Bohemian Rhapsody arranca con la sintonía de la 20th Century Fox tocada en clave Queen, suponemos que por Brian May. Esto es ya un aviso: Queen, hoy el propio May y Roger Taylor, han tenido libertad para hacer una película a su gusto. Y han conseguido que el biopic de Freddie Mercury vaya a funcionar a la perfección en taquilla. No me cabe ninguna duda. Lo han, eso sí, hecho a cambio de sacrificar el nivel de la película. Esta engancha porque es Queen y son sus canciones, esas que todos conocemos, coreables de principio a fin. Y si engancha es, también, por Rami Malek. Pero algo nos falta. Un mayor rigor histórico, por ejemplo.

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Es fácil entrar en Bohemian Rhapsody y sentir que la película va a avasallarte musicalmente hablando. Esto tarda tanto en ocurrir como lo que tarda en aparecer el mito Freddie Mercury sobre un escenario cantando ‘Keep Yourself Alive’. Alrededor de 15 minutos, seguramente menos. Y en esos minutos iniciales ya vemos lo que luego será una constante en la película: sugiere, pero no muestra. Nos sugiere que Freddie Mercury sufrió en sus carnes el racismo por llegar desde Zanzíbar porque un compañero de trabajo en Heathrow le llama ‘paki’.

Sugerir y no profundizar, uno de los grandes problemas de una superficial Bohemian Rhapsody. Es en esta primera hora cuando el film muestra su peor parte. Una hora irregular e inconsistente, en el que el montaje se limita a ofrecer pequeñas escenas diferentes de Queen y Freddie Mercury aquí y allá. Sin mucha unión. Simplemente escenas que oscilan entre lo musical y lo gracioso sin tener mucho que ver unas con otras, más allá de formar parte de la historia de la banda. Esto lo acusará después el film, cuando no tenga tiempo para profundizar en ninguno de los aspectos que marcaron la vida de Mercury. ¿Problemas que vienen del cambio de director?

Crítica Bohemian Rhapsody

De esa primera hora nos llevamos uno de los mejores aspectos de la película, la relación entre Mercury y Mary Austin. La química entre Rami Malek y Lucy Boynton es perfecta. Uno de los pocos momentos en los que el flojo guion funciona. O quizá a pesar de este. Los actores hacen un excelente trabajo teniendo en cuenta el guion que tenían entre manos. Un guion en la línea del film, irregular, inconsistente. Por eso la labor de Rami Malek cobra aún más relevancia, aunque cuando más se luce es en los momentos musicales: conciertos, grabaciones, etc. ¿El resto? Bien Lucy Boynton y bien la banda, cumpliendo, especialmente Gwilym Lee como Brian May.

Es en la relación con la banda cuando notamos de nuevo la superficialidad de Bohemian Rhapsody, que como decía parece empeñada en pasar por encima de casi todo lo que marcó la vida de Freddie Mercury. Ninguno, repito, ninguno de los miembros de Queen tienen una mínima evolución durante los 134 minutos de metraje. A John Deacon apenas le oímos, Brian May es el tipo sensato paternalista y con Roger Taylor nos reímos, además de ser empleado como contrapunto del enemigo de la película. Un enemigo que han creado en Paul Prenter, quien sí, no hizo bien a Freddie Mercury, pero al que apenas dan matices y al que casi hacen culpable de casi todos los males del grupo.

Rami Malek Freddie Mercury

La segunda mitad de Bohemian Rhapsody mejora como película y biopic, aunque los problemas de falta de profundidad se agudizan al notar que el film encara su recta final, su último acto. Lo curioso es que hemos llegado aquí notando todas estas carencias y aún así nos notamos disfrutando con el film. Y es que toda la parte musical está muy lograda y las canciones rock de una bandaza como Queen ayudan a que nada de Bohemian Rhapsody se haga pesado.

Incluso vamos pasando por alto las numerosas licencias que se van tomando en el guion. Licencias para con respecto a la historia real. Hay canciones situadas fuera de su espacio natural, como la versión cantada de ‘Seven Seas of Rhye’, que aquí aparece en el primer álbum y realmente no lo hizo hasta el segundo; o el ‘Fat Bottomed Girls’ que suena antes de tiempo. Aspectos menores estos. Lo de que Freddie Mercury aparezca con bigote a la grabación de ‘We Will Rock You’ es algo que solo los más fans reconocerán como error, y esto era algo fácilmente subsanable.

Bohemian Rhapsody Crítica

Sin embargo hay algunas líneas rojas que quizá no debían haber cruzado. Como que el grupo sienta que Freddie Mercury está rompiendo la banda por grabar en solitario, cuando Roger Taylor ya lo había hecho. ¿Un interés por contar la historia desde un lado? O cuando se juntan para reunir a la banda de nuevo de cara al mítico Live Aid del 85 y señalan que llevan años sin tocar. ¿Años? Cinematográficamente le quedará muy bien a la trama, pero el Live Aid fue el 13 de julio, la banda tocó en Río para 350.000 personas en enero.

O el SIDA. Hoy se cree que fue consciente de que lo tenía en 1987, y en la película, para darle un punto ñoño a esa idealizada reunión de Queen, lo sitúan en 1985. Incluso se lo dice en ese momento al grupo, cuando no ocurrió hasta 1988 o 1989. Es normal que un biopic se tome ciertas licencias para pulir un guion y que este funcione mejor en la gran pantalla, pero esto es pasarse. Con intuirlo como habían hecho previamente lo hubieran dejado magníficamente. Más teniendo en cuenta que usan los créditos finales para relatar los últimos años de Freddie Mercury.

Y aún con todo esto en la cabeza salimos del cine habiendo disfrutado. Es lo que tiene Queen, es lo que tiene la leyenda de un mito del rock como Freddie Mercury. Porque la parte musical, como decía, le da una vida extra a Bohemian Rhapsody. Y porque los últimos 20 minutos son excepcionales. La recreación de la actuación de Queen en el Live Aid te mete en el escenario y entre el público. En ese momento, por fin, se nos pone la piel de gallina. Y así, sí, salimos con un excelente sabor de boca, aún a sabiendas que Bohemian Rhapsody es un biopic normalito, entretenido y ya, pero que no recordaremos como sí hacemos con Bird, Ray o Walk the Line.