Hace un tiempo recibimos la noticia de que Hercules Poirot sería el protagonista de una saga de películas, y ya podemos disfrutar de la primera: Asesinato en el Orient Express. Una película que se queda a medias y en el que los fans del personaje creado por Agatha Christie sentirán un regusto agridulce. Poirot da para más y sobretodo para hacer un producto mejor. Kenneth Branagh tiene trabajo por delante con su siguiente film sobre el detective belga. Aunque como presentación del personaje el film cumple de sobra, salimos del cine habiendo disfrutado con la historia de un gran libro y preguntándonos dónde puede mejorar la saga. Hay ganas de más.

Es fácil ser un amante de Hercules Poirot. El detective es un personaje carismático y enigmático a la vez, de apariencia impecable y con una habilidad innata para resolver cualquier caso que se le ponga por delante. Tuve la suerte de conocerlo en mi preadolescencia, temprano, pero desde el primer día me enganché a sus novelas como hoy los jóvenes se enganchan a los youtubers. Devorando una tras otra, releyéndolas, intentando comprender cómo resolvía los asesinatos. Diez Negritos, El Asesinato de Roger Ackroyd, Muerte en el Nilo o la propia Asesinato en el Orient Express eran jeroglíficos para él sencillos, complicados para mi. Poirot fue, seguramente, el que consiguió meter en mi y para siempre la adicción de la lectura.

Aún hoy encuentro el día en el que, teniendo más de 70 libros por leer en la biblioteca, rescato alguna de las novelas de Hercules Poirot. Quizá por eso fui al cine con unas enormes expectativas. Además Asesinato en el Orient Express es una de mis favoritas. Me evadí como pude de la cansina y maleducada pareja que, sentada tres filas atrás, no pararon de hablar en alto durante el metraje. Como si estuvieran en el salón de casa. Incluso ella decidió leer en alto el título de la película, supongo que por si hubiera ciegos en la sala o si alguien se había equivocado de sala y no supiera leer. Muy considerada.

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Me centré en disfrutar de la trama y en especial del Hercules Poirot que dibuja Kenneth Branagh. Pronto observé que estaba ante una película introductoria, donde la presentación del detective era tan importante o más que el caso a resolver. No es algo negativo en si, ya que las pretensiones son claras: hacer de Poirot un personaje de masas. Cada frase, cada mirada y cada movimiento tiene un sentido. Como cuando le vemos medir los huevos, en una muestra de la meticulosidad y perfección que le acompaña. Nada es casual para él.

Aunque la trama no sorprenda a muchos espectadores, se espera su final con ganas. Los problemas de este Asesinato en el Orient Express son otros. Empezando por un reparto en horas bajas. Agradecemos la muerte de un Johnny Depp cada día más histriónico y encasillado, cansino. Nos sobra una Penélope Cruz perdida. Judi Dench viaja con el piloto automático y Willem Dafoe se muestra irregular. Nos convencen Michelle Pfeiffer y especialmente el propio Kenneth Branagh, construyendo un Poirot con licencias pero creíble.

Otro de los problemas es el excesivo uso del CGI y los planos exteriores. Innecesarios y rozando el absurdo en una historia de detectives que vive de la trama y el ritmo pausado. Para mostrarnos la angustia y agobio de los personajes en el interior del tren hay diferentes maneras, sin necesidad de ver la nieve ni un tren parado. Acierta Branagh al utilizar los planos cenitales en determinadas escenas. Sin embargo el arranque de Asesinato en el Orient Express es demasiado lento, entre la presentación de Poirot y el resto de personajes, algo que alarga la película innecesariamente.

En resumen, Asesinato en el Orient Express es un largometraje con luces y sombras quizá demasiado marcadas. Lo más positivo en este análisis está en el hecho de que este film sea la introducción a una saga. Si Branagh -seguirá al frente de las próximas películas- consigue corregir los errores vistos en la primera entrega, estaremos ante una buena saga. En el caso de que no sea así, nos quedaremos con el carisma de Hercules Poirot y las buenas historias que creó Agatha Christie. No es poco.