El tercer hombre

Director: Carol Reed.

Año: 1949

Reparto: Joseph Cotten, Orson Welles, Alida Valli, Trevor Howard, Bernard Lee, Paul Hörbiger.

Sinopsis: La extraña muerte de Harry Lime hace que Holly Martins, su mejor amigo, se decida a descubrir qué ha ocurrido realmente. Pronto descubrirá que en esa Viena derruida nada es lo que parece y que incluso su amigo esconde más de lo que le cuenta.

Clásicos Revancha
  1. El acorazado Potemkin, Serguei Eisenstein (1925)
  2. Ciudadano Kane, Orson Wells (1941)
  3. Testigo de cargo, Billy Wilder (1957)
  4. El gran dictador, Charles Chaplin (1940)
  5. Sucedió una noche, Frank Capra (1934)
  6. Casablanca, Michael Curtiz (1942)
  7. La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock (1954)
  8. Días de vino y rosas, Blake Edwards (1962)
  9. Espartaco, Stanley Kubrick (1960)

Al encarar este nuevo episodio de #ClásicosRevancha, cuando justo nuestro repaso al cine clásico cumple diez capítulos, me suponía un dilema. Quería tocar un género aún no repasado, ofrecer algo nuevo y diferente a lo ya hecho. Creo que fue un acierto decidir que era turno de cine noir y de ‘El tercer hombre’. Obra maestra del género y del cine. ‘El tercer hombre’ cobra una relevancia especial al analizar todo lo que la rodea y ofrece. No es poco. La apuesta de Carol Reed fue mayúscula y le salió ganadora, al menos para los anales de la historia del séptimo arte.

La propuesta de ‘El tercer hombre’ es bien sencilla en su argumento: un hombre de nombre Harry Lime fallece en extrañas circunstancias y su mejor amigo, Holly Martins, se siente en la obligación de esclarecer qué ha sucedido realmente con él. Donde había dos hombres moviendo el cuerpo, de repente son tres y ese tercer hombre define la trama. Todo esto en una Viena semiderruida tras la Segunda Guerra Mundial, que Reed nos muestra con acierto con el juego de luces y planos que define la cinta.

Es la manera de contarnos la historia y la plasmación de su guion lo que nos engancha a la película. Amén del inteligente uso de recursos técnicos, como su cuidada pero nada sencilla fotografía llevada a cabo por un excelso Robert Krasker. Paremos aquí un segundo. El juego de luces que nos proponen Krasker y Reed resulta clave en el desarrollo y devenir de ‘El tercer hombre’, y es que la película aumenta su tono de suspense y misterio a partir de este hecho. Genera en el espectador acertadas sensaciones de duda e intriga, con ese tono sombrío que va cambiando con el uso de las luces, su posicionamiento, movimiento y estructura.

Otro de los aspectos a destacar y que hacen que ‘El tercer hombre’ merezca más de un visionado es el uso de la cámara. La posición en la que sitúa a esta Carol Reed y el uso de diferentes planos –así como de la profundidad de campo- insisten en esa idea de intriga que la historia, per se, no aporta en demasía. No nos engañemos: la trama en su aspecto general es una cosa sencillita sin mucho que rascar, lo que le da la profundidad son estos detalles que vamos descubriendo según avanza el film. El uso de la cámara es capital a lo largo del film, pero es en la secuencia final bajo las cloacas de Viena donde gana una relevancia extra. Ahí Reed juega más que nunca con ella para mostrarnos las dudas que atormentan a Lime en su huida hacia un final esperado. Una secuencia para la historia del cine.

El tercer hombre

Como lo son casi todas las que incluyen a ese Harry Lime al que da vida un maravilloso Orson Welles. Welles fue un grano en el culo durante el rodaje, desapareciendo por dos semanas sin dar señales de vida, o no queriendo grabar en las cloacas vienesas para decidir hacerlo una vez habían construido un escenario adecuado a sus exigencias. A cambio sin él la película no sería igual. Porque su aparición es historia cinematográfica, con ese juego de luces y la sonrisa cínica que parece solo él es capaz de darnos. Amén de la secuencia final y, sí, la escena en la noria que es otra para la leyenda. Más sobre esto abajo.

