El de Heath Ledger fue igualmente trágico. Le costaba dormir. Su cabeza iba a mil por hora incluso tras un día sin dormir. Tenía mil ideas. No podía ver a su hija. Su matrimonio se había roto. Y llego aquella maldita sobredosis casual de medicamentos, que dio pie a que la prensa sensacionalista lo tomase como un suicidio. Siempre ávida de carnaza. Sobre él, sobre un Heath Ledger que nunca disfrutó de una buena relación con los medios.

Dos actorazos, dos de los mejores de su generación. Varios papeles icónicos. Dos mitos, dos leyendas que nunca se irán. James Dean y Heath Ledger vivieron y sufrieron similares tribulaciones. Nosotros seguiremos celebrándoles, con sus películas. Su trabajo, su legado, siempre seguirá a nuestro lado.