En los últimos años afrontamos una especie de boom en lo que películas sobre el racismo de Estados Unidos se refiere. Con los trajes de una u otra época. Ya era hora, por otra parte. Es momento de poner en pantalla las diferentes realidades y vidas que muchos han tenido que vivir. Para aprender, para empatizar, para meterlo en el cerebro de quien lo necesite. Green Book va en esa línea. Años sesenta, el sur de Estados Unidos, un músico afroamericano. Un cóctel explosivo, vestido en este caso con una bella elegancia. Una bonita historia, dura por momentos, emotiva, sensible. Un drama que sorprende para bien.

Green Book no es rompedora. Es por momentos amable, incluso. Pero está hecho con tanto cariño que terminas adorando la película antes de que esta termine. En ocasiones es incluso demasiado típica, en cuanto a la manera de afrontar su trama. Todo está centrado en el dúo protagonista, quienes llevan el peso de la cinta de manera magistral. Tanto Viggo Mortensen como Mahershala Ali han sido nominados al Oscar. No cabía otra posibilidad, por más que a los más importantes premios del cine les guste olvidarse de grandes películas.

Sus dos personajes son las dos caras de la película. Ambos terminarán evolucionando, de la mano. Gracias al precioso viaje que realizan como seres humanos. El Tony Lip de Mortensen es quizá el que más aristas nos ofrece en un primer contacto, gracias a ese carácter impetuoso, un tanto racista, echado para adelante, cariñoso y protector de los suyos. En cambio Don Shirley va desatándose poco a poco, según avanza el metraje, en una actuación magistral de Mahershala Ali que debería darle su segundo Oscar a Mejor Actor Secundario. Su personaje comienza irritando, y pronto nos vemos inmersos en sus miedos, sus dudas, y especialmente su lucha por intentar cambiar las cerradas mentes de las personas de su tiempo.

Green Book

Es cierto que en esa aventura que viven ambos personajes, vemos aspectos demasiado comunes. Especialmente en esa relación que va de mero trabajo a amistad. Demasiado vista, sí, pero Peter Farrelly, director de Green Book, consigue hacer que nos entre por los ojos y los sentidos sin que nos chirríe en exceso. En ese proceso de ser jefe-empleado a amigos, vivimos bellos momentos que profundizan en los personajes. En Shirley vemos a una persona delicada, pero a la vez traumatizada por la soledad en la que vive. Tony Lip se muestra como un tipo capaz de cambiar sus prejuicios, pero también capaz de cualquier cosa por los suyos.

Basado en hechos reales, el racismo sufrido por el pianista Don Shirley es el mismo que otros como Nat King Cole o Ray Charles sufrieron en su momento. Eran baños denigrantes en el césped de una mansión, hoteles separados, palizas por entrar en el bar equivocado. Pero esta historia de racismo, lucha y supervivencia tiene matices que hacen que Green Book crezca. La soledad de Don Shirley, a pesar de su éxito, y cómo le afecta en su día a día y relaciones con quienes le rodean. También cómo hacer frente a las afrentas sufridas, en muchos casos denigrantes.

La fuerza de la actuación de ambos protagonistas sobrecoge al espectador. Te sumerge en la historia, te ata a la historia de Shirley y Tony. Y cuando ves la profundidad del drama que vive Shirley, en los ojos de Mahershala Ali, te sientes desolado. Máxime al ser consciente de que Shirley, aún con todo lo sufrido, fue incluso un privilegiado en comparación con otras personas. Por su estatus de gran pianista. Aspecto este que le hacía vivir contradicciones constantes, pero ahí también vemos una evolución en ambos protagonista. Y nos gusta.

El Green Book era un libro con recomendaciones para aquellos afroamericanos que decidían hacer rutas en coche o moto. Cómo y por dónde moverse, lugares en los que alojarse, sitios a evitar. Suena imposible, pero ocurrió hace apenas cincuenta años. Y si al principio la excelente banda sonora ayuda a no ver la gravedad de estos hechos, pronto esa música es solo una muestra más de lo hipócrita de aquellos y estos tiempos. Gracias a películas como Green Book seguiremos aprendiendo y mejorando como seres humanos. Que esté hecha tan bien, con tanto cariño, con esos dos magistrales actores protagonistas -una gran Linda Cardellini queda ensombrecida-, solo puede ayudar a una cosa: hacer de esta película un clásico a pequeña escala. Una de esas películas que seguiremos recordando dentro de diez años. Ganará relevancia con el tiempo, seguro.