Glass es la tercera parte de esa extraña trilogía que M.Night Shyamalan se sacó de la chistera hace dos años. Porque sí, hace ya casi dos décadas de la llegada de El Protegido, su siguiente obra a la nominada a los Oscars El Sexto Sentido, pero quienes no estén familiarizados, decirles que en Múltiple, aparentemente un film totalmente diferente, se sacó de la manga en el final un nexo, una ligera unión entre ambas películas que daba pie a esta Glass.

Las premisas, por lo tanto, están sobre la mesa. Con los personajes ya presentados y con un guión ligeramente bien llevado, Glass nos entretiene y nos hace pasar el rato a la par que nos angustia con alguna situación. Sí, vamos a romper una lanza a favor de este director diciendo que para generar tensión tiene cierto estilo -tampoco digamos en exceso-, que es capaz de realizar unos buenos encuadres que te mantienen pegado al asiento, pero -sí, tenía que llegar el pero- es incapaz de dar consistencia a sus películas.

Glass

Precisamente El Protegido es su segunda película más laureada y a partir de la cual deambuló durante casi dos décadas hasta que descubrió en Múltiple un filón. Una película que se podría decir que más que su director, la sostenía ese camaleónico actor llamado James McAvoy, auténtica estrella de aquel proyecto y que nuevamente aquí se merienda la pantalla él solo con todos y cada uno de sus personajes, cual Peter Sellers de la vida.

Incluso llega a eclipsar a Bruce Willis y Samuel L.Jackson, ambos en buenos papeles. Los ingredientes sobre la mesa, pero al cocinero, de esos amantes del fuego lento, se le acaba pasando de cocción el producto. Porque tras generar durante largo tiempo la tensión necesaria para lanzarnos de lleno a una historia que, de quererlo, podría dar juego para futuras entregas, él mismo se pega un colofón final Alex de la Iglesia Style que alterna cosas satisfactorias y bromas de mal gusto.

Porque no vamos a desvelar nada del final puesto que todo el cine de Shyamalan centra su existencia en un giro de los acontecimientos de diez minutos que justifique cualquier chapuza que haya hecho previamente. El director de las erráticas El Bosque o Señales -y podría poner aquí una amplia filmografía– tiene de aliados contar con tres buenos actores en papeles que ya hemos visto antes y que nos han gustado. Una historia que recoge otras que ya sabemos, y con ello la satisfacción en el espectador se consigue, cosa que viniendo de quien viene, no es poco.

Crítica de Glass

Pero hasta ahí. El clímax final de Glass, mezcla de cine de superhéroes low cost bien llevado con cierto aroma de guión llevado a cabo por chimpancés a cambio de plátanos generan que uno salga de la sala sin saber si le ha acabado de convencer o no. Lo peor de todo es que el director cuando realiza la función cree en todo momento que las cosas que incluye merecen la pena. Y eso cuando se ve a la legua que has improvisado no pocos de los giros dramáticos de la película, suena a broma de mal gusto.

Ese desenlace estirado para intentar dejarnos cierto aroma a satisfacción si somos amantes de los superhéroes y de los cómics es escaso e insuficiente para que Glass pase de un entretenimiento que prometía mucho más y que acaba siendo en algunos aspectos un tanto vulgar. Eso sí, durante una parte del metraje ese intento por llegarnos a convencer de que los superhéroes existen pero son más de carne y hueso que los Marvel y DC se agradece y se disfruta. A partir de que la película entra en la Dimensión Shyamalan se va un poco al traste.