Tercera y última parte de nuestro análisis del cine sobre la II Guerra Mundial realizado en los mismos años de la contienda bélica. La posguerra y otras curiosidades son los nuevos protagonistas. (Viene de aquí)

 

Amigo ruso

Acabada la guerra, y a la hora de repartirse el pastel, EEUU y Rusia pusieron las espadas en alto y llegaron a las manos, declarándose extraoficialmente la Guerra Fría. Los rusos dejaban de ser aliados y pasaban a ser el enemigo de las guerras futuras -Corea o Vietnam, entre otras-. Pero hubo un tiempo donde esos mismos soviéticos eran “amigos” de los yankees.

En 1943, y como parte de la propaganda sobre el cine de la II Guerra Mundial, se realizaría Misión a Moscú, un film meramente político con Michael Curtiz tras las cámaras y un amplio reparto, en el que se nos muestra al embajador de EEUU en el país soviético, y con esa excusa se muestran dos horas de película propagandística lanzando loas a la forma de vida soviética y a la gran labor del “Camarada” Stalin.

Misión a Moscú no sería el único film destinado a ensalzar la labor de los rusos en la contienda. En 1943 Lewis Milestone (Sin novedad en el frente) dirigiría La Estrella del Norte, film sobre la resistencia de un pueblo soviético contra el gigante nazi; en el 44 Jacques Tourneur escogía a un entonces poco conocido Gregory Peck para hacer de líder soviético en Días de Gloria, y en 1945, año del final de la guerra Zoltan Korda (Sáhara) volvería a dirigir un film de la contienda con Contraataque, intenso y extraño film que acontece en un sótano en plena ofensiva soviética.

Segunda Guerra Mundial Cine

No solo se habló de los rusos. Entre 1942 y 1945 el cine norteamericano dedicó unos cuantos films a la resistencia de otros países aliados. Dichos films, al no tener la propaganda de la Marina estadounidense, evitaron el peaje del exceso patriótico, dejando en su mayoría, buen sabor de boca.

Son ejemplos de esta época dos films protagonizados por Errol Flynn como Al Filo de la Oscuridad (Lewis Milestone, 1943), sobre la resistencia nórdica; y Tres Días de Gloria (Raoul Walsh) sobre Francia. También se habló del aliado chino en films que narraban la guerra chino-japonesa como Estirpe de Dragón o Tigres del Aire, con actores como Katharine Hepburn o John Wayne en los papeles principales, respectivamente.

Pero, sin duda alguna, los grandes films sobre la resistencia rodados durante la guerra serían: Esta Tierra es Mía, drama de Jean Renoir donde un profesor cobarde decide ser valiente por su patria, un país que no se nos dice exactamente cual es, pero se puede intuir que es Francia. Los Verdugos También Mueren (Fritz Lang) narra unos hechos históricos reales, como los del asesinato en Checoslovaquia de Heydrich, sin embargo, al desconocerse por entonces que fue una operación perpetrada por soldados checos entrenados en Gran Bretaña, los protagonistas son en su totalidad miembros de la resistencia checa.

John Wayne

Y, por encima de todas ellas, dos películas: Ser o no Ser, una de las mejores comedias de la historia, dirigida por un maestro de este tipo de cine como fue Ernst Lubitsch -otro exiliado como Lang-. Un film centrado en la Polonia ocupada, y que contiene una frase sensacional para la historia del cine, cuando un oficial nazi le espeta al “magnífico” actor polaco Joseph Tura que había hecho “con Shakespeare, lo que nosotros le estamos haciendo a Polonia”.

Y no nos olvidemos de la oscarizada Casablanca. Es un romance, es un film de intriga que no llega a ser considerado Cine Negro a pesar de beber de él más que del bélico. Pero es un film sobre un miembro de la Resistencia Francesa, ocurre en Marruecos, y el ejército norteamericano no aparece por ahí. Una de las joyas de la historia del cine que bebió de la II Guerra Mundial.

 

Posguerra

En 1945 la guerra ya estaba más que encarrilada, pero Hollywood continuaría realizando obras tan reconocidas como Objetivo Birmania, donde hemos repasado una polémica frase, pero que fue un puro ejercicio de cine de aventuras a la vieja usanza, que a pesar de ser propagandístico ha sobrevivido realmente bien al paso de los años.

Ya con la guerra terminada se estrenarían dos films que se empezaron a fraguar antes de acabarse. John Ford, que había vuelto de rodar documentales haría su particular homenaje con No Eran Imprescindibles, con Robert Montgomery y John Wayne. Film que tenía en el tintero y que hubiera venido de perlas como cine patriótico un par de años antes, pero que la imposibilidad al estar enrolado para la causa de los documentales, le hizo posponer su rodaje hasta finalizar la guerra. Otro film clásico es Un Paseo Bajo el Sol del incombustible Lewis Milestone que fue todo un referente en el cine bélico.

Posiblemente el que está considerado el mejor film sobre la II Guerra Mundial de cuantos se rodaron en aquella época, ni es bélico ni pertenece a la contienda en sí, sino a la posguerra. En 1946, William Wyler, que ya había triunfado con La Señora Miniver y había realizado un buen puñado de documentales entre los que destacaba The Memphis Belle sobre la tripulación de un bombardero ante su última misión, estrenó Los Mejores Años de Nuestra Vida.

William Wyler

Ese título esconde, tras él, una historia dramática sobre lo que costaba volver de una guerra. Desde el que vuelve sin algunos miembros, como el que vuelve y no se adapta o no consigue trabajo. Marchar de casa a combatir por la liberación de Europa o combatir al gigante asiático y, al volver, no encontrarse cómodo en casa.

Algo que hoy en día es habitual ver tras clásicos como El Cazador o Nacido el 4 de Julio que narraban el retorno de héroes de la guerra de Vietnam, o en recientes films sobre la guerra de Irak y sus consecuencias. Pero por aquel entonces era muy raro hablar de este tipo de problemas. La guerra se terminaba y la gente la olvidaba, pero quienes habían estado en ella no.

Los Mejores Años de Nuestra Vida se hizo con 7 Premios de la Academia incluyendo el de film y director, repitiendo éxitos su director apenas cuatro años después. Pero es un film recordado, sobretodo en EEUU, sobre las consecuencias de la guerra. Cabe mencionar, al mismo tiempo, el documental que John Huston dedicó a la misma causa: Hágase la Luz en 1946, grabado en un hospital militar y que se trataba de una película documental que narraba los horrores traumáticos de la guerra contados por los propios protagonistas. Por desgracia, dicho film no vería la luz hasta 1980, debido a su alto contenido polémico para el Ejército, tal y como narra la obra de Netflix La Guerra de Hollywood.

La guerra había terminado, con victoria, y Hollywood se olvidó de la II Guerra Mundial por un tiempo, el tiempo que tardaría en crecer la tensión con los soviéticos. De ahí que entre 1946 y 1948 no se realizaran apenas films bélicos, hasta que en 1949 ya entrados en la guerra fría, reapareciera el cine patriótico y se volviera a aprovechar para revisar la II Guerra Mundial en films como Fuego en la Nieve, Almas en la Hoguera o Arenas Sangrientas que, visto como trataba al enemigo japonés, bien podría haber sido rodada en 1945. Y es que, a pesar de haber acabado la guerra, los japoneses seguían siendo mostrados para el público como gente incivilizada y despiadada. No sería hasta la década de los años 50 cuando se fuera cambiando poco a poco esa imagen esteorotipada.