Una gala de los Oscars no sería tal sin al menos una sorpresa. Pero esta vez se han pasado. La noche de los Oscars ha caído en picado con todo el equipo en una gala que trascurrió sin grandes sorpresas pero que tuvo un desenlace que se pasó de esperpéntico.

Warren Beatty y Faye Dunaway iban a dar el premio más importante de la noche y el que pasará a la historia como la mayor chapuza de todas las ediciones. A los presentadores del premio le habían dado otro sobre -el de Mejor Actriz que había ido a parar para Emma Stone por La La Land– y por lo tanto otorgaron el premio a la gran favorita, cuando realmente la ganadora terminaría siendo Moonlight.

Un golpe de efecto y un momento sin precedentes que pasará a la historia. Una gala que no tenía ni iba a tener ningún misterio se convertía así en una chapuza histórica que deja a los Oscars tocados. Pero no solo por ese fallo, que tuvo su arreglo por chapucero que fuese, sino por lo que rodea a unos premios donde ha quedado claro que la politización les hace daño.

Porque no voy a dudar de la calidad de Moonlight, ni voy a ensalzar a La La Land, un film que me puede dejar con la sensación de que tampoco era para tanto. Pero cuando crítica y público han respaldado la película, arrasando en la temporada de premios y siendo el film mejor valorado de los nominados en las diferentes webs, será por algo. Y vista la competencia, un premio al musical de Damien Chazelle era poco menos que una obligación, era pura justicia -aunque no sea mi film favorito del año-.

Sin embargo los Oscars, con ese viento que viene de la Casa Blanca, y esas cenizas que quedan del año pasado, han optado por atajar de forma casi fraudulenta e ir a acontracorriente. Porque a nadie se le puede escapar que Moonlight no hubiera tenido tanta repercusión si no fuera por los precedentes del año pasado, con el famoso #OscarsSoWhite donde no hubo nominaciones a films ni directores ni actores de raza negra; este detalle unido a la tensión existente con Donald Trump parecen haber no desequilibrado una balanza, sino haberla tirado al suelo. Se puede decir alto y claro: a La La Land le han robado, como pocas veces ha ocurrido en el cine. Y lo digo, repito, sin desmerecer a Moonlight, que es un buen film, pero que no aporta toda la frescura ni homenajea al cine como sí lo hace el film de Chazelle.

Compensación

Toda la gala fue por el camino casi esperado. Exceptuando que a La La Land ya le habían dado algunos toques cuando de las nueve o diez estatuillas que parecían seguras, se iba quedando sin algunos que parecían fijos. Al final se han tenido que conformar con 6, incluyendo el de Mejor Director o Actriz.

Pero el sabor de gran ganadora se lo ha quedado Moonlight, ganadora el premio gordo, aunque solo sume tres. Le añadieron el de Actor Secundario y Guión Adaptado, dos Oscars que tenían en el bolsillo. Señalar en este aspecto que los Oscars, acostumbrados a llevar de la mano los premios de Director y Film en cuatro de los últimos 5 años se ha desmarcado sobremanera premiando dos films diferentes.

Casey Affleck recogía el merecidísimo -por su papel, que no por sus escándalos- Oscar a Mejor Actor para que con el de Guión Original dejara a Manchester Frente al Mar en el lugar que le correspondía. Hasta el Último Hombre también subía al podio con dos premios, llevándose el de Mejor Sonido -primer Oscar tras 21 nominaciones para uno de sus artífices- y sorprendentemente el de Mejor Montaje, que parecía cantado para el musical de Chazelle, en un toque importante que había que tener en cuenta. La noche no estaba saliendo tan redonda.

Sorprendentemente el film de Mel Gibson no se llevó el de Montaje de Sonido, donde los films bélicos suelen triunfar, para que La Llegada no siguiera el camino de Marte de quedarse con el contador a cero tras tener un buen puñado de nominaciones. Del resto de la noche destacar que Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos se llevó el premio al Mejor Vestuario, cuando la lucha parecía cerrada a La La Land y Jackie.

Precedentes

Es difícil encontrar años donde se pueda hablar de atraco o cuanto menos de ¿en qué estábais pensando para premiar a esta película y no a la otra?. En este siglo los duelos equilibrados han predominado; duelos donde ganase un film u otro parecía dar igual, ya que ambos podían merecerselo tanto o tan poco. Únicamente el año de Crash se salió del guión contra Brokeback Mountain.

Pero cabe señalar que a día de hoy, mirado con el tiempo, las diferentes webs donde la gente vota dejan al film de Ang Lee con peor nota que la gran ganadora de la noche. Dejando únicamente a la crítica a cuadros, ya que fuera de la crítica quedó demostrado que el film con contenido social y político de historias cruzadas había gustado mucho a la gente, tanto en USA como fuera.

En la década de los noventa el caso más flagrante fue el de Shakespeare in Love ante Salvar al Soldado Ryan, la simpatía del primer film pudo con la crudeza del segundo, aunque a día de hoy siga sorprendiendo la decisión en el premio gordo. Obviamente hay años donde no gana la que la gente considera el mejor film del año, pero dudar de que Forrest Gump se mereciera el Oscar aunque la competencia fuera Pulp Fiction o Cadena Perpetua -excelente cosecha la del 94- o que Bailando con Lobos doblegase a Uno de los Nuestros son casos que si bien mucha gente pueda no entender, llegan a entrar dentro de cierta lógica y de gustos refinados.

Por desgracia, que un film parezca ganar influenciado por la polémica que hay alrededor, deja en entredicho que los Oscars premien “lo mejor del año”. Obviamente siempre se olvidan de films más pequeños. En los últimos años, precisamente los films más pequeños están dominando a las grandes superproducciones. Pero a veces hay unos límites, y cuando el premio se llama Mejor Película, no quiere decir Mejor Film Activista. Costará recuperar credibilidad.