Este fin de semana se estrena una de las dos películas más favoritas al Oscar y la que más nominaciones ha conseguido en esta Edición de los premios de la Academia: La Forma del Agua, ganadora en Venecia del León de Oro a la Mejor Película, protagonizada por Sally Hawkins, Michael Shannon, Octavia Spencer y Richard Jenkins, y con un mexicano tras las cámaras: Guillermo del Toro.

Que el cine fantástico y de terror está en la ola buena es bien sabido. Desde que se reconociera por fin la labor de un director por un film de ciencia ficción tras el Oscar a Alfonso Cuarón -Gravity- ya han sido nominados Miller -Mad Max: Fury Road-, Villeneuve –La Llegada– y este año Del Toro y Peele -Déjame Salir-. También lo está todo lo mexicano, no solo por el cantado Oscar a Coco, que también aspira a Mejor Canción; sino a que en los últimos 5 años podría haber cuatro Oscars para directores del otro lado del muro de la vergüenza presidencial: Cuarón, Del Toro e Iñárritu por doble ocasión.

Si algo tiene de mérito que Guillermo Del Toro pueda alzarse con la estatuilla es que él siempre ha sido fiel a un tipo de cine. A diferencia de otros directores que han picado diversos géneros, el director mexicano ha apostado desde sus inicios por lo fantástico, por la ciencia ficción y por el terror. Sus películas, bien sean dramas o más cómicas, tienen que hablar de fantasmas, de seres extraños, de muertos. En efecto, Del Toro es un friki que devoraría gustósamente festivales de cine como los de Sitges o la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián. Toca rendirle homenaje hoy que estrena la que es su película más alabada por los premios y la crítica.

A caballo entre Hollywood y el otro mundo

Su primer largometraje con todas las letras tras pasar por el mundo de los cortos como todo buen director que se precie fue Cronos. Una película de terror con un sensacional Federico Luppi -ganaría en Sitges el premio al mejor actor- y que arrasó en los premios de la Academia mexicana. Una Ópera Prima que le abrió de par en par las puertas de Hollywood. ¿Temática? Un artefacto en cuyo interior hay un insecto que se alimenta de sangre y ofrece la eterna juventud.

Empezó en Hollywood con la que quizás es su película menos lograda: Mimic. Uno de esos films noventeros con bicho mutante en plan Alien que se quiere cargar a todo lo que pilla a su paso. Volvería al cine de habla hispana y con presupuesto español para su siguiente largometraje: El Espinazo del Diablo, una película de fantasmas y niños -premisa argumental muy del agrado de Guillermo Del Toro- que suponía su primer acercamiento a la posguerra de la Guerra Civil. Contó con Eduardo Noriega para el reparto.

Aunque logró muy buenas críticas, Del Toro volvió a hacer las américas con Blade II, secuela con Wesley Snipes de protagonista. Cabe destacar que, gustase más o menos, la película contó con un toque de comic digno de alabar. También señalar que en el proyecto aparecía Ron Perlman, con quien ya había contado Cronos, y que sería la principal estrella de su siguiente proyecto: Hellboy, al que obviamente le escogió por guapo.

Hellboy devolvía a Guillermo Del Toro al mundo del comic como en Blade. La película lograría buenas críticas y en 2008 realizaría una secuela, nuevamente con Perlam y Selma Blair de protagonistas. Pero entre medio fue cuando Del Toro dejó de ser un prestigioso director de películas de fantasmas para ser alguien más. En 2006 había estrenado El Laberinto del Fauno.

Película con presupuesto español -en los Goya logró 7 premios aunque hincó la rodilla en los principales ante Volver de Almodovar- que llegó a recibir 6 nominaciones a los Oscars, incluida la de Guión Original y la de Mejor Película de habla no inglesa -por México-. Sin embargo no logró este último premio a pesar de todo el boom; sí consiguió tres premios técnicos, que para una película no rodada en Hollywood es toda una proeza difícil de igualar. Este viaje a un mundo desconocido de una niña -interpretada por Ivana Baquero– que parece una versión cruel y oscura de Alicia en el País de las Maravillas contenía monstruos increíbles como el que interpretaba Doug Jones.

Breve inciso. A Jones ya lo tuvo a sus órdenes para un papel en Hellboy, y volvería a contar con él no solo para El Laberinto del Fauno, sino para la secuela de Hellboy y sus dos últimos largometrajes: La Cumbre Escarlata y La Forma del Agua, donde tiene un personaje vital e importante, ya que él es el hombre-anfibio del que se encariña la protagonista de la película.

Vuelta definitiva a Hollywood

Guillermo Del Toro entró de lleno en Hollywood tras el éxito de El Laberinto del Fauno. Aunque siempre se habló de una trilogía de películas sobrenaturales dedicadas a la Guerra Civil española -o a su posguerra-, por lo pronto solo hay dos, ya que en 2008 optó por la mencionada secuela de Hellboy y posteriormente ha dedicado muchos esfuerzos a ser productor de unos cuantos largometrajes de terror como Mamá y a la creación de series como The Strain y Throllhunters -Netflix-.

En el mundo del cine tuvimos que esperar cinco años para su retorno tras las cámaras para una nueva frikada más cercana al mundo del cómic -parece mentira que no haya firmado aún ninguna película de los grandes superhéroes- como fue Pacific Rim, y la no tan lograda La Cumbre Escarlata, donde contó con un reparto de campanillas con Mia Wasikowska, Jessica Chastain y Tom Hiddleston.

Pero, sin duda, en 2017, once años después de estrenarse El Laberinto del Fauno, Guillermo Del Toro ha vuelto a resucitar muertos y fantasmas, en esta ocasión con La Forma del Agua, donde una mujer muda que trabaja en un laboratorio en plena Guerra Fría descubre que en un tanque tienen un hombre anfibio, del cual se enamorará. Una película romántica diferente, pero que mantiene el sello de su director, amante de los personajes raros, de los seres incomprendidos, de los fantasmas, y de los monstruos.