Más de veinte años para poder rodar y estrena su Quijote y una vez logrado el objetivo Terry Gilliam ha terminado por pinchar en hueso. El Hombre que Mató a Don Quijote es un quiero y no puedo, un film que adolece de algunas de las marcas de la casa del autor inglés. Un largometraje que, en resumen, es irregular y quizá el film más ‘normal’ de todos cuantos ha firmado el ex de los Monty Python. Y eso cuando tu nombre es Terry Gilliam es un punto negativo. El Hombre que Mató a Don Quijote no es la película que estábamos esperando. Pero al menos ya esta aquí, entre nosotros.

La crítica ha golpeado duro a El Hombre que Mató a Don Quijote, y motivos tienen. Es un film por momentos hasta simple -en la medida en que el director es quien es-, una película que en los instantes en los que consigue atrapar la atención del espectador no tarda demasiado en perderlo. Gilliam ha hecho una película simpática y entretenidilla. Los problemas que vemos ahí son dos: por un lado que se queda en eso; por otro el ‘-illa’ con el que completamos el adjetivo.

Las complicaciones del largo y desastroso proceso de producción del film se notan en el resultado final de El Hombre que Mató a Don Quijote. Intenta ser ingeniosa sin conseguirlo, graciosa sin lograrlo, y entretenida mientras el espectador mira el reloj pensando en cuánto queda. En mitad de la proyección corría por mi mente una peligrosa pregunta: “¿seguiría viendo la película si en vez de estar en una sala de cine, estuviera sentado en el sofá de mi salón?”. Me dio miedo pensar en la respuesta.

Reseña El Hombre que Mató a Don Quijote

Terry Gilliam nos plantea diversas cuestiones en el arranque de la película y por desgracia para el resultado final, no se decide a atacar a fondo ninguna de ellas. Va pasando de soslayo, yendo de un lado a otro, sin rumbo ni destino aparente. Una mezcolanza de diferentes ideas que no van a ningún sitio. Con este recorrido solo consigue perder al espectador, marearnos innecesariamente para, al final, seguir en la butaca esperando un acertado giro marca de la casa. Esperamos, en definitiva, algo que nos consiga convencer de que El Hombre que Mató a Don Quijote merece la pena.

Sin embargo esto nunca llega. Tenemos ante nosotros una película innecesariamente larga, con un reparto en el que destacan Jonathan Pryce y especialmente Adam Driver, aunque sin brillar en exceso. Ambos parecen creer en lo que están haciendo, pero se acaban uniendo al espectador con el caminar del metraje y terminan perdidos sin rumbo. Joana Ribeiro arranca con una fuerza que nos recuerda a Penélope Cruz –no es para menos, por lo visto-, pero acaba igualmente diluida. Por momentos El Hombre que Mató a Don Quijote consigue parecer una película simpática, pero son breves instantes de lucidez dentro del mal general.

Quizá mis expectativas eran demasiado altas en cuanto a esta película, si bien es cierto que con todo lo leído desde su estreno en Cannes tenía claro que no iba a satisfacer mis esperanzas. Y lamentablemente así ha sido. No hay ni rastro del genio que es Terry Gilliam. Esta es una película que pasará a la historia por su caótico y largo proceso de producción y rodaje, y no por lo que al final ha resultado en pantalla. El Hombre que Mató a Don Quijote es un pudo ser que no fue.