Si uno realiza una búsqueda de la taquilla cosechada por El hoyo en su tiempo en las salas de cine, no tardará en darse cuenta de que pocos espectadores la vieron. Es de reconocer que aquellos que pudieron verla en salas hablaron maravillas de ella. Ahora, tras su reciente estreno en Netflix en marzo de 2020, la película dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia es la sensación de la temporada. El boca a boca y las redes sociales, unido al confinamiento al que se ha visto obligada la población española por el Coronavirus, han hecho el suficiente trabajo para que sea, día tras día, una de las películas más vistas de la plataforma en España. Algunos incluso realizan comparaciones con Parásitos. Palabras mayores.

El hoyo además venía precedida de su éxito en el Festival de Sitges, siendo la primera película española en hacerse con el principal galardón en solitario. Méritos suficientes para haber tenido una mayor relevancia en salas, pero bien es cierto que ese género de terror psicológico en el que se encuadra no suele tener grandes resultados en la taquilla española. No jugó en su favor el hecho de no aparecer en demasiadas salas, solo 90 a lo largo de la geografía española. El caso es que el sofá es más cómodo y sus resultados no engañan: El hoyo gusta y ha enganchado a los espectadores de Netflix. No se habló de otra cosa el fin de semana de su estreno en la plataforma.

Y no es para menos, porque la película tiene virtudes suficientes para darle al espectador una hora y media muy buena. Dicho esto, voy a empezar precisamente por su punto más débil, que no es otro que su final. Ahí muchos sitúan su mayor defecto, ya que aparentemente no termina de cerrar lo que previamente ha abierto. Algo que por otro lado suele ocurrir con demasiada frecuencia, más de la deseada al menos, en aquellas obras con un planteamiento distópico como el de El hoyo. Sin embargo, para mí, su final no es tan ‘débil’ como algunos indican.

No sé si habrá un posible mejor final, pero el existente funciona. Y lo hace por un motivo que parece obvio: el verdadero protagonista de El hoyo no es ese Goreng fantásticamente interpretado por Iván Massagué, no. El principal protagonista de la película es precisamente el propio hoyo. Ese edificio y lo que supone y genera para sus sufridos y dependientes moradores. Lo que esa estancia genera, las relaciones a las que obliga, las acciones a las que lleva El hoyo, son las verdaderas protagonistas del film. Sus personajes son meros vehículos para el desarrollo de lo que supone vivir en El hoyo.

El hoyo

¿Qué es El hoyo? Una plataforma con un incontable número de pisos, dos personas por nivel, y una única comida diaria, servida de arriba a abajo. ¿Qué significa esto? Tú comerás lo que dejen los que sobreviven en los pisos superiores. La caridad es inexistente. El hoyo se rige por la ley del más fuerte. Es el salvaje oeste entre cuatro paredes. Los delirios y paranoias que se generan en Goreng son obra del fatigoso día a día del hoyo.

Galder Gaztelu-Urrutia consigue sumergir su film en un crescendo cargado de tensión y suspense, logrando así introducirte en su microuniverso. Porque El hoyo es eso, cuatro paredes sin final, y para cuando nos hemos dado cuenta, en 15 minutos, estamos tan dentro como Goreng y compañía. A esa tensión y suspense le añadimos el toque de mensaje social tan necesario en cualquier distopía que quiera ser buena y coherente, y ya tenemos los principales ingredientes que hacen de El hoyo una película no solo recomendable, sino de obligado visionado. Y que no te engañe su aura de bajo presupuesto.

De hecho su bajo presupuesto no se nota en donde quizá más podría hacerlo, que es en los decorados. Esto lo consigue con una genial y muy inteligente puesta en escena. Algo que ayuda a sentir el agobio que padecen sus personajes, esa ansiedad que va calando en los huesos de todo el que pisa El hoyo al ver que está en el nivel equivocado, en el nivel donde no comerá. Personas, comida y niveles. El guion de David Pesola y Pedro Rivero sabe con qué poco se puede poner a las personas al límite. ¿Acaso no visteis los supermercados los días previos al confinamiento por el Coronavirus?

No quiero irme sin una mención al excelente trabajo de Zorion Eguilor como Trimagasi. El miedo y la tensión salen de sus ojos y de su boca. Obvio. Con todo lo dicho, el final podrá gustarte o no, pero será difícil que salgas indiferente de la experiencia que te propone El hoyo. Sin duda no solo una interesante y buena película, también una reflexión a realizar cada uno, de manera individual, sobre lo que vemos en pantalla.