El cine español nos tiene demasiado acostumbrados a la guerra civil. El Fotógrafo de Mauthausen se escapa unos años adelante, deja la ruptura de España al margen y se va a la Segunda Guerra Mundial. Una idea ambiciosa, que unida a la interesante historia de Francesc Boix completa una atractiva mezcla para acudir a la sala de cine. Y la verdad, El Fotógrafo de Mauthausen es una película solvente, que sin ser la quintaesencia de ese subgénero del cine bélico que son las películas sobre el Holocausto, convence.

El Fotógrafo de Mauthausen abre un nuevo campo al cine español. Le muestra que puede ir más allá en cuanto al cine bélico se refiere. Esta es una historia diferente a la que estamos acostumbrados. La historia de Boix, ese fotógrafo que sobrevivió a uno de los campos de concentración nazis y que, gracias a su trabajo tras la cámara y escondiendo negativos, ayudó a culpar a líderes nazis y miembros del partido. Pero esto va demasiado lejos, si nos centramos en el largometraje. El Fotógrafo de Mauthausen se centra en las vivencias de Boix y sus compañeros de campo de concentración.

Allí estaban como presos sin patria, republicanos españoles caídos en desgracia a los que Franco no quería ni ver rondando la frontera pirenaica. Es la dureza en ese campo de concentración lo que rápidamente nos sumerge en la película. Gracias a ese niño que vemos al principio y el día a día mostrado en la primera parte de la película, vemos como era la “no vida” en aquellas condiciones. Algo necesario en este tipo de films, que no debe dudar en ese aspecto. Y aunque al niño lo perdemos de vista pronto, ha cumplido su función y seguimos adelante de la mano de Mario Casas.

El Fotografo de Mauthausen

Casas sigue creciendo como actor. Sinceramente, espero con ganas que le den un buen papel en una película de acción, porque lo tiene todo para ello. En este drama Mario Casas funciona de manera solvente, con algún que otro altibajo, pero consigue hacer creíble tanto su sufrimiento -y en general de los presos-, como las pequeñas esperanzas de futuro que les surgen según avanza El Fotógrafo de Mauthausen. Y está acompañado por un buen reparto, como Alain Hernández y Eduard Buch. Sin olvidarnos del lado nazi, con Stefan Weinert destacando como hombre sin escrúpulos capaz de todo.

Sin embargo El Fotógrafo de Mauthausen decae en varios momentos que nos pierden un poco. Aunque la atmósfera del campo de concentración está lograda y bien recreada, nos deja la sensación de ser un campo de andar por casa. Parece que no hay más de 30 o 50 presos. Solo españoles hubo unos 8.000. Nos muestra ‘La Escalera de la Muerte’, vemos los castigos y muertes que recibían los presos que se saltaban las normas… y al mismo tiempo el personaje de Mario Casas da una paliza a un oficial y sale de rositas. Algo no nos cuadra.

El guion termina por resultar un tanto plano, no diremos previsible -la historia es la que es, que bien podría decir el Salvador Martí de El Ministerio del Tiempo-, pero sí falto de algún giro inesperado. Y nos hubiera gustado disfrutar un poco más el final de la Alemania Nazi. El Fotógrafo de Mauthausen quiere acercarse a las grandes del género como La Lista de Schindler o La Vida es Bella, con pequeños detalles aquí y allá, que no ayudan en nada al resultado final, si acaso le resta personalidad. A cambio tenemos unos créditos finales de auténtico lujo para cualquier amante del cine y la historia.

En definitiva, El Fotógrafo de Mauthausen es una buena y novedosa obra dentro del cine español. Llegar a la Segunda Guerra Mundial puede abrir un interesante abanico de historias por desarrollar. Pero además es una película interesante por su historia, y bien desarrollada por Mar Targarona. Uno de esos largometrajes que nos dejan un buen regusto al salir de la sala.