Día D. Cielos de Normandía. Un avión, un batallón, una misión. Nervios, desesperanza, ansiedad, excitación. Los nazis parecen estar haciendo una carnicería ahí fuera. El miedo. La artillería alemana destroza el avión y nuestros acongojados protagonistas tienen que saltar. Y así, en unos diez minutos, Overlord te sumerge en su historia. Sin titubeos ni medias tintas. Esta es una película directa, que te atrapa rápido y no te suelta hasta que salen sus títulos de crédito. Overlord te da lo que esperas de ella si has leído sinopsis o has visto tráiler. No, perdón, Overlord te da más.

Leía en Twitter esta pasada semana que en los últimos años películas con tramas ‘de serie B’ se estaban haciendo un hueco en la gran pantalla como grandes producciones. Overlord era una muestra de ello. Y sí, esto puede ser verdad. Normandía, la Segunda Guerra Mundial, americanos versus nazis… y un doctor maligno, un suero que revive a los muertos y los convierte en zombies, un suero que hace de un vivo un superguerrero casi inmortal. ¿Esto es serie B? Puede, pero eso no quita para que podamos disfrutarlo con un mejor presupuesto y a lo grande, ¿no?

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Overlord tiene una clara intención de ir directa al grano. No da respiro al espectador desde que comienza esa primera escena en los cielos de Normandía. Cuando parece que vas a tener un pequeño descanso sucede algo que acelera la escena o la trama. Overlord es en apariencia sencilla, no se complica la vida, sabe lo que quiere y toca lugares comunes, pero todo funciona a la perfección. Todo parece tener un sentido. Las escenas espectaculares te dejan con ganas de más; las escenas más ‘locas’ te harán sonreír y, oh, vaya, querrás más igualmente.

La película cuenta con personajes que no son precisamente novedosos en este tipo de cine. El soldado vacilón con aires chulescos que termina ablandándose. Un prota que pasa de miedoso a tener los cojones como el caballo de Espartero. Un judío que parece estar ahí solo porque enfrente hay nazis y de repente es el mejor ametrallador del ejército americano. Y el héroe americano. El puto héroe americano, líder del batallón, que lo tiene todo, es más duro que nadie, sabe mejor que nadie lo que hay que hacer y, joder, la misión se hace sí o sí porque el lo dice. Tiene hasta dos preciosos ojos azules -herencia del padre del actor, un tal Kurt Russell-.

Overlord Crítica

Y una francesa valiente, sí, francesa y valiente en la misma frase suena raro, pero es que esta tipa, que parece una mosquita muerta cuando la vemos -aunque algo nos olemos-, demuestra que si los yanquis pueden, ella más, que ese es su pueblo y el otro su hermano. Al nazi le queremos dar hasta nosotros. Madre mía, cuando nos hemos querido dar cuenta de todo esto la película se nos está yendo de las manos, se nos está escapando y solo queremos que siga y no termine nunca. Y sí, todo nos parece un homenaje a Wolfenstein pero y qué, no paramos de disfrutar.

Overlord tiene escenas y diálogos que son un regalo para el espectador, para el amante del género. No son grandilocuentes, hay sencillez, pero son justo lo que queremos. Es capaz de tirarse un cuarto de película encerrada en una desvencijada y pequeña casa de un pueblito francés y no decaer en su ritmo ni un segundo. Nos mantiene en tensión en un desván, no vemos a los zombies hasta que el metraje no ha avanzado bastante y oye, ni nos damos cuenta ni nos importa. Tiene evasión, tiene acción pura, disparos, interrogatorios, épica a su manera, y sí, zombies. De los que corren, sin pasarse, pero corren.

Voy escribiendo estas líneas, se me escapan spoilers, quiero repasar escena a escena, pero claro, no quiero destrozarte la película. Me doy cuenta de que lo que quiero es volverla a ver. Para disfrutar como un enano. Quiero volver a ver al héroe americano ser el héroe americano. Quiero más Overlord. He hecho la crítica y no he hablado de los actores, ni del director, ni del guion. No pretendo. Todo está bien, todo funciona, todo va genial para que Overlord nos deje un gran sabor de boca. Llego aquí y me pregunto ¿qué es lo mejor de Overlord? Ser fiel a si misma, no querer ser más de lo que es, no pretender llegar a donde no debe. Y, joder, es buena.