ESPARTACO

Director: Stanley Kubrick

Año: 1960

Reparto: Kirk Douglas, Laurence Olivier, Charles Laughton, Peter Ustinov, Tony Curtis, Jean Simmons.

Sinopsis: Espartaco, un esclavo convertido en gladiador, lidera una rebelión que el Senado romano no consigue sofocar. Tras varios triunfos, amenazan la estabilidad de Roma, rozando con los dedos la libertad que tanto ansían.

Clásicos Revancha
  1. El acorazado Potemkin, Serguei Eisenstein (1925)
  2. Ciudadano Kane, Orson Wells (1941)
  3. Testigo de cargo, Billy Wilder (1957)
  4. Sucedió una noche, Frank Capra (1934)
  5. Casablanca, Michael Curtiz (1942)
  6. La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock (1954)
  7. Días de vino y rosas, Blake Edwards (1962)

‘Espartaco’ conjuga a la perfección una perfecta unión de estrellas e ideas geniales, con la pizca de suerte necesaria para que todo salga como debe. Solo que en su caso la suerte fue un poco más que una pizca, ya que un cambio de director en pleno rodaje no augura nada bueno. Kirk Douglas, protagonista y productor de ‘Espartaco’, se cargaba a Anthony Mann para poner en la silla de director a Stanley Kubrick. De repente todo hizo click. Todo funcionaba a las mil maravillas. El resultado es una película fantástica, cine de gran altura, épica por todos lados. ‘Espartaco’ es un péplum memorable.

Sin embargo ‘Espartaco’ es mucho más que todo eso -que no es poco-. La historia del esclavo que lucha contra todo un imperio en pos de su libertad y la de los suyos no es nueva. Llámalo esclavo, llámalo libertador, llámalo x. Los aires de péplum e historia “real” -con perdonadas licencias en pos de la belleza y crecimiento de la trama- refuerzan la película. Su arranque nos introduce de pleno en las motivaciones del personaje, con una escena, picando piedra, que resulta tan magnífica como poderosa en su mensaje. En apenas unos minutos de película ya tenemos casi todo lo que hace a Espartaco él mismo y lo que vendrá. Quedan tres horas de largometraje y mucha, mucha tela que cortar.

Quiero empezar por los numerosos mensajes que transmite ‘Espartaco’. Y donde digo mensajes, en la mayoría de ocasiones quiero decir críticas. Quien sabe si porque Dalton Trumbo escribió el guion de ‘Espartaco’ con toda su alma, mostrando las carencias y defectos de la sociedad que le rodeaba, o quizá porque estaba harto de la injusticia que se realizaba con él por el simple hecho de ser comunista, de pensar diferente con respecto a lo que la sociedad estadounidense y occidental demandaba. El mismo Dalton Trumbo con el que comenzó a repararse la injusticia que se había llevado a cabo al situarle -y a otros compañeros- en una lista negra por la que debió utilizar seudónimos para hacer su trabajo. Todo, curiosamente tras esta ‘Espartaco’.

Espartaco’ es una muestra perfecta de la decadencia de un imperio, de la decadencia de aquellos que gobiernan y dirigen un imperio en caída libre, uno que no sabe que se encuentra cayendo. Nos muestra los defectos de una superpotencia, nos muestra sus vicios. Lo hace de una manera visual y directa, pero también nos enseña con sutileza nos hace mirar más allá para darnos cuenta de que el sistema está podrido en todas sus líneas. Desde el máximo dirigente al ‘mando intermedio’ que realmente no pinta nada en todo el sistema. Lo vemos en Craso y Glabro viajando por placer para disfrutar de unas peleas que no se ven en Roma, poniendo patas arriba el sistema dirigido por Batiato. Un Batiato que es una parodia, magistralmente ejecutada por Peter Ustinov, un personaje que va del negrero tirano al lameculos más repugnante en apenas un minuto.

Espartaco película

Hay una obvia defensa de los movimientos por los derechos civiles de Estados Unidos, tan en boga en aquel 1960 en el que se estrenó la película. El ejército de ‘Espartaco’ lo conforman hombres y mujeres de cualquier color. Esa igualdad y libertad por las que sueñan los esclavos. La unión del pueblo ante el déspota gobernante, ante una clase alta que solo piensa en sus privilegios y defenderlos a costa de cualquiera. Sí, es un film con un notorio tinte izquierdista. La lucha contra la opresión, contra el sistema que no apuesta por los suyos. Temas, todos ellos, bien presentes en la película. No necesitamos rascar para encontrarlos.

Con esos temas ‘Espartaco’ crece. Recalco el crece. Porque es una excelente obra que se siente reforzada y ampliada con dichos temas, pero que tiene muchas más vida. ‘Espartaco’ es una de las mayores películas épicas jamás creadas. Sus tres horas de duración se hacen cortas gracias a lo agudo de su guion, que sabe dónde poner la atención en todo momento. No todo es acción, no todo es aventuras, no todo es tensión, no todo es política, no todo es comedia y no todo es romance. Pero todo ello está presente durante el metraje, fluyendo alegremente y logrando que su larga duración no sea un problema, sino más bien lo contrario.

