Cuando se anunció el proyecto de El Regreso de Mary Poppins yo era escéptico con el proyecto. ¿Para qué se iba a hacer una secuela de una película que tiene más de 50 años? ¿Por qué ahora un proyecto así, donde la magia de aquel cine se ha diluido dejando paso al cine de superhéroes y palomiteces varias? La verdad es que podía ser algo realmente arriesgado.

El resultado, a la vista ha quedado estas navidades -fechas ideales para el film- es satisfactorio. La casa-barco ha llegado a buen puerto y la tormenta se ha traído -y llevado- nuevamente a Mary Poppins, poniendo en nosotros cierta alegría, si bien al chaval de delante -edad de estudiar la ESO- le pareció aburrida. Cuestión de gustos, los musicales a chavales ilusionados con las nuevas tecnologías le parecen tediosos, las nuevas generaciones.

Pero El Regreso de Mary Poppins, si bien hay que reconocer que no llega al nivel -ni se le acerca- de la gran primera obra, está hecha para que los pequeños la disfruten pero, sobre todo, para que los nostálgicos mayores también pasemos un rato agradable. Porque el mensaje del film está ahí para quien quiera cogerlo: ¿Por qué renegar y renunciar a nuestra infancia? Ese par de niños que han crecido olvidándose de que Mary Poppins hiciera todas aquellas mágicas cosas, que no creen a sus padres cuando hablan de las hazañas de tan famosa niñera, podemos ser perfectamente nosotros.

Porque es en la parte mágica, en ese universo de cuentos donde encontramos las mejores canciones, incluyendo el regalazo hecho a Meryl Streep con otro de los temas más interesantes, donde la película encuentra el rumbo y el acomodo definitivo. Antes, en su inicio, se limita a anunciarnos los entresijos de por donde va a ir la historia de la película. ¿Necesario? Rotundamente no, simple excusa para hacer El Regreso de Mary Poppins.

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Porque sí, los guionistas han construido una historia realmente pobre argumentativamente que cuando nos intenta meter en ella nos aburre y no nos dice realmente nada. Es cuando Mary Poppins -genial Emily Blunt– nos adentra en su fantasía, cuando la película se hace entretenida y nos recuerda a aquellos años 60 y al musical original.

Toda la magia está ahí, para quien quiera cogerla. Quien reniegue de su infancia se aburrirá de principio a fin, pero quien coja el paraguas que le tiende Poppins, verá que es divertido salir del cine casi tarareando alguna de las pegadizas canciones. No tenemos grandes hits como Supercalifragilisticoespialidoso o el “con un poco de azúcar“, pero los temas de este nuevo proyecto están bastante bien trabajados.

Al final queda una película amable, infantil, hecha para toda la familia, donde los buenos son buenos todo el rato y los malos son malos todo el rato. Un entretenimiento conseguido gracias a buenos momentos musicales y al buen hacer de un especialista en cine musical como es su director: Rob Marshall (Chicago). Nos devuelve a nuestra infancia, esta vez sin azúcar, pero con un buen y aventurero baño.

Mención especial para Lin Miranda, un auténtico artista que borda su papel y del que, por desgracia, pocos hablarán. Él y Emily Blunt son quienes mantienen la magia y la gracia (y salero) de El Regreso de Mary Poppins. Del guión, ya hemos dicho, mejor no hablar. Y del resto de actores destacar esos cameos o pequeños papeles de gente importante donde solo trascenderá el nombre de Van Dyke. El resto de cameos, ya los iréis viendo en la película.