Antes de nada avisar a los espectadores que solo deberían ir a ver El Corredor del Laberinto: La Cura Mortal, si son seguidores de la saga y han visto las dos partes anteriores. De lo contrario se encontrarán ante un mundo en decadencia, un futuro post-epidémico de turno y una teenager movie de estas que están tan de moda.

Ya está, no hay mayor secreto para definir lo que es la tercera parte de la saga dirigida -toda ella- por Wes Ball. Unos chavales jóvenes con carisma para el público que devora las novelas y las sagas cinematográficas del estilo y mucha acción. Tanta que a la hora de montar y contar en una parte lo que inicialmente iban a ser dos, se pierde por el camino el atisbo de revelarnos más cosas de la saga.

Y eso es una pena. Arrancó como una de esas sagas donde todo es tan novedoso que uno se preguntaba ¿a dónde va a parar este laberinto? Pero no lleva más a que una y otra vez a paredes, a volver por el mismo camino, como demostró la regulera segunda entrega -la más floja de la saga-. Aquí, al menos, quizás inspirados porque esto se acababa, la película alza el vuelo en comparación a la anterior. No es poco.

Un arranque a lo A Todo Gas con cierto ligero homenaje a Mad Max para arrancar la película no está nada mal. Pone las piezas en su sitio y en pocos momentos se nos cuenta donde estamos. Aunque uno tiene que hacer un ejercicio de memoria un tanto sesudo, por momentos, para recordar esas piezas. Sinceramente, al no tener reciente la segunda entrega, unos cuantos personajes y momentos de esta carecen de sentido, parecen inconexos.

Y esto se debe a que Ball hace la película para los fans de la saga y parece dar por hecho que quien fuera a verla haría la maratón 24 horas antes en casa, comiendo palomitas, de ver las dos partes anteriores -y ya de paso, si se es muy fanático o friki, de otras sagas que calzan el mismo pie-. En las dos horas y veinte minutos -un tanto larga- que dura el largometraje no hay tiempo ni para hacer remembers del estilo “en episodios anteriores…” que tanto hubieran ayudado, ni para contar con más chicha lo que sucede.

Porque que uno de los personajes que se creen cumbres en toda la historia y que debería dar respuestas en este capítulo, apenas le dejan cinco minutos mal contados de reloj de metraje y un insípido papel. Quien quiera respuestas, no las tendrá. O no tantas como le gustaría. Pero quien quiera un final de la saga, épico, emotivo… y todas esas cosas, lo tiene.

Lo tiene porque la película deja lucir a su reparto juvenil-adolescente en lo que toca. No hay grandes sorpresas, ni cabe esperarlas. Pero es cierto que la película coge el ritmo frenético con secuencias de acción y persecuciones que merecen la pena. Desde la mencionada apertura hasta la secuencia cumbre en la ciudad.

Peca, no obstante, de extender su final en demasía. Quizás culpa de las novelas, quizás del director. La realidad es que en una película de acción que la mejor secuencia de acción no coincida con el momento cumbre del final la hace chirriar un poco. Eso y el epílogo, escueto pero al mismo tiempo largo, la hacen parecer menor de lo que es.

Aún así, es una película recomendable para quien busque puro cine de escapismo y, sobretodo, para aquellos a los que estas aventurillas les haga encontrar en sueños a Peter Pan o Nunca Jamás. Pero el mayor logro de la saga es, viendo los tiempos que corren, que haya podido finalizarse y con un sabor dulce en la boca, que no es poco.