Días de Vino y Rosas

Director: Blake Edwards

Año: 1962

Reparto: Jack Lemmon, Lee Remick, Charles Bickford, Jack Klugman, Alan Hewitt, Tom Palmer.

Sinopsis: La afición de los jóvenes Joe y Kirsten a la bebida lleva a la pareja a los infiernos. ¿Será suficiente el amor que sienten el uno por el otro para abandonar la soledad y amistad de la botella?

Clásicos Revancha
  1. El acorazado Potemkin, Serguei Eisenstein (1925)
  2. Ciudadano Kane, Orson Wells (1941)
  3. Testigo de cargo, Billy Wilder (1957)
  4. Sucedió una noche, Frank Capra (1934)
  5. Casablanca, Michael Curtiz (1942)
  6. La ventana indiscreta, Alfred Hitchcock (1962)

En plena búsqueda de clásicos para continuar la sección tras ‘La ventana indiscreta‘ de Hitchcock, las opciones eran miles. Al fin y al cabo solo llevamos, con esta, siete Clásicos Revancha. El caso es que ‘Días de vino y rosas‘ no pasó por mi mente en ningún momento, hasta la insistencia por parte de una amiga de que debía verla. Estaba convencida de que me encantaría. Una vez vista, qué decir. ¿Cómo no iba a encantarme? En primer lugar por ser ‘Días de vino y rosas’ de Blake Edwards una película magnífica por sí misma. En segundo, pero no menos importante, por el hecho de retratar el alcoholismo de manera inmejorable.

Esa es la gran y principal fuerza de ‘Días de vino y rosas’. Es un crudo relato de la caída a los infiernos sin fin ni fondo que supone el alcoholismo. Blake Edwards realiza un relato duro y lo viste con una sutileza que nos sumerge de lleno. Para cuando nos damos cuenta reflexionamos y criticamos todo lo que vemos en pantalla. Vemos y sentimos. Esta es una de esas películas que juega en muchos sentidos y nos pone las emociones a flor de piel. Desde esas primeras copas alegres de una joven pareja que solo quiere divertirse, al túnel sin salida en el que ambos terminan por encontrarse, con una hija en común, y los problemas que el alcohol les trae y supone.

Aunque te hayas tomado la molestia de leer una simple sinopsis de este Clásico Revancha, la película va a sorprenderte. Te obliga a acompañar a sus protagonistas en ese descenso a los infiernos. Sientes y padeces por ellos, mientras piensas en aquella fiesta en la que tú o un amigo se pasó con el alcohol. Reflexionas sobre ‘es solo un par de birras’ y la facilidad con la que puedes acabar en un lugar tan oscuro como Joe y Kirsten. Dos protagonistas que beben magníficamente de las maravillosas interpretaciones de Jack Lemmon y Lee Remick. En especial un Lemmon que está en su punto en cada momento, transmitiendo todo tipo de emociones ante una Remick que empieza más comedida, tal y como pide su personaje, para terminar desatada.

Días de vino y rosas crítica

La primera mitad de ‘Días de vino y rosas‘ transcurre relativamente tranquila. Nos va dejando pedazos, detalles aparentemente nimios, en una historia que va hacia delante sin mirar atrás. Vas entendiendo que en cada trago se esconde una pequeña pelota que se une a otra para ir haciéndose más y más grande. Hasta que explote. Blake Edwards sienta las bases de lo que vendrá después, apoyado por un guion y unos diálogos que le dan toda la fortaleza que necesita. En una relación de pareja vemos que son tres, pero que ese tercero está silencioso aún siempre presente. Va introduciéndose en ellos, creando un enemigo oscuro y tenebroso que cuando explote desatará la ira en el terreno de los humanos.

Muchos días de vino, pocos días de rosas. Eso lo vemos desde su primera mitad. Y cuando el film se termina por lanzar a ese descenso a los infiernos sin final, en una segunda mitad desgarradoramente real, los días de rosas son directamente inexistente. Por momentos bien podríamos pensar que en vez de un drama estamos viendo una de terror por lo duro de lo que se muestra ante nuestros ojos. Dos personas que se quieren echándose a perder. Esta es una de esas películas que hace más que justicia a la palabra DRAMA, así, en mayúsculas. No merece otra consideración.

‘Días de vino y rosas’ fue estrenada en 1962 pero es sin duda una obra atemporal. No por ser una obra maestra, por estar muy bien rodada, sus actores o guion. No. Es atemporal por ese drama que nos muestra, que es de ayer, de hoy y de siempre. Uno que vemos a diario y que en esta película le quitan florituras, le quitan las rosas y nos dejan las fealdades, el vino, sus resacas y no hablo de las físicas. Hablo de las emocionales, del dolor que uno siente al ver como pierde a un ser querido por el demonio de una droga que le persigue y no le deja atrás. Fuerza de voluntad, sí, pero hace falta mucho más. El coraje, el valor. La amargura que nos deja el alcohol tras hacer las veces de huracán emocional en nuestra vida nos lo muestra de una manera fantástica Edwards en ‘Días de vino y rosas’. Sin duda una joya del cine clásico y de, sí, el CINE con mayúsculas. ‘La botella es Dios‘ y de ese abismo no siempre se sale. Que esta película nos mostrase eso sin cortapisas es simple y llanamente una maravilla.

Días de vino y rosas película

La escena de ‘Días de Vino y Rosas’

Es ‘Días de vino y rosas‘ una película en la que resulta complicado sacar una única escena. Seguramente ninguna de ellas vaya a pasar a la historia o ser especialmente recordada. No al menos por mí, o así lo siento. Me quedo con un global duro, intenso, profundo y reflexivo. A pesar de esto debo elegir una. Clásicos Revancha lo demanda y no estoy dispuesto a titubear ni a dejarme llevar por lo que sería, quizá el sentido común. Además, no hace falta rascar demasiado para hacer notar que Blake Edwards consigue captar más si cabe nuestros sentidos en un par de momentos destacados.

Podríamos ir a ese gran aviso para la pareja que es el incendio de la casa tras una borrachera de ella, mientras cuida de una hija pequeña que no para de llamarla, reclamando una atención que su madre no puede darle. Solo tiene ojos para la botella. O bien podríamos ir al arranque de la película, esa cena en casa de ella a la que él acude con el suficiente alcohol para tumbar a un regimiento. Sin embargo voy a quedarme con la que quizá sea la opción más obvia, esa que une a la pareja en la casa del padre de ella y, tras dos meses sobrios, se dejan llevar a una desenfrenada orgía alcohólica donde pierden todo control y queda demostrado por enésima vez los problemas que sufren y la tibia fortaleza de su relación. No tanto por cómo está rodada sino por lo que implica emocionalmente, especialmente al ver la figura de Joey desquiciado buscando una botella.

¿Por qué seleccionamos ‘Días de Vino y Rosas’?

Pensando en Blake Edwards, quizá hubiéramos podido considerar ‘Desayuno con diamantes‘ como un más relevante punto de partida, pero debemos diferir. ‘Días de vino y rosas‘ es una película brutal en el sentido más positivo posible de la palabra. Demoledora de principio a fin, real, cercana, afín para muchos. Muestra un drama que en ocasiones, quizá demasiadas, se deja a un lado como si no supusiera un problema. Y, además, lo hace completando la que es quizá la película que mejor ha reflejado el alcoholismo en pantalla. Amén de esas sutileza en la dirección de Edwards que convierte una película dura, áspera y cruda en una bella obra que llega a cualquier persona.