Recuerdo la primera vez que escuché el nombre de Akira Kurosawa. Fue en la clásica anécdota familiar, donde mi padre una vez le dijo a mi madre que su director favorito era Akira Kurosawa. Mi madre, ignorando la existencia de dicha figura del cine, se lo tomó a cachondeo, pensando que se trataba de una ingeniosa invención. Tiempo después escuchó en las noticias que “Akira Kurosawa, maestro del cine japonés, había fallecido”. Era el 6 de septiembre de 1998.

Mi padre no se habría visto ni media película del director japonés. Simplemente lo conocería por las noticias, por el peso de su nombre, por su influencia en el mundo del cine, que no fue poca, precisamente. El director japonés hizo que Hollywood y Europa echaran la vista a lo que se hacía en Asia. Y apenas 10 años después de haber perdido por K.O. una guerra, el Imperio del Sol Naciente tenía a un director en boca de todos… y siendo capaz de hacer que otros directores pudieran aprovecharse de ello.

Akira Kurosawa ya realizaba películas en los años 40. Y le dio a todo tipo de cine, si bien fueron los samuráis los que mayor gloria le dieron. ¿Antes de esa época? El Perro Rabioso o Duelo Silencioso eran lo más destacado. Buenas películas, pero aún le faltaba algo para la gloria. Eso llegaría a partir de 1950 con Rashomon, una de esas películas que en toda clase sobre cine se tiene que diseccionar. Un leñador, un sacerdote budista y un peregrino debaten sobre un bandido acusado de matar a un hombre y violado a su mujer. La película nos cuenta en modo de flashback cuatro versiones de los hechos, a pesar de que no todos han sido testigos de los mismos. Todas las versiones difieren la una de la otra… ¿Cual será la verdadera? ¿Lo será alguna?

Los Siete Samuráis

Ahí se inició el flirteo con el cine de samuráis, con un drama que también servía para iniciar el mito de Toshiro Mifune como samurái por excelencia. Y aunque Akira Kurosawa tocó el drama con Vivir, una de sus películas más aplaudidas, o incluso llegaría a volver al cine de gángsters de sus inicios con Los Canallas Duermen en Paz o El Infierno del Odio, fueron sus películas ambientadas en el Japón Feudal las que más traspasarían fronteras.

En 1954 llegaría Los Siete Samuráis. Posiblemente su obra cumbre. Más de tres horas de cine -en japonés y en blanco y negro, como debe ser- donde siete asalariados samuráis -por no llamarlos otra cosa- ayudan a un pueblo a librarse del señor feudal que les oprime y se lleva su cosecha cada año. La película obtuvo un gran éxito y pocos años después John Sturges dirigiría un western con la misma historia, titulado Los Siete Magníficos.

En 1957 llega la que para un servidor es su película de Kurosawa favorita: Trono de Sangre. O lo que es lo mismo, Shakespeare mezclado con el espíritu del bosque japonés. Akira Kurosawa coge la historia de Macbeth y la lleva a la gran pantalla como nunca antes se haya visto, con Mifune nuevamente -era el Yul Bryner de los samuráis- en el papel principal siendo convencido por su mujer de ir cometiendo, una a una, las fechorías que harán que la profecía que le ha chivado un espíritu del bosque se vaya cumpliendo. Profecía que no siempre tiene porque ser buena.

Trono de Sangre

En 1958 llega La Fortaleza Escondida. ¿Que por qué merece la pena mencionarla? Nuestro samurái preferido tiene que escoltar a una princesa. Casi 2 décadas después un tal George Lucas cogió de inspiración esta base y se inventó un universo que hoy en día conocemos como Star Wars. Ese es el peso que tuvo, tiene, el cine de este hombre.

Y aun faltaba por estrenarse Yojimbo (El Mercenario), donde nuestro samurái llega a un pueblo donde dos bandas se disputan dicho pueblo y empieza a hacer de las suyas… un momento, un actor fetiche que siempre es el mismo, llegando a un pueblo del lejano Japón, donde dos bandas de forajidos/samuráis pelean por el pueblo… ese argumento me lo conozco. En efecto, es el de Por Un Puñado de Dólares, la primera de las tres películas de Sergio Leone que componen la famosa Trilogía del Dólar. Akira Kurosawa llegó a decir sobre la obra de Leone que era una buena película, pero que no era suya “sino mi película en clara referencia a que era un remake descarado de Yojimbo.

¿Y a partir de ahí? Kurosawa siguió teniendo un gran puñado de películas, flirteó con el suicidio, y llegó a aceptar por un momento participar en una película americana. Tora Tora Tora es una notable película bélica sobretodo gracias a la parte japonesa. Inicialmente Akira Kurosawa estaba al frente de la dirección japonesa… pero su salud y discrepancias con los productores -se habla de que le prometieron cosas que no se cumplieron, como que David Lean se encargaría de dirigir la parte americana- hicieron que se borrase del proyecto.

Akira Kurosawa

Tras el amago de suicidio y la pérdida de papeles varios, Akira Kurosawa llegó a estar sin un duro y habiendo perdido el norte. Tuvieron que ser grandes productores/directores estadounidenses, con Francis Ford Coppola y Martin Scorsese a la cabeza, quienes produjeran los siguientes proyectos del director tras haber dirigido Dersu Uzala, una de sus obras maestras; Las Notables Ran y Kagemusha: La Sombra del Guerrero pertenecen a esta época, antes de que en un retiro dorado dirigiera dramas más íntimos y personales donde toca destacar Los Sueños de Akira Kurosawa o Rapsodia de Agosto.

En 1998 fallecía, si bien no dirigía una película desde 1991, a los 88 años de edad, el director que abrió las puertas del cine japonés y asiático a todo el mundo. El destino ha querido que este mismo año, hace apenas poco más de un mes, desapareciera Shinobu Hashimoto, guionista de, entre otras, Los Siete Samuráis.