Espartaco esclavo

Las tres horas de película nos llevan de un lugar a otro sin respiro. Dos centros de atención: allá donde está Espartaco y el Senado de Roma. Que de Roma apenas veamos poco más que el Senado y quienes allí se sientan es toda una declaración de intenciones. Las intrigas políticas son ideales, reforzadas por la presencia de unos sublimes Laurence Olivier y Charles Laughton. Todo lo que ocurre allí parece ir con calma, y nada más lejos de la realidad. Durante la parte central del film lo importante se cuece allí.

Para llegar a ese momento necesitas de un inicio que en ‘Espartaco’ es pura aventura. Puro entretenimiento sin descanso, donde Stanley Kubrick y Dalton Trumbo refuerzan en el espectador ese personaje protagonista que es el Espartaco de Kirk Douglas. Todo resulta arrebatador. Y cuando la revuelta estalla, das un respingo en el asiento y te lanzas con ellos a por la libertad. Excepto si tributas en Andorra, pero ese es otro tema. Todo bien hilado, todo muy medido, como acostumbra la mano del genial Stanley Kubrick. Curiosamente en la película que más atado de pies y manos estaba, pero en la que demostró que los estudios podían darle toda su confianza. Se hizo aún más grande.

Me queda parar en el final. Un final sí, épico. Pero es que no hay más palabras posibles por más que repita la misma. Esa batalla en la que vemos un ejercito romano inmenso y ordenado, el desorden que da la libertad de los esclavos. Dos sistemas frente a frente. La confianza en el de al lado y la necesidad del orden para evitar el miedo y la derrota. “Yo soy Espartacocomo símbolo de la unión del pueblo. Las crucifixiones. El adiós entre Espartaco y Varinia. El triunfo del poder ante el pueblo, de la tiranía ante la libertad.

Mucho he hablado de sus temas para tener la sensación de haber dejado de lado la película. ‘Espartaco’ es una aventura magnífica, pura historia del cine. Apoyado en unos escenarios descomunales y brillantes, tanto que uno se siente parte de esa Roma clásica. Apoyado, también, en una banda sonora magnífica obra del gran Alex North, empleada con esa clara intención agudizadora que solía mostrar Kubrick. El estelar reparto. Espartaco es una de esas películas que parece delito no darse el capricho de saborear por lo menos una vez en la vida.

Espartaco Clásicos Revancha

La escena de ‘Espartaco’

Quedarse con solo una escena de cada uno de los Clásicos Revancha que venimos rescatando es la tarea más difícil. Sin ninguna duda. Ahora me planto ante una descomunal obra de tres horas con escenas magníficas por doquier. Lo fácil sería quedarnos con ese “Yo soy Espartaco”, por ser un directo a la yugular y a la vez una de las escenas más repetidas y parodiadas de la historia. Así que intentaré ser algo más original. Mucho o poco, tú decides. Voy a elegir tres, por lo cual original tampoco seré mucho.

En primer lugar, la escena que nos muestra a los gladiadores antes de salir a la arena, dispuestos a morir porque así se lo han ordenado, en la visita de Craso y Glabro, es digna merecedora de ser reconocida. Dura, tensa, aterradora. La batalla final no puede ser menospreciada, en tanto a cómo Kubrick consigue mostrar la llegada del ejército romano y su disposición sobre la hierba. No es baladí destacar esa mirada desde el punto de vista del ejército de Espartaco, generando en nosotros la tensión que sufría cualquiera que estuviera ahí presente. Miedo. Y, cómo no, otra lucha, la que junta a Espartaco con su querido amigo Antonino, ambos peleando con todo puesto sobre la arena para evitar que su amigo fallezca en la cruz. Ahorrarle sufrimiento. Pensamiento comunitario, por el prójimo, hasta el último aliento.

¿Por qué seleccionamos ‘Espartaco’?

Si no te ha quedado claro ya, mal vamos. Diré sin miedo a equivocarme que ‘Espartaco’ es el clásico en el que más me he explayado. Motivos muchos. Para empezar, por las ganas que teníamos de contar un buen péplum. Por su reparto, en especial por Laurence Oliver y Charles Laughton. Cualquier escena que les una es un rato de CINE, con mayúsculas. Por ser una obra magnífica. Por su mensaje, desde luego. Por Stanley Kubrick. Y bla, bla, bla…

Con todo eso presente, el mayor mérito de ‘Espartaco’ para aparecer en Clásicos Revancha es ser un entretenimiento mayúsculo. Entendido el cine como tal, ‘Espartaco’ nos ofrece tres horas de aventuras y épica que aún más de 5 décadas después son recordadas. Ese legado es inolvidable e imborrable, al menos en cualquier cinéfilo que disfrute de esta película.