Alejandro Aménabar ha devuelto al cine español a su género favorito: el de la Guerra Civil. Como si eso fuese un género, dirás, y tienes razón. Sin embargo cuando se le han dedicado tantas y tantas películas, situadas en aquellos años, no cabe duda de que podemos hablar de ello como género en si. ¿Bélico? No, guerracivilista. El caso es que su Mientras dure la guerra se sitúa en ese plano, centrada en los últimos meses de vida de Miguel de Unamuno y los primeros meses de Guerra Civil. La polémica no ha tardado en saltar, con los de siempre aburriendo a propios y extraños, pero no venimos a hablar de eso. Hoy toca hablar de cine. Mejor aún: de gran cine.

Mientras dure la guerra es una película excelsa. El espectador pronto se da cuenta de que en el largometraje hay un cuidado y un mimo especial desde su creación hasta su construcción. Todo, sí, todo raya a gran nivel en la que es ya la séptima película de Alejandro Amenábar. Lo primero que quiero destacar es su guion. Sublime, no es solo lo que cuenta -nunca lo es en el caso de un buen guion-, sino ese cómo lo cuenta que consigue epatar. El guion funciona como un reloj. Consigue sobrecoger con el paso del metraje, pero para llegar hasta ahí ha ido construyendo tanto la historia como los personajes y sus condicionantes con un brillo especial.

Vemos y entendemos los giros y cambios de opinión de Unamuno. Su aparente complicado carácter por esos mismos vaivenes. Sus ideas, sus amigos, su trabajo, su familia, todo nos ayuda a construir esa imagen de un Unamuno que acabará perdido, hundido, sin entender nada de lo que ocurre a su alrededor. Y mientras tanto observamos los primeros pasos del golpe de estado que no fue, de ese levantamiento en armas que llevó a España a una Guerra Civil sangrienta y divisiva. Mientras dure la guerra vive de manera constante en ese doble plano manejado a la perfección por Amenábar. Una contradicción que a principio no parece tanta pero que crece, como nosotros crecemos con la película.

Seguimos el proceso de Miguel de Unamuno con inquietud, magistralmente narrado por el director madrileño. Y si hablo excelencias del guion y de cómo la película está construida, qué decir de los actores. Un trabajo excelente por parte de todos ellos. En primer lugar un Karra Elejalde superlativo, en uno de esos papeles en los que interpretando a un personaje real no vemos al actor, sino única y exclusivamente al personaje. La pena de este gran trabajo radicará en que parece que el Goya tiene el nombre de Antonio Banderas escrito desde hace semanas. Aún así quedará como algo memorable.

Crítica mientras dure la guerra

El resto del reparto realiza un gran trabajo. No se pierdan en especial al lado ‘sublevado’, especialmente con Franco y Millán Astray. El primero es llevado a cabo por un Santi Prego, otro al que no vemos en el film. Excelente mostrando las dudas iniciales del dictador. Al igual que un Eduard Fernández como el exagerado Millán Astray. Sin olvidar a un Tito Valverde también excelente. Repito mucho esta palabra, y no es para menos. No exagero, ni esta crítica está escrita tras salir del cine. El climax en la Universidad de Salamanca con aquel ‘venceréis pero no convenceréis’ te introduce en la propia escena, en una muestra de ese trabajo que no muchos directores son capaces de hacer.

Otro aspecto que ayudan a que la película crezca es la acertada elección de Amenábar en lo que a localizaciones se refiere. La Salamanca que nos muestra es pequeña, clásica, por momentos parece diminuta al centrarse en calles estrechas y casi agorafóbicas. Ahondando en la sensación que muchos españoles, de uno y otro bando, debían sentir al saberse vulnerables por no estar en la zona que les correspondía por ideología. O esas imágenes de la España rural por la que se mueve tanto el ejército como la cúpula fascista. Mientras que casi la totalidad de las escenas rodadas en los interiores de la casa de Miguel de Unamuno nos llevan a un lugar intimista, privado, en donde el escritor parecía ir rompiéndose en pedazos poco a poco.

Un excelente trabajo de dirección, una idea genialmente llevada a cabo y una historia potente completan las virtudes de Mientras dure la guerra. Una película sobre la Guerra Civil, pero no una más. Una que muestra perfectamente la división que se fue formando y en la que ha quedado inmersa el país. Una que habla con un cariño y una delicadeza especial sobre uno de los años más convulsos de España. Y con todo eso en la cabeza, Mientras dure la guerra no es una película más sobre la Guerra Civil porque está por encima de muchas. Porque es una gran película. Tan sencillo como hablar de cine.