La Sombra de la Ley llegaba a la cartelera de cine precedida de un tráiler que auguraba una mezcla explosiva por interesante: un thriller ambientado en la Barcelona de los años 20, con un reparto de escándalo, y una imagen cuidada. Esto, lo cojas por donde lo cojas, suena a buena película. El problema es que una vez vista he de decir que se queda lejos de las expectativas. Y sí, esos ingredientes siguen estando ahí, pero hay algo que no termina de cuajar. ¿Quizá el problema aquí sean mis expectativas y no La Sombra de la Ley? Veamos.

En los instantes iniciales de La Sombra de la Ley, con ciertos aires de Los Intocables de Elliot Ness, comienzo a percibir influencias de Boardwalk Empire. El problema llega cuando vemos demasiadas semejanzas. El mafioso con poder, los anarquistas -en el caso de La Sombra de la Ley- peleando por mejoras sociales, un cabaret con una diva hastiada, unos policías corruptos… Y la ambientación claro. Con esta tenemos el primer punto negativo de la película que firma Dani de la Torre. La ambientación falla al mostrar una Barcelona demasiado pudiente y poco pobre en una España que vivía empobrecida en líneas generales. Queda muy bonito, sí, pero es poco fiel.

Y siguiendo en esos primeros minutos de metraje vemos otro de los problemas de La Sombra de la Ley: el ir soltando tramas secundarias como si no hubiera un mañana, como queriendo cargar de contenido a una película que no lo necesita. Esto es cine negro, si la trama principal está lo suficientemente bien desarrollada no necesita hasta seis tramas paralelas que solo alargan el film y marean el guion innecesariamente. El guion de Patxi Amezcua abre frentes que al final acaban por echarse encima sin solución mediante.

La Sombra de la Ley

Esto último hace que la película vaya sumando personajes que pasan sin pena ni gloria, que aportan poco o nada a La Sombra de la Ley. Y eso teniendo en cuenta que los principales no están excesivamente desarrollados. De entre estos destaca Luis Tosar como Aníbal, Ernesto Alterio como Tísico y Luis Solo como El Barón. Hacen mucho con unos personajes en ocasiones poco desarrollados, en otras penalizados por el guion.

Sin embargo La Sombra de la Ley cuenta también con aspectos interesantes. La película está hecha con aires de grandeza y se agradece. Una muestra de que el cine español puede pensar a lo grande en sus producciones. Grabada con un toque muy hollywoodiense que gusta y engancha. Y a pesar de los agujeros de guion y los problemas de sus numerosas tramas, entretiene y hace pasar un buen rato. ¿Y en definitiva no vamos al cine a eso?

El toque de crítica social muy cercana a la actualidad -momento sobres corruptos incluidos- le sienta bien y le da un aire peculiar a una película que no deja de ser de época. Aunque el lado anarquista del largometraje quede muy pasado por encima, simple. El ritmo es irregular, por momentos demasiado lento y no le hace bien a una película a la que le sobra un buen trozo de duración. A cambio las escenas de acción están bien elaboradas.

Al final de La Sombra de la Ley me queda la sensación de que este mismo producto, trabajado más a fondo en su guion y en formato serie, sería un pelotazo importante. En película, tal y como es, queda un poco descafeinado, un sí pero no. Entretenida, bien hecha, pero con lagunas que afean el resultado final.