El apreciado uso del picado y el contrapicado ayudan además a hacer hincapié en esa Viena vacía y derruida, de posguerra, aún destrozada sin ver un futuro claro por delante. Además, la reiterativa y acertadísima banda sonora compuesta por Anton Karas, con solo la presencia de una cítara en ella, genera en nosotros la misma sensación de claustrofobia que sufre Holly Martins al verse sumergido en ese océano de imposibles, entre unos que le miran con duda, otros que no quieren dejarle tranquilo y, entre medias, un caso, el de la muerte de su amigo, que solo le crea incertidumbre a cada paso que da.

El tercer hombre película

Hay algo de existencialismo en ‘El tercer hombre’, en una pelea eterna entre el bien (Martins) y el mal (Lime). Este mal se nos muestra en un tipo que parece asumir que no le queda otro remedio, que su ser solo es un efecto de sus circunstancias, mientras que enfrente se nos muestra a un hombre, Martins, que se niega a aceptar esto. Lime es malo, desprecia al ser humano, se ríe de la solidaridad de sus semejantes, solo cree en sí mismo y en que todo vale para lograr sus deseos. Unos deseos que parecen pasar por ser los de un semidios a su manera. Puro narcisismo.

Quiero destacar también el trabajo del trío protagonista. Orson Welles está excelso en ‘El tercer hombre’, tanto que roba la película en su segunda mitad. En la primera no aparece. Joseph Cotten (Holly Martins) lidera con maestría nuestra búsqueda del amigo, creíble, genial de principio a fin. Y Alida Valli (Anna), una nota de melancolía entre tanta intriga, entre tanta angustia. Una actuación estelar, una belleza tan clásica como moderna, una aparición estelar que ilumina cada escena, robando cada plano. El final, con ese caminar dejando en soledad a Martins, es de una dureza y realidad que acongoja.

La escena de ‘El tercer hombre’

Toca quedarse con cualquier escena en la que aparezca Orson Welles. Simple y llanamente, esto es así. Lo fácil sería ir a la majestuosa persecución final por las cloacas de Viena, pero vamos a ser todo lo original que nos permite su breve trabajo. Por tanto elegiré los otros dos momentos clave de la película. Ya han sido mencionados pero, eh, los recuerdo por si acaso.

En primer lugar la primera aparición de Harry Lime en ‘El tercer hombre’. Maravillosa, enigmática, historia, leyenda del cine. Esa cínica sonrisa resulta inolvidable para todo aquel que la haya disfrutado. Igual sensación nos llega con la segunda de las escenas que selecciono, esa que nos sitúa en la noria, en un plano casi celestial, con Lime dejando entrever que los seres humanos somos simples marionetas en su juego, que él está por encima de todas las cosas, amén de esa mención a Suiza, Italia y las guerras que ha quedado para la leyenda.

Ah, sí, disculpadme un segundo. Se me olvidaba mencionar EL PLANO. Ese que nos muestra los dedos de Harry Lime aspirando a tocar el aire por una última vez, un aire puro y limpio que nunca más disfrutará porque no lo merece. Ha llegado su final, en el infierno, en las cloacas. Curioso que esos dedos no fuesen los de Welles sino los de Carol Reed.

¿Por qué seleccionamos ‘El tercer hombre’?

Banda sonora, fotografía y juego de luces, posicionamiento de cámaras, una historia que va más allá de su aparente simplicidad, la aparición de Orson Welles, una trama divertida e interesante… ¿En serio necesitas más motivos después de todo lo que te he contado? Quizá no ofrezca nada nuevo pero es que todo lo hace bien. Además tocaba arrancar con un noir y esta ‘El tercer hombre’ considerada una de las mejores películas británicas de todos los tiempos, era una opción maravillosa.