Rencor, ira, amor, venganza, avaricia, ambición… Palabras con las que podemos vestir Animales sin Collar, el debut en la dirección de un solvente Jota Linares. Nada de thriller político, aunque guarde algo de parentesco y cercanía con el género. De hecho se viste de thriller para finalmente merodear entre este género y el drama, según le conviene a un guión que no se complica en ningún momento. Y contar con Natalia de Molina es tener un seguro de vida, un activo que sabes de antemano que subirá el nivel general de la película.

Jota Linares dibuja una película sencilla, pero sabe vestirla adecuadamente y darle una pátina de ambición, una muestra más del buen cine que vienen realizando los directores noveles españoles en los últimos años. Animales Sin Collar nos cuenta la historia de Nora (Natalia de Molina), la joven esposa de un político de nuevo cuño lleno de ambición que llega al poder en la Junta de Andalucía. Lo que él no sabe es el secreto que guarda Nora y que moverá la trama de una manera simple, sí, previsible, también, pero efectiva

Animales sin Collar consigue mantener la tensión narrativa durante los 96 minutos de cinta. Y gran parte del éxito ahí está en los trabajos de Natalia de Molina y de Ignacio Mateos. De ella poco podemos añadir que no se haya dicho ya. Parece que trabajo que hace, trabajo que borda. Aquí lleva el peso dramático con maestría y dejamos que sean sus ojos, rabia, emociones, los que nos guíen en el camino. Y su contrapunto, perfecto diremos, es ese Ignacio Mateos y el personaje de Víctor, necesario villano por momentos, pero que pronto se transforma en una cosa completamente diferente.

Animales Sin Collar

Un duelo actoral de nivel, con una fantástica escena en un descampado, perdidos fuera de la ciudad, como dos prófugos haciendo negocios fuera de la ley. Casi con aire de western. Otro que está a gran nivel es Mario Tardón en ese papel de abnegado político. Es su personaje el que le da el toque político necesario y adecuado a Animales sin Collar. Daniel Grao queda en un segundo plano con un personaje precisamente plano, que solo muestra su verdadera cara al final, cuando le muestra a su esposa que lo suyo es única y exclusivamente ambición política.

Esta primera película de Jota Linares como director nos deja pequeñas muestras de la sociedad política -y no política- que ayudan a redondear el film. Esa ambición desmedida del político de turno. Durante Animales sin Collar, y con la trama ya desatada, nos planteamos si podemos dejar a un lado cualquier cosa del pasado de una persona por el bien común. Lugares quizá demasiado vistos ya, pero que en este caso funcionan bien. No lo hace tanto el típico discursito de los viejos ricos de cortijo andaluz, y sus diferencias con la familia pobre que trabaja para ellos. También demasiado visto pero en este caso innecesario para el film.

El guion nos falla en momentos como ese y en el tramo final, demasiado sencillo y tópico todo. Pero la sensación global es la de sentir que Jota Linares ha construido un interesante debut. Además, ver a Natalia de Molina hacer su trabajo muy bien -una vez más- es algo que paga la entrada de cine.