Entiendo a aquellos que afirman que les cuesta ir al cine. No es un hobby especialmente barato si uno acude habitualmente, como sucede con la música en directo. Y como ocurre en estos, la educación del público ha empeorado peligrosamente. Situaciones que a uno pueden quitarle las ganas de gastar tiempo y dinero en acudir al cine a ver un último estreno, cuando puede esperar un tiempo y verla en la tranquilidad de su casa. Sin embargo hay films que te reconcilian con la industria y con esa antigua costumbre de ocupar uno o dos días de tu semana en acudir al cine, comprar tu entrada y sentarte con expectación para ver el largometraje de turno. Tres Anuncios en las Afueras es de esas películas.

El film de Martin McDonagh nos propone un viaje a los Estados Unidos del White Trash, a esa América profunda que tanto juego da en el cine. Y nos sumergimos de lleno gracias a la genialidad del guión, hilarante de principio a fin, que se desenvuelve a la perfección en ese siempre complicado baile que es oscilar entre el drama, el thriller y la comedia. Toca los tres palos y cada uno con acierto. Nos reímos cuando toca y también en situaciones en las que no deberíamos. Todo manejado desde un guión fantástico, que pasa de la crueldad, violencia o el drama más profundo al humor negro con una facilidad que de primeras abruma y sorprende, pero que rápidamente deseamos seguir viendo.

Tres Anuncios en las Afueras parte de la violación y asesinato de una joven para, en esa trama, no llegar a nada. Esto va de ira, indignación, rebelión, venganza, violencia y aceptación de la muerte. Una película que recibe claras influencias de Fargo y, para suerte del espectador, no quiere esconderlas. McDonagh apuesta -con acierto- por explotar el estilo de la mano de unos personajes arquetípicos: la madre llena de ira y con ganas de venganza por la muerte de su hija, el policía racista, la pareja negra que se ven por primera vez y poco menos que se enamoran, el tonto del pueblo… y hasta un enano.

Crítica de Tres Anuncios en las Afueras

Todo vale en el inventado pueblo de Ebbing. Y nos vale porque todo nos encaja en su guión. Tenemos el ejemplo del enano -en una divertida y sarcástica actuación de Peter Dinklage-, quien sirve para poco más que se rían de él, y nos encaja. Porque esa es la idiosincrasia de un pueblo racista, homófobo y que se quedó anclado en otro tiempo. La fotografía y planos empleados para mostrarnos la localidad de Ebbing nos refuerzan esa idea de estar viviendo durante casi dos horas en un pueblo endogámico, cerrado, casi un universo aparte.

También hay vida más allá de su excelente guión. Tres Anuncios en las Afueras cuenta con la sublime actuación de Frances McDormand, que realiza su mejor trabajo desde… sí, Fargo. Se llevó el Globo de Oro y todo apunta a que también se hará con el Oscar. ¿Y sabes qué? Se lo merece. Porque está espectacular, a un nivel que solo ver su trabajo ya compensa el gasto de la entrada. Muy sobradamente. Nos encoge por momentos, nos sobrecoge en otros, capaz de mostrarnos en una escena el sentir de una madre que ha perdido a su hija y ve como no se hace justicia. Y sentirlo con ella.

Sin olvidarnos de un Sam Rockwell que borda el papel de policía cateto, racista y homófobo tan visto previamente. Todo se redondea en esa escena final –sí, se vienen spoilers– donde ambos personajes buscan recibir una especie de justicia poética que, irónicamente como la película, no es tal. Esa justicia que ambos buscan son conscientes de que no van a encontrarla en el camino que van a emprender. Pero el film no podía tener un mejor final, dejándolo abierto.

Tres Anuncios en las Afueras es, en definitiva, una película que te reconcilia con el séptimo arte. Una buena película que vive de su guión y de una buena dirección, sin florituras visuales. Un film que solo quiere contarte una historia que no es tal. Que pretende mostrarte algunos de los peores sentimientos que mueven al ser humano y el mundo. No solo lo consigue sino que mientras los vemos, nos reímos a mandíbula abierta sin darnos cuenta de que en algún momento hemos sentido esas mismas sensaciones. Hemos querido hacer las mismas cosas. McDonagh, sutilmente, nos señala a todos sin querer señalar a nadie. Para cerrar esta crítica, el mejor cumplido que podemos hacer, añadir, a Tres Anuncios en las Afueras es que nos ha dejado con ganas de volver al cine.