Hubo un tiempo en el que la exploración espacial era algo apasionante para el gran público. Sigue siendo apasionante, pero hoy el interés que esta genera en los medios de comunicación y la masa es menor. Quizá el hecho de no tener misiones excitantes ha hecho que giremos nuestra atención a aspectos más mundanos, como los avances tecnológicos aquí en la Tierra. Pero hubo un tiempo en el que los astronautas eran estrellas de rock. Corrían los años sesenta, el ser humano pretendía llegar a la Luna -para nunca volver-, explorar nuevos mundos. En First Man vivimos la historia de una de esas estrellas de rock. De la, quizá, más grande estrella de rock que dio la carrera espacial -con permiso de Yuri Gagarin-: Neil Armstrong.

Damien Chazelle ha hecho de First Man seguramente la más terrestre de las películas de viajes espaciales. Lo que el director nos muestra en el fin no es tanto ese primer viaje a la Luna, esa primera pisada, sino el viaje personal que Neil Armstrong realizó en aquella década de los sesenta. Un viaje íntimo e individual, en el que parece dejarlo todo de lado para cumplir el sueño laboral que amenazaba con atenazarle desde años atrás. Un complejo proceso personal que le convirtió en el primer ser humano en pisar la superficie lunar.

Acostumbrados a películas de viajes espaciales heroicas, de supervivencia, críticas, o espectaculares en lo visual una escena tras otra, First Man se destaca por ser lo contrario. First Man es, como decía, una película muy terrestre para lo que los viajes espaciales nos tienen acostumbrados. Ni siquiera se acerca a Apollo XIII. En First Man el protagonista puro y duro es Neil Armstrong, no el espacio ni lo que ocurre en él. Por más que sea el leitmotiv que mueve a nuestro guía en el film. Chazelle se centra en mostrarnos y acercarnos a un Armstrong bien interpretado por Ryan Gosling.

En una historia basada en hechos reales pero con toques de ficción en pos de la narración, vemos a un Armstrong tocado por la muerte de su hija Karen a los dos años de edad. Cuando le vemos de vuelta en su trabajo, sin pasar un mínimo duelo, empezamos a entender a un hombre que vive por y para su pasión: su trabajo. Esto unido al duro golpe por el fallecimiento de su niña irá moviendo el film, dejando en un lado secundario la trama espacial, por más que no deje de estar presente en la película.

First Man Película

Nos intriga saber cómo evolucionará ese afligido hombre. First Man se vuelve lenta, demasiado lenta quizá, para los estándares a los que estamos habituados en este tipo de películas. Lenta cuando nos muestra las diatribas que vive Armstrong, pero que nos envuelve en un ritmo muy diferente cuando de la NASA se trata. La parte más emocional del film está sujetada y reforzada por la gran actuación de Claire Foy. La británica da pasos firmes en su carrera hollywoodiense gracias a First Man, tras su papel como la Reina Isabel en The Crown.

First Man sigue avanzando lentamente en sus casi dos horas y media de metraje, en las que nos llegamos a cuestionar en algún momento si Chazelle ha acertado con el tipo de película que nos ofrece. Esperamos una historia sobre la llegada del primer hombre a la Luna y nos encontramos una sobre el primer hombre que llegó a la Luna. Suena parecido, pero no es lo mismo. Y esa historia Chazelle la cuece a fuego lento, sin prisas, dejándonos pistas sobre el carácter de Neil Armstrong aquí y allá.

Es en los últimos 30-45 minutos cuando First Man crece como film. Coincide justo con los instantes previos al viaje espacial de Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, hasta que estos llegan a la Luna. La última discusión familiar, en una escena magníficamente rodada y con una Claire Foy espectacular, dan paso a un vertiginoso viaje que nos llevará a sumergirnos casi en primera persona en ese espectacular, especial y único trayecto a la Luna. Todo cobrará sentido para Armstrong una vez ponga camino a la superficie lunar. Todo terminará allí, con una pulsera –una anécdota que parece real pero nadie está seguro de confirmar-. Un círculo narrativo perfecto, simple y cargado de belleza visual y emotiva.

Nosotros como espectadores también cerramos el círculo en ese instante, le terminamos por dar un sentido a todo y disfrutamos del interesante viaje que Damien Chazelle ha dibujado. Saboreamos cada escena con calma y esa mezcla de sabores coge una brillante forma al final. Sin olvidar unas escenas espaciales que están rodadas con una belleza y un cuidado visual que nos resulta exquisito. La Luna parece más extraterrestre y a la vez más normal que nunca. Chazelle arriesga con First Man dejando los musicales atrás, pasándose a este biopic espacial en tonos azules que convence. Un paso adelante para el director.