Diciembre de 2001 comenzaba y aunque nosotros aún no lo sabíamos, al final de ese mes nuestras vidas habrían cambiado cuanto menos ligeramente. Aquel mes se estrenaba en los cines de todo el mundo la primera de las películas de una trilogía que haría historia: El Señor de los Anillos. Poníamos nuestro primer pie en la Tierra Media, de manera visual y física, nuestros ojos al fin disfrutaban de aquellos bellos parajes y épicas aventuras que J.R.R. Tolkien había descrito y contado cincuenta años atrás. Con eso muchos éramos ya felices, pero resultó que Peter Jackson nos dio una maravillosa noticia con sus películas de El Señor de los Anillos: eran magníficas.

Superaban nuestras expectativas. Llevarlas a cabo fue un arduo proceso para Peter Jackson, un sueño hecho realidad, quizá un sueño húmedo incluso. Un niño con zapatos nuevos, así debía sentirse. Y así era como nos sentíamos los seguidores de esa historia dividida en tres partes. El Señor de los Anillos en su versión trilogía cinematográfica nos enseñó muchas cosas. La saga llegaba a una industria y un mundo donde solo Star Wars y Star Trek parecían levantar las pasiones que alcanzaría la Tierra Media. Un fanbase a gran escala, fiel y que devora todo el material que le ofrezcas. El Señor de los Anillos ayudó a seguir abriendo el camino iniciado por las dos franquicias mencionadas. Además llegó en el momento perfecto, o quizá solo cuando debía, pero no podemos obviar la importancia de una primigenia Internet y lo que esta ayudó al boom de las películas de El Señor de los Anillos.

Webs dedicadas exclusivamente a la trilogía cinematográfica y todo el lore de Tolkien, foros, chats, cualquier sitio nos valía para seguir absorbiendo información. Así iba creciendo nuestra ansia de conocimiento y ganas de que llegasen ya las dos restantes partes de la trilogía. El Señor de los Anillos fue un proyecto único en su momento. Un rodaje de tres películas realizado en un año continuado, con todo el equipo reunido in situ durante más de 400 días. Las relaciones que forjaron en ese rodaje se nota en la química de su reparto. Además el estreno de El Señor de los Anillos era un evento esperadísimo en el cine por todos los fans de los libros y Tolkien, sin embargo pronto superó ese nicho para convertirse en algo global.

Hoy tenemos las películas de Marvel, de DC, Harry Potter, etc, pero cuando el equipo de El Señor de los Anillos se metió en harina nada de eso existía. Aún. Quizá por eso la trilogía de Peter Jackson tiene algo de innovadora, ya que el director y su equipo no solo realizaron una adaptación de un libro querido por muchos, sino que también significó el inicio del cambio en la industria de Hollywood tal y como la conocemos hoy. Esos proyectos imposibles hoy resultan viables sin dudar. Cuando Peter Jackson intentaba vender la idea de El Señor de los Anillos se resignaba a hacerlo en dos películas a sabiendas de que la épica de Tolkien se vería mermada. Muchos estudios le daban la espalda porque eso de apostar por dos películas sin conocer el resultado en taquilla de la primera era imposible.

El Señor de los Anillos trilogía cine

Aquí entroncaba otro problema de la preproducción de la película. Nadie parecía dispuesto a apostar por una película de fantasía, considerado un mercado de nicho, no hablemos ya de ponerle un presupuesto de superproducción. Esa fue otra barrera destrozada por El Señor de los Anillos, que consiguió que no solo los amantes de la fantasía acudieran al cine sino que se convirtiera en un evento global. Enganchó a todo el mundo, no solo a fans o ‘frikis’ como eran considerados entonces y sin duda sentó las bases para que otros como el MCU se abriesen camino después. No digamos ya Juego de Tronos o Las Crónicas de Narnia. Algo que está por ver es si todos estos productos que llegaron después consiguen trascender y superar el momento, convertirse en algo culturalmente relevante y llegar más allá como sí hicieron El Señor de los Anillos, Star Trek o Star Wars.

De repente todos querían unirse y probar eso del rol, sentarse en una mesa y jugar a (Advanced) Dungeons and Dragons, Vampiro o La Llamada de Cthulhu. Todos buscábamos novelas de fantasía que completasen nuestras ansías de evasión y llegar a mundos tan similares como diferentes. Vivir aventuras épicas. Las películas de El Señor de los Anillos consiguieron que aficiones consideradas ‘frikis’ o ‘raras’ empezasen a verse de una manera diferente. En aquellos días friki era una palabra aún despectiva. Aún quedaba mucho trabajo por delante y mucho tiempo por pasar para que el cambio se produjera y llegase una especie de beneplácito mainstream definitivo. De hecho la trilogía de El Señor de los Anillos parece una partida de rol épica, una campaña hecha a lo grande. Cuenta con unos héroes que se reúnen de casualidad, que cuando inician su aventura están lejos de ser los héroes que son al terminarla, que necesitan su aprendizaje, su camino, sus batallas, así como vivir unas locas y épicas aventuras.

Los amantes de los libros teníamos un miedo: que Peter Jackson nos fallase y no fuese fiel al libro, su historia, épica y personajes. Nada más lejos de la realidad. Con la trilogía de películas de El Señor de los Anillos quieres saborear la historia y esas tierras, quieres caminar con los protagonistas y absorber cada detalle que nos regala Peter Jackson. Consigue incluso que uno quiera seguir sentado en su asiento tras las más de 9 horas de metraje, porque queremos saber qué pasa con cada personaje. Hubiéramos firmado una especie de spin off para cada uno de los principales protagonistas. Porque en El Señor de los Anillos Frodo, Sam, Gandalf, Aragorn, cada personaje es tan rico y cada actor lo encarna tan bien que no te cansas con cada revisión. Disfrutas con diferentes matices que vas observando.

En el éxito de El Señor de los Anillos jugó un papel importante Nueva Zelanda. Las excelentes localizaciones y paisajes que nos ofrecía Peter Jackson en su país natal eran tal y como las habíamos imaginado al leer los libros. De repente las películas de El Señor de los Anillos confirmaban la magia que sentimos cuando leímos los libros. Una historia de blancos y negro, de buenos y malos, de lucha de los héroes contra el villano malvado. El viaje del héroe. La historia más clásica genialmente contada. El Señor de los Anillos, trilogía de películas o libros, engancha no por sus batallas o espectaculares escenarios, sino por su historia y sus personajes. Y Peter Jackson consigue llevar a la pantalla esa magia del libro. Navegó a contracorriente y logró el éxito por ser fiel a sí misma. Eso se lo debemos a Peter Jackson, a sus actores, a los efectos especiales y a todas las personas que trabajaron en ella. La saga se hizo eterna gracias no solo a ellos y su magia, sino a unos fans que cada poco volvemos a ella. Que intentamos meter a nuestros amigos, parejas, familia, en un vicio que consideramos el mejor posible. El Señor de los Anillos quizá ayudó a cambiar la forma en la que la industria de Hollywood concebía su manera de hacer películas, pero en ese caso fue para bien. Yo quiero más trilogías como El Señor de los Anillos, más películas como estas. ¿Quieres que hablemos de El Hobbit? No, yo no. Quedémonos con lo bueno. Amor eterno por El Señor de los Anillos, Peter Jackson y Tolkien.