No sé cómo empezar esta crítica. Sinceramente. He escrito y borrado unos ocho o nueve párrafos iniciales. No miento. Me he sentado ante el ordenador apenas unos 20 o 30 minutos después de terminar la película y siento que aún no me he recuperado del golpe anímico y sentimental que supone ver Historia de un matrimonio (Marriage Story). Una obra de arte magnificada por dos actores, Scarlett Johansson y Adam Driver, sensacionales y en total estado de gracia.

Noah Baumbach consigue en Historia de un matrimonio construir una bella película alrededor del amor descompuesto de dos personajes llenos de matices. Una historia quizá mil veces vista pero que aquí hemos vuelto a disfrutar como si fuese la primera vez. Ese matrimonio que componen Johansson y Driver está buscando los papeles del divorcio sin ellos saberlo y es ahí donde todo nace, aún a pesar de unos minutos iniciales encantadores que funcionan casi como un trampantojo. Y de esto nos daremos cuenta muy rápido.

Historia de un matrimonio nace, crece y vive sobre tres pilares. En primer lugar su guion, de manera indiscutible. La película sabe en todo momento de dónde viene, a dónde va y cómo quiere llegar. No le hacen falta vueltas al pasado para explicarle nada al espectador. Todo surge con naturalidad, y poco a poco iremos entendiendo perfectamente porque el teórico puzzle perfecto que forman Nicole y Charlie se rompe en mil pedazos. Es una disección del amor en pleno ocaso. Noah Baumbach, director y escritor de la cinta, muestra tener muy claro qué película quiere darnos. Y así consigue la que es sin género de duda su mejor película.

Esa claridad que muestra Baumbach en el guion de Historia de un matrimonio se extiende a su cámara. El director estadounidense es consciente de que tiene entre manos una película sutil y fina y su mano con la cámara es exactamente así. Apuesta por primeros planos en contadas ocasiones y siempre con acierto, mostrándonos momentos importantes en cada uno de sus dos protagonistas. Y mientras tanto sus ojos nos ofrecen planos en ocasiones sencillos, en otras fantásticos, como ese en el que no quiere entrar en una habitación a pesar de que sus personajes nos han abandonado. O la escena con la puerta rota, dividiendo cómo se debe. O el ‘archiconocido’ plano del metro que domina esta crítica, donde entendemos todo sin necesidad de nada más. O aquellos en los que el niño de la pareja se sitúa en medio de ambos… Poner la cámara dónde se debe parece desde fuera un trabajo fácil, pero desde luego es uno de los mayores artes del cine.

Historia de un matrimonio

En tercer lugar están sus dos protagonistas. Scarlett Johansson y Adam Driver. Excelentes los dos, soberbios, sublimes y sin duda nominables a todo. Sí, a Joaquin Phoenix le ha salido un duro rival en un Adam Driver que poco a poco muestra que es uno de los actores más talentosos de la actualidad. Su trabajo, ese Charlie Barber, requiere de una aparente calma inicial en la que poco a poco se va gestando un crescendo que desemboca en varios de los fantásticos momentos cumbres del largometraje. Mientras tanto Scarlett Johansson (Nicole Barber) nos ofrece desde el primer momento una actuación desgarradora, un lugar a donde llegará Driver, pero que en el caso de la actriz requiere de un constante desde el minuto uno de la película.

Fue la propia Scarlett Johansson la que aseguró que con está película poco menos que vivió su segundo divorcio de nuevo. Le sirvió de catarsis. Eso es Historia de un matrimonio. Una catarsis. Sin duda una desgarradora historia que nos coge el corazón, nos lo encierra en un puño y juega con él mientras vemos en pantalla como se destrozan dos personas que se aman. Nos golpea hasta situarnos al borde de la lágrima, en la lágrima o donde quiera que a cada uno le lleve la película de Netflix. Pero desde luego será imposible que te deje indiferente.

Historia de un matrimonio es sobrecogedora. Una película que hoy consigue clavarnos una estaca en el corazón, para mañana, en un futuro revisionado, hacerlo de nuevo. Dura y llena de belleza. Desgarradora y sentimental. Incluso alegre en algunos momentos. Casi crepuscular. Pero Historia de un matrimonio es sobretodo un golpe total a lo más profundo de nuestros sentimientos. Cine con mayúsculas. Arte. Y yo aquí sigo, intentando recuperarme del millar de emociones y sentimientos a flor de piel que han relucido en mi tras verla. Arte, una vez más.